Religión, Sociedad

Dios es amor

El Vedado, La Habana, Manuel A. Morejón, (PD) El apóstol Juan escribió acerca de los aspectos fundamentales de la fe para que los cristianos pudiesen distinguir entre la verdad y el error. Hizo énfasis en lo fundamental de la fe, de modo que podamos tener confianza en ella.

En nuestro mundo en tinieblas, Dios es luz. En nuestro mundo frio, Dios nos abraza con el calor de su Amor. En nuestro mundo agonizante, Dios nos da Vida.

Dice el Espíritu Santo a través del apóstol Juan: “Queridos hermanos, amémonos unos a otros, porque el amor procede de
Dios. Todo aquel que ama es hijo de Dios y conoce a Dios./ El que no ama, no ha conocido a Dios, porque Dios es amor./ Dios
ha mostrado su amor hacia nosotros al enviar a su Hijo único al mundo para que tengamos vida por él./ Todo aquel que
reconoce que Jesús es el Hijo de Dios, vive en Dios y Dios en él./ Así hemos llegado a saber y creer que Dios nos ama. Dios
es amor, y el que vive en el amor vive en Dios y Dios en él. De esta manera se hace realidad el amor en nosotros, para que
en el día del juicio tengamos confianza; porque nosotros somos en este mundo tal como es Jesucristo. Donde hay amor no
hay temor. Al contrario, el amor perfecto echa fuera el temor, pues el temor supone castigo. Por eso, el que teme no ha
llegado a amar perfectamente. Nosotros amamos porque él nos amó primero. El que dice que ama a Dios, pero al mismo
tiempo odia a su hermano, es un mentiroso. Pues quien no ama a su hermano, al que ve, tampoco puede amar a Dios, al que
no ve. Jesucristo nos ha dado este mandamiento, que el que ama a Dios, ame también a su hermano.” (1ª de Juan 4:7-21)
Algunas personas creen todo lo que leen o escuchan. Desafortunadamente, muchos conceptos que se enseñan no son verdaderos. Los cristianos deben tener fe pero no deben ser crédulos.

Verifique cada mensaje que usted escucha, a pesar de que la persona que lo diga afirme que es de Dios. Si el mensaje es realmente de Dios, será compatible con las enseñanzas de Cristo.

Los falsos maestros son populares porque, al igual que los falsos profetas del Antiguo Testamento, dicen lo que la gente quiere oír. El apóstol Juan advierte que los cristianos que enseñan con fidelidad la Palabra de Dios no ganarán ninguna competencia de popularidad en el mundo. La gente no quiere que se denuncie su pecado ni quiere escuchar las exigencias de que cambie su conducta. Un falso maestro será bien recibido por los que no son cristianos.

Aunque casi todos creemos que el amor es importante, por lo general pensamos que solo es un sentimiento. En realidad, el amor es una elección y una acción, como lo muestra 1ª de Corintios: 4-7: “Dios es la fuente de nuestro amor, nos amó de tal manera que sacrificó a su Hijo por nosotros. Jesucristo es nuestro ejemplo de lo que significa amar; cada cosa que El hizo en su vida y en su muerte fue amor supremo. El Espíritu Santo nos da el poder para amar; El vive en nuestro corazón y nos hace más semejantes a Cristo. El amor de Dios siempre implica una elección y una acción, y nuestro amor debe ser como el de El.”

¿De qué forma reflejan amor a Dios las decisiones que tomamos y las acciones que realizamos?

Juan dice que “Dios es amor”, no dice “Amar es Dios”. Nuestro mundo, con su visión trivial y egoísta del amor, ha tergiversado esas palabras y ha contaminado nuestra comprensión del amor. El mundo piensa que amor es lo que nos hace sentir bien, y está dispuesto a sacrificar principios morales y los derechos de los demás a fin de obtener dicho “amor”. Pero en realidad eso no es amor, sino todo lo contrario al amor: es egoísmo. Y Dios no es esa clase de “amor”. El verdadero amor es como Dios: santo, justo y perfecto. Si de veras conocemos a Dios, debemos amar como El ama.

Jesucristo es el Hijo unigénito de Dios. Aunque todos los creyentes son hijos de Dios, solo Jesucristo vive en esa relación de unidad (ver Juan 1:18 y Juan 3:16).

El amor explica:
(1) por qué Dios crea: como El ama, crea personas para amarlas;
(2) por qué Dios se interesa: como las ama, se interesa en las personas pecadoras;
(3) por qué tenemos libertad para escoger: El espera una reacción de amor de nuestra parte;
(4) por qué Cristo murió: su amor por nosotros hizo que buscara una solución al problema del pecado;
(5) por qué recibimos vida eterna: su amor es una expresión eterna.

Nada pecaminoso ni perverso puede existir en la presencia de Dios. El es absolutamente bueno. No puede pasar por alto, tolerar ni excusar el pecado como si no se hubiera cometido. El nos ama, pero su amor no lo convierte en una persona de moralidad indiferente. Por lo tanto, si confiamos en Cristo, no tenemos que sufrir el castigo de nuestros pecados (1Pedro 2:24). Podemos ser absueltos (Romanos 5:18) por su sacrificio expiatorio.

Si a Dios nadie lo vio jamás, ¿cómo podremos conocerlo?

Juan expresa en su Evangelio: “El unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, El le ha dado a conocer” (Juan 1:18).

Jesucristo es la perfecta manifestación de Dios en forma humana y se ha revelado a nosotros. Cuando nos amamos unos a otros, el Dios invisible se revela a los demás, por medio de nosotros, y se perfecciona su amor.

Algunas personas disfrutan de la compañía de los demás. Hacen amistad con los extraños con facilidad y frecuencia, y están rodeados de muchos amigos. Otras personas son tímidas o reservadas. Tienen pocos amigos y se sienten incómodas cuando hablan con personas que no conocen o se mezclan entre la multitud. Las personas tímidas no tienen que ser extrovertidas a fin de amar a los demás. Juan no dice a cuántas personas debemos amar sino cuánto debemos amar a las personas que ya conocemos. Nuestra tarea es amar con fidelidad a las personas que Dios nos ha dado para amar, sean dos o doscientos. Si Dios ve que estamos listos para amar a otros, El se encargará de traerlos hacia nosotros.
Por muy tímidos que seamos, no debemos temer al mandamiento del amor. Dios nos da la fortaleza para hacer lo que nos pide.

Cuando llegamos a ser cristianos, recibimos al Espíritu Santo. La presencia de Dios en nuestra vida es una prueba de que de veras somos de Él y nos da el poder para amar (Romanos 5:5; Romanos 8:9; 2Corintios 1:22). Dependa de ese poder para llevar el mensaje de Dios a los demás. Cuando lo haga, adquirirá confianza. (Véase Romanos 8:16)

El Día del juicio Final estaremos delante de Cristo y daremos cuenta de nuestros actos. Con Dios en nosotros, por medio de Cristo, no tenemos razón para temer ese día, porque hemos sido librados del castigo. Por el contrario, debemos mirar hacia adelante, al Día del Juicio, porque significará el fin del pecado y el comienzo de la relación cara a cara con Jesucristo.

Si seguimos siendo presa del temor a la eternidad, al cielo o al juicio de Dios, debemos acordarnos del amor de Dios. Sabemos que Dios nos ama perfectamente (Romanos 8:38-39). Podemos resolver nuestros temores concentrándonos en su amor inmensurable por nosotros, luego permitiéndole amar a otros por medio de nosotros. Su amor calmará nuestros temores y nos dará confianza.

El amor de Dios es la fuente de todo amor humano, y se esparce como el fuego. Al amar a sus hijos, El enciende una llama en sus corazones. Como respuesta, ellos aman a otros, los que son aceptados por el amor de Dios por medio de ellos.

La verdadera prueba de nuestro amor a Dios consiste en cómo tratamos a quienes están delante de nosotros: los miembros de nuestra familia y los amigos creyentes. No podemos amar a Dios si somos negligentes al amar a quienes fueron creados a su imagen y semejanza.
alianza.cristiana777@gmail.com; Manuel A. Morejón

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