Periodismo

Comunicadores del oficialismo molestos por censuras y secretismo en Cuba

Cidra, Matanzas, Oscar Sánchez, (PD) Que los censores del régimen militar totalitario castrista no escuchen las demandas de los periodistas independientes cubanos, a favor de la libertad de opinión no es noticia. Pero que no atiendan los desesperados reclamos de los informadores estatales es un hecho asombroso e injusto que provoca irritación en estos últimos.

Desde que entre los años 1959 y 1961, la dictadura militar totalitaria de los hermanos Castro se apoderó manu militari de todos los medios privados de información e impuso una férrea censura a la libertad de prensa, una enfermedad terminal y contagiosa dañó el alma de la nación: el secretismo oficial.

En décadas posteriores o faltaron voces que desde las calles e incluso desde algunas instituciones, defendieron el derecho a opinar y publicar la verdad sobre el acontecer del país. Muchos de estos profesionales de la información y la comunicación, fueron a parar a la cárcel o al exilio, pero no se callaron. Tuvieron siempre presente, el principio enarbolado por el apóstol de la independencia y las libertades patrias, José Martí, que expresa: “La patria ansiosa tiene derecho a saber la verdad”.

Durante los últimos cincuenta y siete años, al pueblo cubano le ha faltado una prensa responsable y crítica que promueva el debate sobre temas importantes como el abuso policial, la violencia y los asesinatos en las cárceles, la discriminación racial, la ausencia de libertades, económicas, civiles, políticas y sociales, entre otras.

Consuela un tanto saber el hecho de que en los años 90 del pasado siglo surgieron en la Isla agencias independientes de prensa integradas por periodistas independientes que aunque tolerados por el régimen han trabajado hasta la fecha sin el status legal que les niega el oficialismo. No pocos entre ellos han conocido el presidio y se saben las consecuencias del ostracismo a que les ha condenado la oligarquía parásita que gobierna el país.

En estos últimos años de ‘dictadura totalitaria-revolución comunista’, un fenómeno vuelve a tomar fuerza en la prensa estatal: cada día son más los elementos en esta que critican la censura oficial y el secretismo, aunque sin trasponer las barreras de lo permitido por el régimen militar que les sustenta.

Omar George es una de esas voces críticas. El antes mencionado, en un artículo que le publicara el diario oficialista Granma el pasado 15 de febrero, se queja de aquellos que por sus responsabilidades tienen que ver con la aplicación de políticas y estrategias sensibles para la nación como la gestión de los medios de prensa que mantengan engavetado y empolvado el libro, “Revolución, socialismo y periodismo. La prensa y los periodistas cubanos ante el siglo XXI”, de Julio García Luis.

Según Omar George, en dicha obra se hace un análisis profundo, de los “aciertos y errores del modelo de prensa obviamente disfuncional que aun padecemos”. Manifiesta además en su trabajo, que no se deben usar las presiones y amenazas foráneas en la esfera de la política para anular la “imprescindible auto regulación de los medios y el necesario balance entre lo externo y lo interno en la gestión editorial”.

La prensa, según George, debe estar en condiciones de apostar, “…a un ejercicio de participación que contribuya a compensar y equilibrar la concentración del poder a partir de una contrapartida crítica”.

Según este comunicador, “…la lealtad no significa despojarnos de nuestra libertad profesional como periodistas”.

La también articulista de Granma Yudy Castro Morales dice que “si se contaran las veces que hemos escuchado decir que urge desterrar el secretismo, que es imprescindible el análisis transparente, que no hay peor cerco que el que nos construimos nosotros mismos, ya hubiésemos perdido la cuenta”. Esta periodista llama al “debate a fondo, a camisa quitada”. Pero los censores del gobierno no la escuchan.

Tampoco a la decana Graciela Pogolotti, quien en un trabajo publicado en Grama el pasado 13 de febrero, afirma: “…los años de implacable confrontación ideológica han llevado al debate en torno al ejercicio del criterio a formulaciones abstractas y a una manifiesta politización”.

Pogolotti expresa que “…hay que rescatar y salvaguardar la crítica social”. A esto se podría agregar que hay que proteger y recobrar toda la crítica, ya que esta constituye un método imprescindible de educación social. Sin ella, sin debate, es casi imposible llegar a descubrir esa verdad que ocultan ciudadanos irresponsables y oligarcas corruptos, incompetentes y ambiciosos.

Tienen razón los periodistas estatales que hoy manifiestan su irritación por el secretismo y los obstáculos impuestos por funcionarios a la libertad de prensa. Nuestro país necesita una prensa que brille con luz propia, que no obedezca órdenes de capataces del oficialismo y sirva como vocera a un partido único hasta en su incompetencia.
primaveradigital2011@gmail.com; Oscar Sánchez Madan

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