Editoriales, Opinión

El beneficio de la duda y las certezas institucionales, editorial 467

La Habana, Cuba, Redacción, (PD) Sobre Donald Trump existen muchas aprensiones y expectativas diversas. Quizás de momento se imponga concederle el beneficio de la duda y esto sea lo más prudente de inicio, pero lo esencial quizás esté en priorizar las certezas institucionales de un estado de derecho como son los Estados Unidos.

Tales certezas han sido afirmadas por más de 200 años de práctica política y afirmación consecuente de valores y procedimientos democráticos. Solo queda esperar que avance en su gestión de gobierno y a partir de allí, ver los resultados que siempre serán muy bien evaluados y observados tanto por el Partido Republicano, por su contrapartida Demócrata como por el resto de las sólidas instituciones afirmadas en la práctica institucional estadounidense, como lo son el Congreso, los tribunales, la prensa libre, etc.

La izquierda quiere recuperar algún día la relevancia perdida en la política norteamericana en la actualidad, para ello el blanco, no es otro que Donald Trump. Esto explica su rechazo a Donald Trump, manifestado sin ambages por la izquierda siniestra que se pronunció desde mucho antes de su toma de posesión.

Para Cuba, hemos visto como primero fue el Papa y luego el ex presidente Barack Obama, quienes abrieron el mundo a los Castro. Los Castro se abrieron al mundo, solo que ni ellos ni nadie, decidió abrirse a los cubanos de a pie.

En Cuba se trata hoy de pasar del totalitarismo marxista a un totalitarismo populista-fascista de marchas con antorchas, mercado, capitalismo, monopolios y todo lo demás. Pero siempre, con todo el poder político, militar y económico en manos de Raúl Castro y los suyos. Así, más tarde y en su momento, traspasarán lo que decidan traspasar a ‘la familia’ en el mejor y más destacado estilo Corleónico. Solo que entonces, ¡apareció Trump!

La degradación moral en Cuba se afirma en una dependencia total del todopoderoso Estado y otra dependencia vinculada con esta y sostenida desde los Estados Unidos por los que se pusieron a buen recaudo de este Estado con tiempo y hoy desde allá son el contrapeso en esta balanza diabólica. Seguros en la distancia desde la tierra de libertad que los cobijó, a 100 millas de nuestro infierno, son una esperanza válida o no. Pero siempre son eso, una esperanza y quizás la única.

Con más de cinco décadas bajo el castrismo, sometidos al terror que desciende desde el estado desde 1959, los cubanos, dentro y hasta fuera de Cuba, tienen sembrado este terror en los pliegues más ocultos de sus percepciones y personalidades. Por esto, prefieren hacer frente al Estrecho de La Florida y a sus tiburones, a las selvas sudamericanas y centro americanas y nunca al régimen castrista y a sus represores asalariados en las calles sin dueño rescatadas por Damas de Blanco y activistas sin nombre ni créditos mediáticos.

Se dice que Donald Trump no profesa ideología alguna y que no muestra el más mínimo respeto ni tan siquiera por el Partido Republicano. Entonces y más allá de la duda y su beneficio, se imponen las certezas institucionales. Son ciertamente estas certezas las que más asustan al régimen militar castrista. Son estos valores los más temidos por este régimen y son estas certezas las que en su momento serán verdaderamente determinantes.
primaveradigital2011@gmail.com; Redacción Habana

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