Sociedad

Conseguir espejuelos graduados es una odisea

La Habana, Jorge Luis González (PD) El tema de la salud gratuita es recurrente en Cuba. Politizan dicho tema y lo presentan como “un logro de la revolución y el socialismo”.

Si bien es cierto que los servicios médicos y hospitalarios no se cobran, algo que no es exclusivo de Cuba, existen problemas que entorpecen su prestación y eficacia, y afectan la calidad de vida de los cubanos.

Quiero referirme a una deficiencia en particular por la que padecen muchas personas en nuestro país: lo difícil que resulta la adquisición de espejuelos graduados en moneda nacional en la red de ópticas estatales.

Soy miope desde niño y padezco presbicia por mí avanzada edad. Recientemente necesité cambiar los lentes de mis espejuelos, su graduación se había vencido. A esto se sumó la ralladura en uno de los cristales cuando sufrí una caída de un ómnibus hace más de un mes.

Fui a regularme la vista en mi policlínico. Logré obtener un turno para oftalmología y refracción en una semana. Al calcularme la visión se comprobó que mis espejuelos tienen un serio error de medición. Según me expresó la optometrista, no coinciden en nada con los que debo usar.

Estas dichosas gafas que tengo hace solamente un año, las mandé a confeccionar en la óptica Finlay, de Marianao, aunque el taller central se halla en La Víbora.

Tuve que ir en cuatro ocasiones para que me las entregaran. Cada vez que iba a recogerlas, la técnica del lugar las viraba por estar mal confeccionadas. Al final tuvo que llamar al taller y pedir que se preocuparan en corregirlas, pues la espera para su entrega era ya demasiado larga.

Con la nueva receta que recibí ahora de la doctora, me dirigí a la óptica del Cerro por recomendación de ella, pues no confían en otras unidades.

La primera visita a esa óptica concluyó con una contundente respuesta: “Venga el mes próximo, pues ahora no hay cristales de esa graduación”.

Regresé el pasado día 7 de marzo y ¡aleluya!, existían los cristales que requiero, pero cuando quise seleccionar un modelo de armadura a mi gusto…ahí se trabó el paraguas. La respuesta que me dieron no admitió discusión: “Esta es la única armadura que tenemos para su medida dióptrica”.

Encontré en el salón, bien visible, una amplia pancarta que fija el tiempo para su entrega en cada caso. Los míos, que son bifocales, tardan 60 días, o sea, dos meses, si no hay retraso por algún motivo imprevisto.

La especialista, que con gran amabilidad me atendió, me despidió con estas palabras: “Espere que lo llamemos, no venga hasta que no le avisemos”.

Durante la espera para atenderme en este sitio, escuché diversos comentarios. Los más frecuentes se relacionaron con la demora para su entrega, con tener que hacer una cola sin saber si existe el artículo requerido y opiniones sobre la demora en la entrega. Hubo quien opinó que no le importaría que cuesten más con tal de que sea todo más rápido.

El costo total de mis anteojos es de 56.50 pesos (casi 3 cuc). Puede parecer económico, pero soy un jubilado que percibe 270 pesos de jubilación. El costo de estos espejuelos representa el 20,9% de mi jubilación. Si añadimos que pago 162 pesos mensuales en el hogar de ancianos al que concurro de día, quedarían disponibles 51.50 pesos para el resto del mes.

Para agilizar el proceso de conseguir los espejuelos hay que recurrir a las varias ópticas existentes en La Habana que solo comercializan en cuc. Entre ellas se encuentra “El Almendares”, situada en la calle Obispo, en la Habana Vieja. Allí, en su lujoso salón de exposición y venta, hay anaqueles repletos de armaduras y accesorios ópticos. Siempre hay cristales para cualquier medida y la demora para hacerlos al momento es de dos horas.

La adquisición de mis lentes en la óptica El Almendares puede oscilar entre 60 y 100 cuc. La conversión de mi salario a esa moneda es $10.72 cuc al mes, por tanto, tendría que estar de seis a diez meses sin invertir un centavo para poder comprar los imprescindibles espejuelos.

Una pregunta salta a la vista: ¿y de qué vivo? No hay que ser matemático para concluir que la cuenta no da.

Este caso es un ejemplo fehaciente de que eso de la salud pública gratuita en Cuba es un mito. Otro más.
jorgeluigonza72015@gmail.com; Jorge Luis González

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