Política

El fin de una era

Arroyo Naranjo, La Habana, Cuba, Carlos Millares, (PD) La noticia sorprendió a todos los cubanos y al mundo cuando en la TV cubana, la noche del 25 de noviembre del pasado año, con voz entrecortada y cara compungida Raúl Castro anunció el fallecimiento de Fidel Castro, “el líder histórico de la Revolución”, según sus propias palabras.

Desde entonces, una lluvia de trabajos periodísticos y opiniones de todo tipo han inundado las redes sociales y los medios de prensa han presentado todo tipo de análisis acerca del tema. En varios de ellos, los comentaristas y hasta ciudadanos comunes entrevistados; sobre todo en el exterior, hacen referencia al fin de una era, afirmación esta que no es real.

Si se refieren a la terminación de la era castrista, no es cierto, pues un Castro sigue en el poder y desde hace 8 años el fallecido no ostentaba poder real, alguno aunque no podemos negar que sí tenía poder simbólico y que su presencia omnipresente y omnipotente flotaba sobre todas las decisiones gubernamentales. Aún más, su sucesor, su hermano, declaraba públicamente que consultaba algunas decisiones con él.

Raúl Castro no ha desmontado para nada el sistema socio-político de Cuba, obra de su fallecido hermano. Solo tenues reformas económicas han sido puestas en marcha y la mayor parte de ellas dirigidas a la macroeconomía y no a mejorar las condiciones de vida del cubano de a pie, que sigue agobiado por los bajos e insuficientes salarios y los altos precios de todos los productos, sin libertad de expresión, de asociación, con presos políticos, sin pluripartidismo o carentes de otros muchos de los derechos reconocidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Los acuerdos entre los gobiernos de Cuba y los Estados Unidos penden de un hilo con la ascensión al poder de Donald Trump. Las ilusiones del gobierno de La Habana de que fluyeran hacia Cuba raudales de dólares para reforzar su economía, parecen sumirse en las revueltas aguas de una nueva política hacia Cuba.

Un retroceso hacia un posible período especial sería insoportable ya para el pueblo cubano.

La nueva era que veo venir -ante la situación que afronta Venezuela, el principal proveedor de recursos al gobierno de Cuba, la confirmación de la nueva política norteamericana hacia Cuba y el descalabro sufrido por gobiernos latinoamericanos de izquierda, como los de Brasil o Argentina, que apoyaban al gobierno cubano- no está alejada de un nuevo acercamiento a Rusia, que aunque enseña los dientes en una cínica sonrisa a Trump, no ha dejado de lado sus aspiraciones de ser una potencia mundial y su interés geopolítico con relación a Cuba se mantiene intacto.

En todo caso, pudiera ser el reciclar de una historia ya pasada y una nueva era sí, de relaciones con la Rusia de hoy como principal socio comercial, y sobre todo militar, del gobierno cubano.

Estamos a un año de las elecciones en Cuba. Si cumple lo que prometió, Raúl Castro entregaría el poder gubernamental, que no partidista, y accedería al poder una nueva generación de dirigentes. Aunque estén formados en el seno del Partido Comunista, esto no significa que, guiados por sus intereses personales o ideas propias no manifestadas acerca de qué hacer y cómo hacerlo, pudieran dar un giro imprevisto a la política de ese nuevo gobierno y apartarse del rumbo marcado por los Castro.

Entonces si podríamos hablar de una nueva era. Pero, por el momento, no veo en el horizonte de mi querido país nada que se parezca a lo que todos los que desde hace muchísimos años aspiramos: una Cuba democrática.
camifa59@yahoo.es; Carlos Millares
*Analista Político; Presidente de la FUNDACION SUCESORES

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