Política

El gobierno cubano tiene otra versión de los Derechos Humanos

El Cerro, La Habana, Emaro (PD) La periodista Gabriela Ávila Gómez, en un trabajo aparecido en Granma el pasado primero de diciembre -de seguro sus superiores le dieron la encomienda de redactarlo a propósito de la fecha del 10 de diciembre, afirmó que “… a poco más de una semana de celebrarse en todo el mundo el Día de los Derechos Humanos, los cubanos nos sentimos orgullosos de los logros que la isla alcanza en ese ámbito”

¡Pobrecita! Por artículos tan hipócritas como ese, yo no escribiría en el Granma, ni en otro medio estatal cubano, así me pagaran millones. Me daría vergüenza que mis coterráneos leyesen cosas como esa.

El gobierno cubano ha hecho su propia versión de los derechos humanos. Es algo así como lo que era en Roma. Los ciudadanos tienen casi todas las posibilidades de hacer, pensar y expresarse. Los esclavos, bárbaros, y otros advenedizos, no. En Cuba, quienes siguen la línea trazada por el gobierno son ciudadanos. Los que disienten son no personas. La diferencia es que Roma fue in imperio riquísimo mientras que Cuba es un desastre.

No voy a enumerar aquí todo lo que nos falta, pues eso está más que claro y bien definido.

La periodista Gabriela Ávila destaca que prueba del cumplimiento de lo exigido por la ONU desde 1948 son las visitas realizadas a Cuba por altos funcionarios de ese organismo, incluso invitados por el propio gobierno.

Por más de seis años trabajé como guía y traductor-intérprete para una agencia turística norteamericana llamada Worldguest, con base en New Orleans. Uno de los grupos especiales que me tocó atender, en 2004, fue a un grupo de diez periodistas norteamericanos que venían autorizados por el gobierno. Lo primero que hicieron fue contratar (bien pagada) a una profesora de leyes de la Universidad de La Habana para que les impartiera una conferencia sobre los derechos humanos en Cuba. La profesora vino al Hotel Parque Central y se reunió con los periodistas. No hablaba inglés, así que traduje. La primera pregunta definió toda la conferencia: ¿Por qué se eliminó el derecho a huelga de la Constitución cubana de 1976 si ese ha sido una de las mayores conquistas de la clase obrera? La respuesta desató una carcajada de los periodistas: “No se incluyó el derecho a huelgas pues en la consulta popular previa a la redacción de la Constitución nadie lo reclamó.”

Después fuimos a la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM). La primera pregunta que le dirigieron los periodistas al decano fue: “¿Cuánto gasta esta escuela al año?” El decano, sonriendo irónico, respondió: “Eso no se lo podemos decir pues después ustedes lo utilizarían contra nosotros.”

Ese mismo día nos trasladamos al Vedado, donde estaba organizada otra conferencia con varios abogados. Los periodistas preguntaron por qué a los tres hombres que intentaron secuestrar la lanchita de Regla los habían fusilado violando leyes y procedimientos penales de larga data. Dos letradas se deshicieron en explicaciones que ni ellas mismas creían.

De ahí fuimos a un elegante consultorio médico de la familia cerca del Palacio de la Revolución. La primera pregunta de uno de los visitantes al médico fue cómo había conseguido el flamante Lada 2107 estacionado en el garajito del consultorio, si había sido con su salario de médico general integral. El doctor no respondió.

Cuando salimos de allí, ya en el ómnibus, les dije a los periodistas que no se dejaran engañar por lo bonito que parecía todo, que el recorrido estaba preparado. Uno de ellos me dijo buenamente que ellos eran periodistas veteranos, que sabían dónde estaban metidos y podían ver más allá de los manejos.

Al otro día debíamos salir hacia el interior del país, pero al amanecer se presentó otra guía-intérprete del Consejo de Estado, muy bonita, que debía colaborar conmigo durante el resto del viaje. Decidí renunciar a esta tarea específica y así se lo comuniqué al dueño de la agencia y a mi jefe cubano, quien me dijo: “Bastante duraste con los yumas.”

En 2011 me expulsaron de la agencia Havanatur, donde había laborado por casi veinte años sin un error y con buenas evaluaciones -tengo el expediente- por “no idoneidad, y por no defender los principios de la Revolución”. Desde entonces me mantengo desempleado, sobrevivo boteando.

Como verán, puedo probar cómo se manejan los derechos de las personas en Cuba. Y claro, existen casos mucho peores.

Ojalá la periodista Gabriela Ávila lea este artículo. Resido en El Cerro, La Habana. Que le pregunte mi dirección a la Seguridad del Estado. Cuando quiera, puede venir a entrevistarme.
eduardom57@nauta.cu

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