Política

Cuba, sin aliento

Miami, USA, Pedro Corzo, (PD) En los últimos años varios huracanes con perjuicios variables para sus pobladores han azotado a Cuba, lo que ha incidido en que las condiciones de vida de los isleños sean más trágicas al acentuar la miseria y el desaliento que les agobia, evidenciando lo que pronosticó en una ocasión un conocido periodista cuando afirmó que “el camino hacia lo peor es infinito”.

La dictadura de los Castro siempre ha responsabilizado a Estados Unidos de los daños que un huracán o epidemia puedan causar en su gigantesca propiedad caribeña sin menoscabo de su sempiterna intención de beneficiarse material y políticamente de cualquier acontecimiento, en particular de los que afecten a la población.

En 1963 fue la primera vez que acusó a Washington de manipular la ciencia al hacer que el huracán Flora se ensañara en la isla, posteriormente fueron muchas más las acusaciones, entre ellas, una epidemia de moho azul, 1979, que afectó el 95 por ciento de la cosecha de tabaco de ese año.

Es cierto que las catastróficas consecuencia de los desastres naturales generan condiciones en las que gobiernos e individuos se manifiestan como realmente son, pudiéndose apreciar notables gestos de solidaridad y muecas de lo extremo de la miseria humana.

La corrupción es una de las muestras más manifiestas de esos desastres, pero en Cuba, donde esa lacra está extendida, y se ha denunciado regularmente que el gobierno vende a los damnificados las donaciones internacionales, la codicia alcanzó su máxima expresión cuando dictó la resolución 645/2017, derogada posteriormente, que indica que los beneficiarios de las donaciones internacionales debían pagar los gastos de distribución y transportación en el momento de recibir el donativo, un cinismo que motivó un fuerte rechazo dentro y fuera de la isla que sintetiza el comentario hecho por la santiaguera María Mercedes Rodríguez al periodista Adriel Reyes “Desde que yo tengo uso de razón todas se han cobrado, siempre pintan un cuento y te la cobran”.

Recientemente el periodista y escritor Carlos Alberto Montaner señalaba que el comunismo es más devastador que el huracán más feroz, opinión muy difícil de refutar porque la ruina provocada por el castrismo aparte de afectar los bienes materiales y los recursos de la nación, quebranta directamente los valores ciudadanos y despojan al individuo de la esperanza de un mejor futuro.

Mientras, otros países afectados por estos desastres aprueban legislaciones que revocan restricciones a ciertas actividades para facilitar la transportación, distribución y acceso a la ayuda, en Cuba se incrementan las prohibiciones y se acentúa la represión, como demuestran demandas sin respuestas del Observatorio Cubano de Derechos Humanos y de la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba quienes piden la eliminación de impuesto del 10% al dólar estadounidense, que se entreguen licencias a los cuentapropista, la Fundación reclama que se liberen por un año los impuestos aduanales y se reduzcan los precios de las tiendas estatales a los productos básicos y de la construcción, así como a las tarifas de telefonía e internet.

Otra muestra de la insensibilidad del estado castrista se aprecia cuando Manuel Marrero ministro de Turismo asegura que todas las instalaciones turísticas del país estarán listas para la temporada alta, y agrega que “ no se limita solo a recuperar las afectaciones del huracán, sino a que todo quedará mejor que antes y que tendremos como resultado final un producto turístico más actualizado y con una mayor calidad”, y concluye “los suministros de electricidad, agua y las comunicaciones ya están restablecidas en el cien por cien de los polos turísticos” , una situación contrastante con el desolador panorama que viven los que residen en las poblaciones y regiones afectadas.

El régimen que no resuelve los problemas de la población asegura haber recuperado completamente 14 de los 18 hoteles situados en los Cayos Coco y Guillermo porque para ese empeño afirma el ministro Marrero, se dispone de los recursos financieros, equipamiento, recursos materiales y sobre todas las cosas, del personal necesario, sin embargo, tiene viviendo en albergue a miles de personas que fueron afectadas por otros huracanes, entre ellos el Sandy hace cinco años, por eso es tan válida la denuncia de Nilo Gutiérrez, residente en Morón, que le comentó al periodista Reyes, “Pero la población será en un tercer plano, porque después del turismo están las empresas estatales y después la población, o sea, que seguimos siendo cubanos de a pie no, de a rodillas”.

Foto: Huracán Irma. Wiki//Noticias
pedroc1943@msn.com; Pedro Corzo, (305) 498-1714

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