Cultura

Dos filmes abordan la tragedia de los inmigrantes cubanos entre 1994 y 2017

El Vedado, La Habana, Aleaga Pesant, (PD) Dos obras cinematográficas relatan la tragedia migratoria cubana posterior a 1994 y la famosa política de pies secos, pies mojados.  Ambas  tienen cuño español, están actuadas por cubanos, nunca se refieren a la dictadura, y tampoco fueron presentadas en los cines o la televisión de Cuba. Me refiero al filme 90 millas y el documental Balseros.

La ley de pies secos, pies mojados” fue instaurada durante la crisis de los balseros, en el verano de 1994, por el presidente de los Estados Unidos William Clinton. Era literal: si pisabas territorio norteamericano podías solicitar Ley de Ajuste Cubano, pero si eras interceptado en el mar, irías a Guantánamo, y después serías devuelto a las autoridades cubanas.

Al  documental y la película le faltan elementos para comprender el escenario.

Balseros lo realizó Bausan Films y la televisora catalana TV3. Narra la experiencia personal de un grupo de balseros cubanos en agosto de 1994. Un equipo de reporteros de la televisión catalana, Carles Bosch y Josep Domenech, filmó y entrevistó a siete cubanos y a sus familias durante su huida en balsas. 

Bosch llegó a La Habana con la intención de narrar la historia de decenas de miles de personas que huían de Cuba.  TV3 le envió a Domenech como camarógrafo. “Fue una suerte que viniera él, porque es de lo mejor”, dijo Bosch más tarde.

Uno de los valores intrínsecos del documental en su primera parte es la fotografía de la miseria, el hambre, la tristeza, la delgadez enfermiza, la violencia implícita de las personas ahogadas por su destino, el agua por todas partes.

Filmaron los preparativos de viaje, de siete personas, ellos dicen que al azar, pero el común destino, puede poner en entredicho sus palabras.

Rafael, Guillermo, Juan Carlos, Méricys, Miriam, Mislaida y Oscar, los protagonistas, se comportaron de manera tan parecida que tal parece un patrón de selección. ¿Casualidad?

Cuando Potus dio la orden de detener a los balseros en alta mar, fueron llevados a la base de Guantánamo, allá fueron Bosch y Domenech a filmar las condiciones de vida de los refugiados en aquel páramo cubierto de casas de campaña. Pero ahora habían restablecido el peso corporal, sonreían, soñaban. 

Fueron a Guantánamo y también a Miami, cuando ellos llegaron al territorio continental de los Estados Unidos y los siguieron a sus destinos, Nebraska, Connecticut, Nueva York o Arizona, mientras seguían también la miserable vida de los parientes en Cuba.

Cinco años después cerraron el ciclo y filmaron el último acto del drama, visitando a los balseros y sus parientes en La Habana.  Construyeron entonces el documental. 

“Queríamos hacer cine, porque estábamos convencidos de que los hechos y los personajes tenían la suficiente intensidad…”, afirmó Bosch en una oportunidad. 

TV3 le facilitó la productora Bausan, y la colaboración de David Trueba en el guion.

El filme, presentado y premiado en el XXXIII Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de la Habana, fue dirigido por Bosch y Domenech. Pero el punto de sal se lo dio el reconocido Trueba, que incorporó al documental lo que faltó a los reporteros, la tensión en la estructura narrativa, revelando qué pasa con los personajes, lentamente abriendo la imaginación del espectador que recela, pero no descubre hasta el final que fue de ellos, sus retos y quimeras.

Balseros se puede dividir en dos partes: la primera llena de hambre, miserias y esperanzas, y la segunda de derrota y fantasía. Solo dos de aquellas siete personas  consideran que son felices. 

Dice Méricys: “Si yo hubiera imaginado tantas cosas, yo no hubiera venido a este país”.

90 millas, un filme de ficción del año 2005, producido en España, fue dirigido por Francisco Rodríguez, con guion de Jorge Herrera y la actuación de Sergio Lucas, Enrique Molina, Daysi Granados, Claudia Rojas, Alexis Valdéz y Emilio Aragón. 

En el filme una familia cubana decide abandonar la isla.  Pero hay un problema. Hacerlo implica  ilegalidad, miedo, trampa y violencia.  Se construye una embarcación para la odisea, en la cual la vida no vale nada.  La motivación de los navegantes es llegar a tierras de libertad, donde una benigna ley les acogerá, protegerá e insertará como ciudadanos a un nuevo país.  

Al igual que en Balseros, el guion de 90 Millas se hunde en las contradicciones de la sociedad cubana, en los vacíos del “hombre nuevo”, en el miedo a llamar las cosas por su nombre. 

Como obra de ficción, Francisco Rodríguez y Jorge Herrera, tuvieron la libertad de recrear su historia. Lo hicieron bien y lo logaron, gracias a las filmaciones en Las Canarias y al utilizar actores cubanos.  Es una pieza excepcional, pero no suficiente.

 Alexis Valdéz aparece inmenso en su personaje, profundamente apasionado y contradictorio, alejado de la vis cómica que lo ubica entre los mejores actores cubanos.

Sin embargo, hay algo que queda pendiente en la construcción de los personajes en ambas obras.  Todos o casi todos aparecen como una sarta de imbéciles, mentirosos patológicos, mitómanos sin otro albedrío que lanzarse al mar, fanáticos tras una quimera tan deseada como irrealizable.

aleagapesant@nauta.cu; Aleaga Pesant

 

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