Editoriales, Opinión

Democracia, derechos y libertades, este es el momento, editorial 492

La Habana, Cuba, Redacción Hab, (PD) El año 2016 resultó, sin dudas, una prueba para los cubanos. El escenario político resultó difícil y favorable al régimen militar, dado el espaldarazo que ha recibido de payasos de pistas consagradas por la ONU, euro-complacientes políticos y múltiples negociantes desde la arena internacional.

En medio de este escenario se esbozan diferentes planes y métodos para alcanzar los objetivos democráticos. Sin embargo, puede resultar peligrosa la promoción de estrategias que dispersen o desconozcan el trabajo existente.

La creación de líderes y plataformas basadas en visiones no objetivas ni vivenciales de la realidad o las que proponen condicionar el momento del cambio, regalarán el tiempo necesario a la dictadura para la realización de sus planes de transferir el poder a miembros del clan y acólitos.

Desde hace un tiempo, la oposición pacífica interna cubana trabaja hacia un diseño democrático de acciones cívicas que tienen como eje el uso y la exigencia de ejercer los derechos ciudadanos desde el espacio público.

Durante los últimos 109 domingos, las Damas de Blanco, con la participación sostenida de diversos grupos y activistas, ejerce con la campaña #TodosMarchamos el derecho a la manifestación pacífica. La represión ha sido violenta y por momentos brutal. Se ha recibido un gran apoyo desde las redes sociales y medios digitales más no así de todo el espectro opositor cubano dentro de la isla.

Es este el sentido y dirección desde donde podrían ejercitarse la solidaridad y la cooperación, más allá de diferencias o enfoques personales o de grupo.

La única proyección válida se constituye en la defensa de los derechos y libertades fundamentales de todos como vía primada para alcanzar un Estado de Derecho. Los puntos y su orden de prioridad parten de un conocimiento de que se debe trabajar para cambiar el régimen y no para reformarlo.

Como exigencia inicial resulta ineludible la liberación de todos los presos políticos y que sea decretada una amnistía general. No basta con excarcelaciones. Debe exigirse la derogación inmediata del sistema jurídico y legal castrista. Este viola los derechos fundamentales reconocidos por la Declaración Universal de Derechos Humanos y los Pactos de DDHH de la ONU.

Debe afirmarse la libertad de expresión en los medios de información-comunicación y el fin del monopolio estatal sobre los mismos; debe instaurarse la libertad de asociación, de reunión, de movimiento, y el libre flujo de información para concluir en una nueva ley electoral que garantice elecciones libres y plurales.

La construcción de una nueva Cuba no puede hacerse desde la lógica del castrismo. Debe generarse desde un pensamiento y un accionar afincados en los derechos del individuo y la total libertad para ejercerlos.

Como dijo Martí, “La libertad, para ser viable, tiene que ser sincera y plena; si la república no abre los brazos a todos y adelanta con todos, muere la república…”. Por ello, es fundamental la presencia y participación del exilio en cualquier proceso de transformación y reconstrucción de la nación.

Al cabo de casi seis décadas de totalitarismo castro-fascista, la libertad urge. Solo que sin impunidad.

La última variante se enfoca en personalizar en Fidel Castro los horrores y errores pasados. Sin cómplices ubicados para matar, Fidel Castro no hubiera podido eliminar la Constitución de 1940, no habría fusilado a su gusto, no habría hundido remolcadores, no habría encarcelado por motivos políticos, no habría dirigido guerras ajenas al interés nacional, ni habría ampliado los límites de su poder personal como lo hizo.

Sus cómplices deben pagar por cada orden criminal cumplida. No hay que olvidar que como dijo nuestro apóstol José Martí: “El mérito es de la verdad, y no de quien la dice… Imponerse es de tiranos. Oprimir es de infames…”.
primaveradigital2011@gmail.com; Redacción Habana

 

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