Cultura, Literatura

Aventuras del Ciberbandido XXI

Al Consejo de Estado, las oficinas del Partido Comunista y las del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, comenzaron al otro día a llegar camiones con nuevas toneladas de papel largo y corto delgado para copias que les había sido difícil de encontrar. Se logró descubrir un almacén donde aún había existencias de cajas de papel carbón, aunque un poco deterioradas por la humedad.

Volvió a sentirse el tecleo constante y el martillar de las letras sobre el papel en el rodillo. Regresaron las órdenes antiguas de un borrador en original y dos copias a dos espacios sobre un papel de siete y media por trece. Los mensajeros volvieron a correr por los pasillos con los sobres lacrados en sus bolsas de cuero. Volvió a funcionar el departamento de cifrados para los mensajes al exterior.

Así funcionó a la perfección una semana, pero pronto comenzó a notarse el atraso. Haría falta el triple de personal muy entrenado para mantener al país actualizado al estilo antiguo, como antes de la llegada de la cibernética. El Gobierno comenzó a desfasarse con relación al resto del país y al mundo.

Después de este último ataque, el Ciberbandido se mantenía silencioso.

Pasaron semanas hasta que -gracias a Dios- el Presidente ordenó una compra masiva de las máquinas más avanzadas y se decidió instalar una red superpotente de 5.7 GHz para todo el país, aunque para esto hubo que cancelar previamente todas las otras operaciones inversionistas, muy en especial y muy en contra de la voluntad de Fidel, las operaciones Milagro y las de propagandas de nuevo tipo.

Un destino especial tuvieron varios de estos millones de dólares para la adquisición de un laboratorio para tratar de descubrir y detener al Ciberbandido, pero éste ya estaba enterado de antemano de la compra, de las intenciones del Gobierno y planeaba un golpe con destino final.

Por lo pronto, el ataque con el virus polimórfico político Libertad 5 habían logrado enlentecer y asustar aún más al Gobierno, así como hacer sentir a las secretarias y a todo el cuerpo burocrático del Gobierno qué se sentía cuando había que dejar el Lada y montarse en un carretón de caballos, ensuciarse la ropa y las manos al montarse en un camión cañero o de ganado para trasladarse de un pueblo a otro, o cuando ya no había otro remedio que bajarse del tractor para arar con la yunta de bueyes ante la falta de combustibles, neumáticos, baterías o piezas de repuesto.

En la vida si no se sienten los procesos de primera mano y en carne propia, generalmente no se aprecia la magnitud del sacrificio de los que están abajo. Se comienza así a comprender entonces el valor del ser humano que en realidad soporta toda la superestructura política, parásitos improductivos quienes han perdido la perspectiva de quién está para servir y para qué fueron puestos allá en las alturas intocables por quienes deben ser servidos.
eduardom57@gmail.com; Eduardo Maro

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