Cultura, Literatura

Aventuras del Cíberbandido XXI

Tocan a la puerta del apartamento y Juan Pérez contesta:-¡Va!

¿Quién podrá ser a esta hora de la mañana? Todos los ciberorates disponibles están trabajando, piensa Juan mientras camina hasta la puerta. Podría incluso ser la policía. No, no van a tocar a la puerta. Ha cerrado a sus espaldas el compartimiento electrónico.

Cuando mira por el huequito de la mirilla, es Bruno. ¡Coño, Bruno! ¿Qué carajo hace este hombre aquí ahora?

Juan abre la puerta y abraza al amigo. Hace meses no se ven. No obstante la alegría, la pregunta se mantiene en los ojos de Juan.
-¿Qué carajo haces aquí?

Bruno esperaba esta reacción y la entiende. Levanta la mano derecha donde sostiene un portafolio de piel negra.

-¿A que no sabes qué traigo aquí? -Le dice y a James Bond se le ilumina el rostro y le abre paso a la sala.

-Pasa, compadre, pasa. Vamos a tomarnos un cafecito mientras conversamos.”

Bruno penetra seguido por Juan y trata de aparentar tranquilidad. La sala está aislada del resto de las habitaciones por una pared plástica corrediza y una puerta del mismo material. No se escucha ninguna voz. Ningún ruido a través. Cada cuarto tiene una puerta de acero y poli-espuma anti-ruidos.

En los bajos uno de los ciberorates ha instalado una webcam para poder observar y reconocer a los recién llegados. Juan observa a Bruno que obviamente no apretó el botón. Le pregunta: -¿Cómo lograste burlar la protección de la entrada?

Bruno contesta con una sonrisa enigmática:-Tengo mis recursos. No puedo estar diciendo mi nombre allá abajo. Recuerda que para mi país ya no existo desde que me fui. Tienes buena seguridad. Estuve ayer todo el día tratando de descubrir alguna señal de vigilancia sobre tu departamento y no descubrí nada.

Bruno levanta el dedo gordo de la mano derecha hacia arriba imitando la antigua señal romana de todo está bien.

Bruno se sienta mientras Juan va al bar para preparar el café donde siempre está lista la pequeña máquina italiana. En solo unos segundos Juan retorna con las dos tazas humeantes y unos paquetitos de azúcar del ejército marca Gaviota.

-Bruno, tienes que explicarme algunas cosas. En primer lugar, cómo entraste al país, pues tú eres un emigrante de los malos, un traidor, según el gobierno, quien ha perdido su ciudadanía.
Bruno sonríe. No responde pero lanza sobre la mesa un pasaporte mexicano. Juan lo toma.

-Mira que uno se entera de nuevas cosas cada día. Así que ahora naciste en Guajaca y te llamas…

Bruno extiende la mano para que Juan no mencione el nombre. Las paredes tienen oídos, pero ríe tanto que casi no se puede tomar el café.

-Tlatelolco es una de las antiguas ciudades de los Mayas, ¿no?

Ahora Bruno se ríe a carcajadas: -Vamos a ver el artefacto que me trae y que me ha hecho arriesgar tanto como para volver a ver a un buen amigo en la boca del lobo.

Bruno empuja las tacitas y el cenicero por sobre la mesita redonda para colocar sobre ella el portafolio negro. Lo abre haciendo saltar el cierre de combinación.

El portafolio en su interior aparece acolchado y grueso. Adentro hay una laptop negra y un poco gruesa, muy parecida a una hp Omnibook XEs P3.

Al Ciberbandido se le engurruña el rostro.

-Yo no creo que tú te hayas arriesgado tanto para traerme una máquina con una década de atraso. Con eso juegan los niños en Cuba a pesar de nuestro atraso tecnológico crónico.

Con una sonrisa condescendiente, Bruno abre la tapa. La pantalla parece normal, pero Juan ve inmediatamente que el teclado ha perdido todas las teclas adicionales. Solo están las clásicas. No hay mouse térmico debajo ni el clásico regular externo. A James Bond se le alumbra el rostro. Esta cosa es rara. Piensa.

Bruno habla: -Esta Hewelet Pakard es de última generación. Es una computadora cuántica.

Juan levanta los ojos del equipo hacia los de Bruno. Había escuchado hablar de esta tecnología cibernéticaque sustituiría la digital y estaba basada en la original teoría que Einstein había creado a principios del siglo XX.Se estructura alrededor de los cuantos que forman la luz, pero según también había leído, esta tecnología aún no estaba lista. Un siglo después aún los científicos no dejan de asombrarse y preguntarse cómo el alemán llegó a tanto con tan abrumadora precocidad.

Ahora Bruno estaba delante de él mostrándole una computadora que ya resumía más de un siglo de estudios y ensayos.

Juan se acerca y comienza a entender de inmediato.

-¿De dónde sacaste esto?”Pegunta dudoso.

Bruno continúa sonriendo. Parece leer los pensamientos de Juan: -No creas todo lo que dicen. La tecnología militar es la que siempre va empujando los límites. Genéticamente somos mejores para destruir que para crear felicidad. Pero mira esto…

Bruno toca la pantalla, que se ilumina automáticamente. No hay botón de encendido-apagado. Se ve la característica pantalla azul y se aprecia vivamente en rojo el cartel Windows 8. Lo último en Silicón Valley.

James Bond se asombra. -Pero este sistema operativo aún no ha salido y se creó para pantallas táctiles solamente.”

-Exacto. Pero cuando toques la pantalla ya no podrás hablar casualmente. Garantiza de que no vaya a entrar nadie a la sala y después respondes las preguntas que te va a hacer la máquina. Ella te estará identificando por la modulación de tu voz. Te estará además reconociendo con sus ojos que son sencillamente varias webcam de nuevo tipo dispuestas detrás del cristal. Le dejamos el teclado para que no fuera tan fuerte el golpe tecnológico pero es totalmente innecesario. Cuando la máquina te identifique, solo responderá a tu voz, tu aspecto, la temperatura de tus manos y huellas dactilares. No hay equivocaciones. Cuando toques la pantalla tendrás que responder con claridad. Yo estaré callado, así que no me preguntes nada. Solo responde. Este ordenador es cien veces más rápido que lo más veloz que hay en estos momentos en el mercado. Es una de las primeras de su generación. No te asombres, pues apenas comenzamos por este camino y ya están laborando en la próxima generación de ordenadores por ADN y eso es como emular con el cerebro humano. Pero dale, toca el letrero de Windows 8 con toda la palma de la mano.

A Juan Pérez se le agrandaron los ojos. James Bond estaba radiante. El Ciberbandido tranquilo. Colocó la palma de la mano derecha presionando ligeramente sobre el cristal. De inmediato apareció el rostro de una mujer bellísima. La muchacha habló con una voz regular, pausada y dulce: “Yo soy Lucy. La Hewelet-Pakard de última generación. Sus huellas dactilares y temperatura corporal ya han sido archivadas. El señor es bienvenido como dueño de esta máquina, dueño mío.”

-¿Y cómo sabe ella que soy un señor y no una señora?

Bruno se encogió de hombros y le hizo una señal para que se callara y solo respondiera a las preguntas de la máquina.

-También tenemos identificación visual, pero eso no es ninguna novedad desde hace mucho. Si el señor no se molesta, le haré algunas preguntas personales para completar mi archivo. No sea tímido y responda con exactitud, pues esos serán mis datos identificadores. Su voz ya está siendo registrada. No permita que nadie hable en la habitación cuando usted lo haga. Recuerde, yo seré su genio complaciente y solo para usted si sigue los requerimientos.

James Bond observó a Bruno maravillado. Ahora sí tenía un juguete interesante en sus manos.

Bruno no podía dejar de sonreír, reclinado hacia atrás sobre la cómoda butaca y los brazos cruzados sobre el pecho.
Lucy les hizo volver los ojos hacia la pantalla. La muchacha cibernética sonreía captando la psicología de los seres humanos tan solo por su expresión, gestos, posturas y tonos de voz.

-Dígame su nombre y apellidos -Pidió.

Juan comenzó a obedecer. No salía de su asombro.
(Continuará)
eduardom57@nauta.cu; Eduardo Maro

Deje un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*