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Aun bajo la retrolución totalitaria del clan Castro

Lawton, La Habana, Juan González, (PD) El difunto ex dictador Fidel Castro añadió una variante política nueva al totalitarismo contemporáneo: ¡creó la retrolución!

Entonces, centrémonos en esta y en los eximios encargados de sostenerla. Hablemos sobre los retrolucionarios y sus leales servidores, los reptilucionarios.

El pueblo cubano de a pie no está contento y muchísimo menos cree en milagros. Ha perdido hace mucho tiempo la confianza en que por acá, algo cambie para bien. Esto incluye hasta no confiar en el esfuerzo propio. En términos políticos, tampoco cree en esfuerzo alguno. En estos términos, lo único que conoce en la práctica, y muy bien, es aplaudir y llegado el momento oportuno, brincar Malecón afuera.

Llegamos a 2017 con las pilas y todo lo demás descargado. Como ya se hizo costumbre, manda otro presidente que nunca elegimos y que hasta general se dice que es. Entonces, continúa el arrastre. Aquí hasta los cambios siguen la ruta heroica trazada. Esta va de malo hacia peor. Los encargados de que todo siga igual, es decir mal, aunque hayan mantenido sus conquistas -las cosas se mantienen mal-, no han logrado impedir que se avance en el único sentido posible. Entonces, todo fue mal, todo va mal y continuará peor.

En Cuba, la política apenas interesa a unos pocos. Los retrolucionarios no convocan entusiasmo alrededor suyo ni mucho menos apoyo real. Son obedecidos a regañadientes por el pueblo y para determinadas cuestiones, solo les queda apoyarse en los reptilucionarios. Ellos, los retrolucionarios, disfrutan la reptolución y no quieren que nada cambie, se aferran al bienestar alcanzado, no están en disposición de compartir y mucho menos renunciar a la gloria en que viven. No lo harían por algo tan baladí como poner fin al purgatorio que comparte el resto, que por cierto, no les importa, nunca les ha importado y nunca les importará.

Los reptilucionarios, aunque sufren la retrolución, viven contentos en su purgatorio compartido. Aspiran a convertirse en retrolucionarios, mudarse en algún momento a Nuevo Vedado o Miramar y así, alcanzar algo de la gloria en que viven los retrolucionarios, solo que esta no alcanza para todos y hasta entre ellos, se impone como única solución, saltar Malecón afuera, ¡qué se va hacer!

Cuando se trata de golpear mujeres u hombres desarmados, los retrolucionarios convocan a los reptilucionarios y estos se arrastran para cumplir con las orientaciones. Así funciona. En cada reptilucionario se esconde el sagrado anhelo de evolucionar y convertirse por derecho y -por qué no, por méritos- en retrolucionario.

Los órganos encargados del copro-servicio, integrados por heroicos reptilucionarios, marchan secretos, motorizados y convenientemente entrenados a la atención y el cuidado del cultivo y la atención de las parcelas de miedo sembradas desde 1959 y que hoy día superan al bien cotizado marabú en profundidad y extensión.

Hoy se preparan para librar la histórica batalla que salvará a la retrolución y sus conquistas. Se trata de la batalla contra las mujeres. Esta se decidirá en 2017. Los chalecos y máscaras protectoras anti gladiolos, ya están listas. Las peligrosas Damas de Blanco, que amenazan a los retrolucionarios en el disfrute de sus conquistas y a los reptilucionarios en la aspiración legítima por disfrutarlas algún día, serán derrotadas o al menos, es el propósito que les mueve.

Tenerse firmes en la gloria en que han vivido y que aspiran a seguir viviendo, se hace imprescindible. Para ello, el resto debe permanecer callado, de acuerdo y ocupado en procurarse lo que comerá o no cada día.

Aunque la Sra. Contralora General de la República, Gladys Bejerano Portela, afirme que la falta de auditorías ha provocado severas pérdidas, en realidad se trata de permitir a los retrolucionarios cobrar por la izquierda impuestos aduanales y otras gabelas incluidas en la legalidad retrolucionaria, colocar cuentas en paraísos fiscales y permitirles el disfrute de lo que se han ganado.

Aunque en su momento la retrolución prohibió la venta de ropas, calzado y otros renglones a excluibles del bienestar, léase cubanos de a pie, pero no retrolucionarios o reptilucionarios, se trató de que se comprendiera en aquellos momentos la diferencia entre cuentapropistas y castro-propistas.
j.gonzalez.febles@gmail.com; Juan González
Foto: Steve Maikel Pardo

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