Cultura

Del paraíso al infierno

Marianao, La Habana, Rogelio Fabio Hurtado (PD) Estoy leyendo un libro terrible: Los muchachos de Zinc, de la Premio Nóbel rusa Svetlana Alexiévich. Testimonio implacable acerca de la intervención soviética en Afganistan (1979-1989), el inconcebible Viet-Nam soviético.

Al margen de volver a ocuparme de él en detalle, pues ni siquiera he concluido su lectura, quiero referirme a uno de los pilares de su argumento: prácticamente todos sus testimoniantes, tanto combatientes como familiares de estos compartían la creencia de que se trataba de una guerra patriótica, ideológicamente justificada, el Socialismo era lo justo y ellos ayudarían a establecerlo allí.

De esa suposición compartida se desprenden dos evidencias: el trágico éxito de la educación soviética y su aún más trágico fracaso al chocar con la verdadera realidad.

Puesto que los cubanos llevamos casi 6 décadas sometidos a idéntica pedagogía totalitaria, que se evidencia catastrófica, vale la pena someterla a crítica.

Enseguida salta a la vista que tanto la prensa como la televisión carecían de toda credibilidad, con sus loas invariables.

Contrario a lo que podría suponerse, el subdesarrollado Afganistán, país del tercer mundo, estaba mucho más al día, sobretodo en industria ligera, a la potencia soviética, entonces los supuestos hombres nuevos soviéticos no eran más que míseros rapiñadores, capaces de vender sus propias armas para comprar baratijas y drogas.

El resultado final de la tan llevada y traída educación socialista, fundada en la censura y en las imaginarias verdades, da lugar a gente absolutamente egoístas y ni solidarios y mucho menos patrióticos.

¿Cuál será el método y el camino a la verdad?, no lo sé, pero perseverar engañándonos, mientras los dirigentes engordan a mansalva, no lo es. El pasado republicano tuvo sus llagas, y es bueno que se pongan de manifiesto, pero dar por sentado que el modelo actual carece de ellas, es suicida.

Hay otro elemento, tenido por esencial: el ateísmo apodado científico, que priva al hombre desde niño de la capacidad para creer y para confiar, que descalifica al amor al prójimo a favor del amor al poder, y obediencia al poderoso más cercano. De ahí deriva un egoísmo insensible, que acarrea graves consecuencia para quienes conviven alrededor de estos animales.

Ojalá la venidera Feria del Libro pusiesen a disposición de todos estos Muchachos de Zinc.
Rogelio Fabio Hurtado
rhur46@yahoo.com, Rogelio Fabio Hurtado

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