Internacional

El genocidio chino en el Tíbet

Plaza, La Habana, Jorge Luis González, (PD) El Tíbet fue invadido y ocupado por el gobierno comunista de China en 1950.

El 7 de octubre de 1950, el primer y segundo ejército de campaña de China, formado por 84 000 soldados, cruzaron el río Yangtzé y penetraron en el territorio de esa nación, hasta entonces independiente.

La ocupación dura hasta nuestros días.

El Dalai Lama, su máximo representante describió la impresión que tuvo de los invasores durante la primera reunión sostenida con ellos en el monasterio de Dongker: “…lo que vi fueron tres hombres con trajes grises y gorras con visera de aspecto terriblemente anodino e insignificante en comparación con las figuras de mis espléndidos funcionarios, ataviados con sus trajes rojos y dorados”.

Concluye la cita con una frase muy elocuente: “…En eso quería China transformarnos a todos, en seres grises…”

Más adelante hace la observación de que el general Zhang Jinwu que venía al frente del ejército: “…asomaba bajo la manga de su insulso uniforme gris, un Rolex de oro, muestra que los dirigentes comunistas eran comunistas por fuera pero materialistas por dentro…”.

El gobierno comunista chino creó el Comité Preparatorio para la Región Autónoma del Tibet, un instrumento para la administración y la integración de los chinos en la capital, Lhasa. Este organismo era una farsa para engañar al pueblo tibetano.

Tibet central se vio bajo el control del Partido Comunista Chino y ni siquiera contaba entre sus miembros con ningún habitante nacional, lo cual enfureció a la población.

Se formaron grupos de resistencia y comenzó la represión de las manifestaciones públicas.

Un hecho demostró al Dalai Lama que las órdenes represivas venían del camarada Mao. Cuando en febrero de 1956, una milicia popular quiso defender el monasterio de Lithang. 40 000 soldados chinos atacaron el lugar y el primero de junio bombardearon el sitio. El resultado final fue 800 monjes y ciudadanos laicos muertos, otros fueron torturados y asesinados. Monjes y monjas fueron obligados a mantener relaciones sexuales públicas a punta de pistola.

La huida del Dalai Lama, máximo representante del Tibet, provocó que bombardearan la residencia del mandatario y el Potala, que es el palacio de gobierno del país, lo cual causó la destrucción de esas instalaciones, que eran parte del patrimonio de la nación.

La represalia trajo como consecuencia que miles de tibetanos fueron conducidos a prisiones chinas y miles de cadáveres quedaran en las calles, incluidos mujeres y niños. Fue una de las tantas masacres perpetradas por los maoistas en el Tíbet.

Luego de la matanza efectuada, los chinos buscaron afanosamente al Dalai Lama; al no encontrarlo, volvieron a bombardear la ciudad, lo cual conllevó a que muriesen otros miles de tibetanos más.

La Comisión Internacional de Juristas logró un testimonio ofrecido por Dalai Lama el 20 junio de 1959 y llegó a la conclusión de que China había practicado el genocidio, intentó destruir la práctica del budismo y erradicarlo, aplicó torturas y tratos inhumanos, y negó el derecho a la libertad de pensamiento de la población autóctona.

El apoyo de los países democráticos a la lucha por la liberación del Tibet se ha visto frenado por conveniencias de esas naciones, para evitar confrontación directa con China o por asuntos económicos, como es el caso de los Estados Unidos.

Desconozco si la Asamblea de la Naciones Unidas ha dictado alguna sanción contra los déspotas chinos, al igual que la comisión de los Derechos Humanos, pero el valiente pueblo tibetano sigue su lucha por su reivindicación absoluta.

Está claro que aquí en Cuba ni se mientan estos desmanes de los “amigos” chinos. Es posible que muchísimos cubanos no sepan ni donde se encuentra el Tíbet. Igual que nosotros algún día este país alcanzará su verdadera liberación. Ojalá sea pronto.
jorgelibrero2012@gmail.com; Jorge Luis González Suárez

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