Cultura, Literatura

Aventuras del Ciberbandido (XVII)

En un par de horas llegaron a Cayo Hueso. Amanecía.

Esta vez el bote no dejó a nadie en ninguna lejana parte de difícil acceso. Tampoco alertaron a ninguno de los ilegales para que buscara el primer policía y reportaran su estatus para ser llevados a un centro de detención y procesamiento para cubanos secos, a quienes era posible aplicarle la Ley de Ajuste Cubano. Esta vez, extrañamente, los propios guardacostas americanos maniobraron para atracar la lancha a un muelle plástico y hasta los ayudaron a desembarcar.

Allí estaba Bruno entre un grupo de civiles con aspecto militar.“Es ese.” Señaló a Juan Pérez y de inmediato los agentes se le acercaron para esposarle. Le subieron a un enorme van negro y desaparecieron.

Los demás abordaron tranquilamente un ómnibus escolar amarillo que los llevaría a un centro de procesamiento para emigrantes cubanos. De allí saldrían en menos de 72 horas con una identidad norteamericana y en busca de los familiares y cualquier trabajo, el primer trabajo en serio en largos años.

¡Pobre diablo que se habían llevado preso!

Dentro del van negro ya en movimiento le retiraron las esposas al Ciberbandido y uno de los hombres, aparentemente el Jefe del Comando de Hermanos al Rescate, ledijo mientras extendía la mano a manera de saludo: “¡Con que el Ciberbandido! ¿Verdad”

Juan Pérez asintió con la cabeza sonriente. James Bond se le salía por los poros.

Todos los del grupo le saludaron. Eran cubanos como él.

El jefe continuó hablando: -No sabes cuánto gusto nos da saludarte y poder ayudarte. De veras.

Parecía sincero, aunque Juan Pérez pensó que exageraba un poco.

-Estamos aquí con un plan completo para ayudar a tu movimiento de resistencia dentro de Cuba, y para que tú puedas recibir el premio europeo que está a punto de entregarse. El gobierno cubano se va a sorprender mucho cuando te vean allí. Se van a morir de la rabia. Llevan semanas protestando diplomáticamente por el según ellos desatino de haberte otorgado el premio. Parece que creen firmemente que no te vas a aparecer allá a recoger el dinero presentándote físicamente como lo vas a hacer. Aquí tienes una identificación provisional americana con un nombre supuesto y estos son los boletos aéreos.

El Jefe le entregó los documentos.
-Te acompañará una escolta permanente de nuestros mejores hombres por si acaso algún imprevisto hasta cuando estés de vuelta aquí en La Florida. No tienes que preocuparte por Bruno. Ya tiene un buen empleo y laborará también en coordinación con nosotros.¡Gracias, hermano!
El hombre le dio un abrazo fuerte. Juan Pérez no decía nada un poco sobrecogido con la velocidad de los sucesos.

Lo dejaron en un enorme hotel en el centro de la ciudad. Le habían reservado una habitación en lo más alto del edificio. Toda la empleomanía hablaba español.

Al otro día al mediodía salía en un avión de la aerolínea KLM hacia Europa. El premio del Parlamento Europeo sería entregado pasado mañana en Viena por una comisión de dignatarios de la institución que lo otorgaba.

Dos días más tarde vestía otro traje, aunque esta vez no lo perseguía ningún policía, ni cubano, ni austriaco. Algunos funcionarios fueron a saludarlo personalmente en el cuarto del teatro donde se efectuaba la ceremonia aunque no se excluía a la prensa, la cual trataría de identificar al buscado Ciberbandido para tratar de dar un palo periodístico, y otro en la cabeza de Pérez.

En la ceremonia, Juan Pérez parecía más alto con su traje Armani alquilado y sus zapatos de suela gruesa. O tal vez ayudara a esto la capucha estilo terrorista que aportaba unos centímetros más. El asunto es que se veía elegante. Juan Pérez, el James Bond de la Habana y ahora en Viena, cuando recibía como el ya famoso Ciberbandido, un cheque contra uno de los bancos suizos por un millón de euros sin impuestos, usaba una capucha de seda negra que hacía juego con la corbata.

Primera vez que se premia a un bandido, incluso encapuchado, con tanto dinero y la mayoría del planeta contento.

Es el turno de la República Checa como Presidenta del Parlamento Europeo. Inundaban el salón una gran cantidad de cámaras de televisión. Los flashes de los demás aparatos fotográficos saltan constantemente provocándole entrecerrar los ojos un poco.

James Bond, alias Juan Pérez o el Ciberbandido, disfrutaba estar en la cima de la gloria aunque nadie podía ver su rostro al menos por ahora. Como ya se había anunciado, tampoco podía ofrecer conferencias de prensa por la posibilidad de ser identificado. Se burlaba del gobierno cubano y a Cuba tendría que volver.

Al otro día, su foto, encapuchado, con el gran cheque en una mano y el diploma en la otra, salía en las primeras planas de casi todos los diarios del planeta, por fortuna sin ningún desastre natural o artificial que coartara la potencia de impacto de su historia ya extensa en La Habana.

Leía los diarios divertido mientras viajaba de regreso a Norteamérica. Cada cual agregaba un poco de algo nuevo o de algún aspecto no pensado por otros periodistas, pero siempre originales. Muy pocos le atacaban. Es una celebridad que nadie o casi nadie conoce.

Viaja rodeado de sus escoltas también de incógnitos. Había dejado el dinero con su real nombre en una cuenta numerada y secreta en uno de los bancos suizos, los cuales generalmente hacen pocas preguntas cuando todo está bien.

De vuelta en los Estados Unidos, Wolf Blitzer lo entrevistó, esta vez utilizando por segunda vez en la historia la holografía, como ya lo habían hecho el día 5 de noviembre del 2008, cuando dentro de uno de los estudios en Atlanta apareció tridimensional como formada de la nada una periodista que estaba realmente a cientos de millas de distancia.

El Ciberbandido no se había movido de la Florida y aparecía completo en 3 D de cuello y corbata, en su mejor forma, frente al periodista de la CNN, quien lo entrevistaba en inglés para el The Situation Room y todo el planeta.

El Ciberbandido no vestía capucha esta vez, pero tampoco tenía rostro apreciable en la imagen holográfica que se generaba dentro del estudio. James Bond dominada cuatro idiomas, de entre ellos, el inglés el mejor.

Una semana más tarde regresaba a Cuba a bordo de otra lancha de contrabandistas de seres humanos, la cual lo iba a dejar cuidadosamente en la playa de Jaimanitas, al noroeste de La Habana, para después irse a buscar el contrabando humano ya cerca del Mariel. Esta vez no había tenido que preocuparse por el pago de retorno, abonado con creces por otra organización amiga.

Juan Pérez trae en su cartera diez o veinte pesos convertibles como máximo y algunos regulares para la guagua. Ni un dólar, ni un euro. Su ropa es la misma con la cual se fue.
Se sentó en uno de los asientos traseros de la ruta 9 con la mayor naturalidad del mundo. No llamó la atención a nadie. Era la hora de los primeros pasajeros al trabajo.

¿Y el dinero? Lo iría sacando poco a poco a través de una tarjeta Caribean Transfer que le adjudicaría un supuesto familiar en Europa (Bruno), quien obtendría el dinero del banco suizo en pagos autorizados por Juan Pérez con una simple llamada telefónica. Cero preguntas y todo legal.

James Bond había dejado organizado un muy buen plan en Miami para hacer más efectiva esta guerra contra la Dictadura de los Castro, la cual ya va durando demasiado hasta para ellos mismos.

Hoy a primera hora anunciará su regreso y subirá a Intranet toda la ceremonia europea y la inevitable entrevista holográfica norteamericana.
(Continuará).
eduardom57@nauta.cu; Eduardo Martínez Rodríguez, E-Maro

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