Sociedad

El ascensor

Plaza, La Habana, Jorge Luis González, (PD) El día que me mudé, a principios de los años 60, para el edificio Caamaño, sito donde confluyen las calles Ayuntamiento y La Rosa, en el actual municipio Plaza, donde actualmente resido, encontré que el elevador que había tenía problemas de funcionamiento.

En aquel elevador, que era operado por un vecino, fueron subidos nuestros muebles y demás pertenencias hasta nuestro apartamento en el quinto piso.

El ascensor, de la marca Atlas, subsidiaria de la Westinghouse en Brasil, era viejo y de mala calidad, según los propios técnicos de la empresa reparadora UNISA. Además se había comprado de uso. De ahí que frecuentemente presentara problemas.

Los períodos de roturas más o menos largos duraron hasta los primeros años de este siglo, cuando ya no se pudo arreglar más. Poco después llegó la buena noticia, a través del Consejo de Vecinos, de que iban a instalar un elevador nuevo, algo que parecía un sueño. Pero tanta fue la demora que luego pareció uno de los cuentos de Scherezada.
Hace unos cuatro años, llegó a la puerta del edificio un enorme cajón de madera, que contenía todas las piezas del referido ascensor, “nuevas de paquete”, según explicaron.

La marca del equipo es Wellmaks, es ruso y dicen que emplea tecnología Italiana.

Vinieron los especialistas de la empresa encargada de armar y montar el elevador. Primero tuvieron que desarmar el que estaba instalado y que hacía años que no funcionaba. Programaron un período de tres a cuatro meses para la culminación de la obra, pero demoraron nueve meses.

Uno de los problemas que causó la dilatación del trabajo fue que los mecánicos no tenían almuerzo, por lo cual su jornada laboral era de medio día. Para solucionar el problema y tratar de agilizar el trabajo, se acordó por un grupo de vecinos encargarse del almuerzo de los trabajadores. Aun así, la demora persistió, pues desmontar el viejo ascensor fue más complicado de lo que esperaban. Además, demoraron en llegar los materiales necesarios para la terminación.

Al fin llegó el momento en que comenzaron las pruebas con el nuevo elevador. El aparato tiene una estética maravillosa, si se comparada con el sustituido. Está hecho con láminas metálicas plateadas, tiene un espejo grande en la pared del fondo, una pizarra moderna con display digital y pequeños bombillos tipo led.

Dice un refrán que la felicidad en casa del pobre dura poco: es una gran verdad. Al mes de estar en funcionamiento, el ascensor se paró.

Vinieron otros técnicos y cuando examinaron el trabajo realizado por los que lo instalaron, uno de ellos comentó: “Si esto se divulga, salimos en el periódico Granma”.

Los técnicos dijeron que se pudo producir un desplome, con peligro para la vida de los que estuviesen montados en el aparato.

Se hicieron los cambios pertinentes y comenzó a funcionar, pero vinieron otros contratiempos. Uno de los bombillos de iluminación se fundió a los pocos días. El ventilador que refresca el interior dejó de funcionar. Dicen que le robaron un cable eléctrico. El display que anuncia los pisos se fundió, el pasamano para agarrarse se desprendió y no se ha vuelto a instalar y los censores laser para mantener las puertas abiertas mientras montan pasajeros están rotos.

No pasa una semana en que el elevador no se trabe. En más de una ocasión han tenido los bomberos que sacar del ascensor a personas atrapadas en su interior.

El problema es que en Cuba el voltaje es irregular, y estos equipos se paran automáticamente cuando hay la menor variación en el voltaje.

Todo indica, a juzgar por estos ascensores, que no ha mejorado mucho la calidad de los equipos rusos. El espíritu “bolo” permanece. Aunque usen una tecnología del Primer Mundo, la calidad es de quinta categoría.

Estos aparatos, adquiridos para sustituir la mayoría de los ascensores obsoletos en los edificios altos de La Habana, deben ser bastante caros. ¿Hasta cuándo derrocharán dinero comprando cosas que no sirven? Así, Liborio continuará en la ruina y el pueblo pasando calamidades.
librero70@nauta.cu; Jorge Luis González

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