Cultura, Literatura

Aventuras del Ciberbandido XX

-¡Mariela, Mariela, ven acá! ¡Mira esto!

La bonita secretaria de nalgas anchas se mueve nerviosamente sobre el asiento plástico giratorio. Observa asustada la pantalla plana de su ordenador en una de las oficinas del Consejo de Estado.

-¡Oh! -Fue la sola expresión de Mariela cuando vio.

Margarita y Mariela se echaron repentinamente hacia atrás. Margarita levantó ambas manos mientras lanzaba un gritico nervioso.

El custodio en la pequeña recepción anexa se levantó de su mesa y fue corriendo hacia las dos muchachas.

Las pantallas de los dos ordenadores se habían puesto totalmente azul con un letrero negro grande en medio el cual tomaba todo el ancho del cristal. Decía: LIBERTAD 5. Abajo en la esquina inferior derecha había una firma pequeña: Ciberbandido 2009. Se leía con dificultad.

En todo el edificio comenzó a levantarse un murmullo creciente como si un terremoto estuviese llegando. La inmensa mayoría de las mujeres que laboran allí comienzan a salir de sus oficinas. En todos los displays se ve la misma pantalla azul en silencio total.

El Jefe de la Seguridad Interior del Palacio de la Revolución se puso de pie de un salto en su oficina. Dio una orden furiosa: -¡Desconecten las cajas matrices de las conexiones inalámbricas! ¡Rápido! ¡Rápido!

Ladró a través del teléfono a los técnicos, pero ya era demasiado tarde. El virus político Libertad 5 ya estaba encriptado en cada fichero de cada máquina y esta vez no solo se encargaba de destruir las informaciones, sino que ordenaba y producía un incremento violento del voltaje dentro de la fuente, la cual comenzaba a derretirse por el intenso calor que provocaba, terminando en incendio. Algunas comenzaron a estallar y a desprender llamas abiertas.

Sobre el buró del jefe estalló la PC y el teniente coronel tuvo que apartarse rápido por el calor generado por las llamas. Extrajo su celular y marcó el 105. Los bomberos acudirían de inmediato. Después llamó a la Empresa Eléctrica. Su voz sonaba angustiada: -Por favor. Corten todo el suministro eléctrico al edificio en las tres fuentes hasta nuevo aviso. Que sea rápido. Hay un incendio aquí.

Salió al pasillo del piso. Continuaban saliendo todas las secretarias y funcionarios del lugar a todo correr, según un plan contra incendios establecido y practicado en varias oportunidades.

Ya no debía quedar una máquina sana, pensaba el alto oficial de la Seguridad del Estado. Por suerte, a esta hora de la mañana aún no había llegado a sus oficinas ningún alto dirigente.

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Dos días después, Mariela, la secretaria del segundo piso del Consejo de Estado está al habla con una de sus amigas de Relaciones Exteriores.

-Chica, ¿no tendrás por tu casa aún aquella máquina de escribir eléctrica Olivetti?

-¡Ay Mariela!, sí, ya escuché lo que pasó. Dicen que les entró un virus que destruyó todas las computadoras recién instaladas.”

-Así mismo es. Por suerte los archivos habían sido salvados solo segundos antes y colocados en discos duros extraíbles que se llevan las gentes de Trasval para algún lugar seguro. Ya tenemos la amarga experiencia de la destrucción del DNI y la pérdida de todos sus archivos. Tardarán años en reconstruirlos.

-¿Tú crees?

-¡Ay, María, vieja! ¡Tú no sabes cómo está esto de malo! Ahora Chomi, el jefe, no quiere ver una computadora ni a un kilómetro de distancia. Dice que aquí todo el mundo tiene que volver a las máquinas de escribir.

-Bueno Mariela, yo no sé cómo se las van a arreglar, pues la mía tenía ya los cartuchos con las cintas bastante gastados y creo que ya ni se fabrican.

-Bueno, tú no te preocupes, yo voy a mandar al chofer a buscarla. ¿OK?

-Sí, mi amiga y ojalá te sirva de algo.”
eduardom57@nauta.cu; Eduardo Maro
(Continuará)

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