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Castro-fascismo en mutación afirmativa

Lawton, La Habana, Juan González, (PD) El castro-fascismo no es de izquierda ni de derecha, ni capitalista ni comunista. En la práctica, más que una idea original, sería la fusión sincrética de varias ideas políticas, ambiciones, proyectos y discursos, aglutinadas siempre bajo un nacionalismo unitario y un autoritarismo centralista. Uno que proclamaría su adherencia a una nueva izquierda o un socialismo habilitado para el siglo XXI, portador de todas las referencias totalitarias ya descritas y conocidas.

El proyecto político del castro-fascismo ha sido y es, instaurar un corporativismo estatal totalitario y una economía dirigida. En su base intelectual se plantea la sumisión de la razón de todos a la voluntad y la acción del estado. Así, logra articularse a partir de la aplicación de un nacionalismo sazonado con componentes victimistas o revanchistas. Esto conduce a la violencia dirigida de marginales adoctrinados por los oligopolios corporativos de seguridad del régimen contra todos los que el Estado defina como enemigos. Esto se hará vertebrado de forma armónica con un eficaz aparato de propaganda dirigido por el partido único. Se arribará de esta forma a un engendro político que afirme la negación absoluta de aceptar algo diferente a lo que dicte el estado o la “revolución”.

Se presentará como una vía opuesta radicalmente a la democracia liberal, tanto como a las ideologías de la socialdemocracia, que aceptan el estado de derecho democrático, aunque el número de las ideologías contra las que se afirme, siempre será mucho más amplio.

Como base teórica, usarán al llamado marxismo-leninismo, término creado por José Stalin y designado en su momento para describir la ideología de la extinta Unión Soviética y de todos los partidos fieles a esta, a Stalin y a sus sucesores. El concepto se ha utilizado para denominar la interpretación de Stalin sobre el leninismo y la forma en que lo aplicó, lo cual dio paso a la horrible pesadilla asociada a su siempre execrado nombre.

El marxismo-leninismo es también la ideología que enarbolaron otros estados aparte de la URSS, de modo que el uso de la expresión se hizo más global y se mantuvo hasta después de la muerte de Stalin en 1953 y después de la desestalinización, iniciada oficialmente en 1956.

El marxismo leninismo es el instrumento por excelencia para asesinar, excluir y para la realización de cada uno de los terrores y horrores que la humanidad conoció a lo largo del siglo XX.

El marxismo-leninismo fue doctrina oficial de los países del Este hasta el final de la Guerra Fría y sigue formando parte de las referencias de ciertos regímenes actuales y algunos partidos comunistas que lo reivindican hasta hoy como su doctrina. Sus aristas totalitarias lo hacen afín con las más crudas formas del nazi-fascismo-falangismo, edulcoradas a su gusto por la corrupta izquierda latinoamericana desde su novel socialismo del siglo XXI.

La politología y otras ciencias sociales ubican al fascismo en la extrema derecha, vinculándolo con la plutocracia e identificándolo algunas veces como una variante de capitalismo de Estado. Con las nuevas variantes de la corrupta izquierda revolucionaria, hoy puede identificársele como una variante chovinista de socialismo de Estado. Esa que posibilita la afirmación de un totalitarismo que les concede la permanencia vitalicia en el poder absoluto, máxima aspiración de los sociópatas afines con las vertientes castro-fascistas, que comprenden, entre otras, la aspiración a ser, “…frías y eficientes máquinas de matar”. Por añadidura, consiguieron, que cuando no matan, impiden vivir.

El espíritu que animó aquellas “Palabras a los intelectuales”, pronunciadas por Fidel Castro y que asustaron tanto al dramaturgo Virgilio Piñera (“…con la revolución todo…”) guardan una semejanza aterradora con aquellas que en su momento dejó Benito Mussolini: “Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado”.

Tanto para Fidel Castro y su banda armada como para Hitler, Mussolini, Franco y otros, las cosas son, como las dejó establecidas en su momento Benito Mussolini: “El pueblo es el cuerpo del Estado, y el Estado es el espíritu del pueblo. En la doctrina fascista, el pueblo es el Estado y el Estado es el pueblo”. Solo sustituyan estado por revolución y se verá corporizada la pesadilla corriente Cuba adentro.

El castrismo es una ideología fundamentada en un proyecto de unidad monolítica al que llaman revolución. Por ello, exaltan la idea de una nación representada por la llamada revolución, frente a la idea del individuo. Suprimen los derechos y libertades y la discrepancia política, en beneficio de su partido único en manos del clan dinástico gobernante. Los localismos e intereses reales de la gente son eliminados, en función del centralismo totalitario.

Proponen como ideal la construcción de una irreal sociedad perfecta, formada por doblegados elementos intermedios y representantes unificados, designados por la élite de poder que retiene en sus manos, férreas y crueles, el control absoluto sobre la sociedad.

Recordemos al apóstol de nuestras libertades, José Martí, que adelantándose a circunstancias como esta dijo: “Lo que importa no es asegurar la solución que viene; lo que importa es no retardarla”. Y como si viviera este tiempo de apremios, señaló: “Nótese siempre que los que no poseen una cualidad, son los que ponen más empeño en aparentarla”.

Fotograma: Reunión con los intelectuales cubanos, Fidel Castro Ruz, Biblioteca Nacional, Junio 1961. Youtube
j.gonzalez.febles@gmail.com; Juan González

 

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