Cultura

Buenas tardes Juventud, un programa radial inolvidable

Plaza, La Habana. Jorge Luis González, (PD) Todos los días, en la tarde, me acomodaba en el sillón de la sala y sintonizaba la desaparecida emisora local Radio Marianao. Esta se ubicaba en un pequeño edificio en la calle 124 del municipio que daba nombre a la estación radial.

Frente al vetusto aparato de radio marca Emerson, con caja de madera y tecnología de válvulas, esperaba la hora de salida al aire, de mi programa preferido por aquellos tiempos: Buenas Tardes, Juventud. Era un espacio de música juvenil, que conducía y dirigía un gran locutor, llamado Monteagudo Arozena.

La característica primordial que tuvo este programa, fue dar a conocer a cantantes y números musicales extranjeros, de principio de los años 60, los cuales no se escuchaban en las demás emisoras. Personas que tenían la posibilidad de recibir discos del exterior, los llevaban al programa para que fueran trasmitidos para todos los jóvenes, a través del éter.

Los grupos y solistas cubanos, marginados en esa época por cantar la “diversionista” música rock, también tuvieron las puertas abiertas en este lugar. Ellos entregaban sus artesanales grabaciones en cintas a la emisora, para que se reprodujeran en las máquinas profesionales Ampex, que mejoraban su calidad.

Entre los cantantes y grupos apartados de los medios oficiales se encontraron Los Astros de Raúl Gómez, Jorge Bauer y Ricky Orlando. Es bueno destacar que las grabaciones que ellos con gran esfuerzo realizaron, se perdieron. Hubo otros como Dany Puga, que con el tiempo tuvieron una ligera aceptación y modesta divulgación oficial.

Recuerdo aun, como a través de este programa radial, escuché las novedades del cantante mexicano Manolo Muñoz. Así oí Speedy González, Wah Watusi y Lulú, esta última de la autoría del reconocido compositor Bobby Capó.

Aquí también se presentó a otro cantante mexicano de la música moderna llamado Cesar Costa. Este intérprete nunca más tuvo audición oficial en Cuba. Su repertorio, igual que muchos otros cantantes, eran versiones del hit parade norteamericano, que alcanzaron buenos lugares en la lista de la Billboard.

Dentro de esos números estaban Mi Pueblito, (My Hometown, de Paul Anka), Mi Muchacha, canción interpretada por Ray Charles y otros éxitos que mi memoria hoy no evoca.

Una gran osadía de este locutor, defensor de la música juvenil, fue radiar grabaciones del cantante Luis Bravo, denominado entonces como El Chamaquito, y que se fue por esa época.

Hubo dos canciones que llegué a escuchar de este artista, sin saber que eran grandes éxitos en los Estados Unidos: El turista y Susie Darling.

Monteagudo se atrevió además, a poner algunos de los discos prohibidos rescatados de Radio Kramer con interpretaciones en inglés. Entre otros números musicales estuvieron las canciones de Steve Lawrence, Pretty Blue Eyes, que Dany Puga versionó como Muñequita, y Footsteps, que Ricky Orlando tituló Vuelve.

Llegó un día en que todos estos programas de la radio, de corte juvenil, fueron censurados. Ese fatídico instante se justificó ante los radioescuchas con charlas y explicaciones de funcionarios del gobierno que dijeron que esas melodías no se podían escuchar más, porque eran “la música del enemigo”.

Tanto Monteagudo como muchos jóvenes oyentes protestaron contra esta arbitrariedad, pero la decisión tomada por las altas esferas, no tenía marcha atrás. En el totalitarismo, las cosas se imponen, no se discuten y se acatan sin ninguna réplica. Así que aquellas canciones se fueron a bolina y se sustituyeron por la llamada “música ligera” de los países del campo socialista.

Hoy, lo que fuera Radio Marianao es una casa de vivienda de dos plantas. Su programación pasó para Radio Cadena Habana, ubicada entonces en 51 y 130. Esta planta, que aún existe, trasmitió para las localidades de las actuales provincias Mayabeque y Artemisa un contenido informativo politizado.

Me pregunto dónde estará ahora Monteagudo Arozena. Nunca más he vuelto a escuchar su voz, pero en el lugar en que se encuentre, que sepa que guardo de él en mi memoria, una grata evocación.

Desde esta humilde crónica, te doy las gracias, Monteagudo, por aquellos agradables momentos que nos hiciste pasar con “Buenas Tardes, Juventud”.
jorgelibrero2012@gmail.com ; Jorge Luis González.

Deje un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*