Cine, Cultura

El Comandante

El Vedado, La Habana, Aleaga Pesant, (PD) No se preocupen, no hablaré de uno de los bastardos de Biran. Directo al grano. Circula en el underground audiovisual, El Comandante, una serie de televisión colombiana producida por Sony Productions, basada en la vida de Hugo Rafael Chávez Frías, que es seguida por la teleaudiencia cubana a través de algunos responsables del paquete que se atrevieron, pues todos fueron advertidos por la policía política de no bajarla del satélite.

La serie, que fue estrenada el pasado 30 de enero en el Canal RCN, se introduce en la vida de uno de los líderes más polémicos de Latinoamérica en los últimos 20 años, que despertó todo tipo de sentimientos en Venezuela y que fue el soporte a partir de 1999 de la dictadura castrista.

Comienza la serie en el momento del golpe de estado del 4 de febrero de 1992, de donde va a la pobre infancia del futuro gobernante que marcó la vida de Venezuela y los venezolanos y de esa manera de todo el hemisferio, porque las ínfulas de este Napoleón tropical solo emulaban con las de su amigo y extorsionador Fidel Castro.

Ojo con el segundo adjetivo. Todo es más de lo que suponemos. Coincido con RCN, cuando indica que la teleserie de 70 capítulos y que terminó de trasmitirse en el mes de mayo, se trata de “un relato de suspenso y acción, mezclando política y romance”.

La serie, grabada totalmente en locaciones colombianas, está basada en una minuciosa investigación realizada por el escritor y columnista Moisés Naín, quien junto a su hermano Andrés hace también de Productor Ejecutivo.

La historia contada de manera lineal, respeta la cronología de eventos y hechos. Una dosis de ficción ayuda a una mejor comprensión de la trama y a mantener cierto equilibrio histórico.

La televisora colombiana TNT anunció la serie como “la más ambiciosa de los últimos tiempos en la TV latinoamericana, destinada a romper con todos los esquemas y a cautivar audiencias alrededor del mundo.” No le falta razón.

Aunque en producción no es gran cosa, el reto ideológico de retratar la vida de un caudillo de la izquierda absurda, tan cercano en el tiempo, levantó polémica a todos los niveles y en todos los bandos, al punto que una de las ex esposas de Chávez demandó a Sony por la producción de la serie.

Para el dictadorzuelo de Venezuela y heredero de Chávez, Nicolás Maduro Moros, El Comandante” no es sino basura”. Lo dijo cuándo se anunció el estreno en este enero. Aprovechó para llamar a los cineastas del país a “dar la batalla y contar con sus propias producciones la verdad profunda de un hombre gigante como Hugo Chávez”. Eso me recordó como a raíz de la presentación del filme de Roger Ronaldson Trece días, que enfoca la crisis de los misiles de octubre de 1962, Fidel Castro sugirió a los cineastas cubanos “relatar la verdad sobre los hechos” y salió la comedia aceitosa Lisanka, dirigida por Daniel Díaz Torres y con guion del corrosivo Eduardo del Llano.

En la serie colombiana, Chávez es interpretado por Andrés Parra Medina (Cali, 1977), quien se mete en el personaje, como lo hizo en Escobar, El Patrón del Mal, una serie que impactó mucho en el público latinoamericano. Asumir estos dos papeles tan distintos, y encarnar a personajes tan conocidos le implicó un reto.

Es también transcendente el papel del actor que interpreta a Fidel Castro.

Para los que busquen la recomendada serie a partir de ahora, sabiendo que la televisión nacional no la trasmitirá, le hago dos o tres advertencias.

Ante todo, observen la recurrencia histórica de los dictadores de izquierda, indeseados, llenos de odio y megalomanía.

Aunque la serie es contada de manera lineal, no sostiene el ritmo dramático; así, si comienza con unos 40 minutos de duración por capitulo, hay un momento en que desciende hasta los 22 minutos, por lo pesada. Más adelante, retoma el ritmo y las duraciones de los capítulos.

La fotografía es excepcional, aunque con serios problemas de producción y una innecesaria evasión de sitios comunes, quizás para quitarle el peso histórico a la serie y ficcionarla al máximo, evitando demandas judiciales.

Es importante hacia el final de la serie la transformación de un malandro en asesino en jefe del Servicio Especial Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN). Como lo narró el escritor ruso Mijaíl Bulgakov en Corazón de Perro, o como lo vivimos nosotros los cubanos cada día.
aleagapesant@nauta.cu; Aleaga Pesant

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