Destacados Primera Plana, Opinión

El cuarto fracaso, editorial 469

La Habana, Cuba, Redacción Habana, (PD) Los tres grandes fracasos del régimen militar castrista en casi seis décadas de poder absoluto son, de acuerdo a la vox populi en la Isla, 1-Desayuno, 2-Almuerzo. 3-Comida. A pesar de haber sido opacado en el imaginario popular durante décadas, el cuarto fracaso emerge y sienta cátedra en estos momentos: se trata del transporte, que ha ganado sin lugar dudas el lugar merecido desde antes en la saga triste de los últimos 58 años.

Este último cuarto fracaso, aportó algo que no aportaron los tres grandes fracasos ya enunciados. Se trata de una huelga de transportistas espontanea. Una huelga sin comité organizador, grupo gestor o sindicato representativo. Esto es algo relevante.

Al igual que los tres primeros, el cuarto fracaso es el resultado de una inviabilidad sistémica crónica, la incompetencia proverbial de un funcionariado corrupto y disfuncional, sumado a una apatía y un marasmo que en primera instancia ha dado paso hoy a una huelga de transportistas privados a partir de características expuestas y reseñadas en múltiples ocasiones.

La crisis generada desde este cuarto fracaso es responsabilidad absoluta del Estado Patrón, dueño absoluto que sentó las premisas para todo lo ocurrido.

Frente al colapso del transporte automotor urbano, al menos en la capital, el estado patrón impuso ‘tarifas máximas’, para los taxis colectivos llamados almendrones. Se trató de resolver un problema que creó el Estado desde los bolsillos nada opulentos de los conductores y propietarios de los almendrones.

Como se ha hecho costumbre por acá, se trató por parte del estado de enfrentar a la población con los choferes y a estos con la población. Se promovió como es costumbre las delaciones y las denuncias anónimas, pero no se logró el fin perseguido, porque les pasó lo reflejado por el clásico Fuenteovejuna. Todos a una, existe el consenso compartido de que el único culpable de todo es el gobierno. Esto es el consenso que hoy día sostiene la mayoría.

Todo el mundo sabe que el estado impone impuestos altísimos. Frente a esto, la corrupción toma la palabra y todo el entramado echa a andar. El combustible, desde los precios impuestos por entidades estatales, ha sido aprovechado desde otras entidades estatales por unos que pueden roban y lo ponen en manos de los afectados en mejores y más acordes condiciones a su poder adquisitivo real.

Frente a su cuarto fracaso, hay un hecho que se destaca y es que se nota la diferencia entre las reacciones gubernamentales contra los boteros transportistas privados y la tolerancia de estas autoridades con sus ómnibus ruteros y otros medios alternativos en que un control estatal más tolerante y relajado deja amplios márgenes para ocurrencias e incidencias no toleradas si se trata de almendrones.

Como ya se ha hecho costumbre en Cuba, lo que anda regular se desplaza a malo y lo que está malo avanza a peor. Mientras, el estado vuelca su esfuerzo primado en reprimir. Se promueve la delación y se dirige esta y otros recursos represivos sobre los transportistas privados. Ellos han sido seleccionados para ser los culpables máximos en esta ocasión.

Esto de topar precios y afectar más a los que menos tienen, es la solución primada de siempre del régimen militar castrista.

La constante intromisión del estado en el mercado y su vocación totalitaria de controlarlo todo, empeora la situación económica, política y social del país, en la medida que hace difícil la vida a la mayoría por no decir, a todo el pueblo.
primaveradigital2011@gmail.com; Redacción Habana

Deje un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*