Religión, Sociedad

El llamamiento de Dios (III)

El Vedado, La Habana, Manuel Morejón (PD) El llamamiento de Dios está asociado a la salvación (2 Timoteo. 1:9). Oír y contestar el llamamiento significa ser salvado del castigo y, a la vez, ser fortalecido para hacer frente a la vida en el futuro. Es un llamamiento que nos rescata de la pena y nos reviste de poder.

Ahora bien, la “salvación” es algo escatológico, es decir, que empieza aquí pero que va más allá de este mundo, que empieza en el tiempo, pero que tiene su consumación en la eternidad.

Hay cierto número de asociaciones de palabras con concepciones e ideas que abarcan tanto este mundo como el venidero.

Los cristianos son llamados a ser santos”, (hagios gr.) que significa, literalmente, “separado”. Una persona que es hagios, en el sentido cristiano del término, es la que se ha separado del mundo para consagrarse a Dios.

La santidad, según la enseñanza del Nuevo Testamento, no tiene que ver tanto con la situación de un hombre como con su dirección.

El cristiano es el hombre cuya vida se dirige a Dios, que vive con Dios y que, en un futuro, verá a Dios cara a cara.

El cristiano es llamado “de las tinieblas a la luz” (1 Pedro. 2:9). Es llamado de las sombras de la muerte, de la frustración y del pecado del mundo, a la luz del conocimiento de la vida de Dios.

El cristiano no es el hombre que vive sumido en una acumulación lóbrega de tinieblas, sino en la luz de un amanecer que ya apunta.

El cristiano es llamado a ” una vida y a una herencia eternas” (1 Timoteo. 6:12; Hebreos. 9:15). En el Nuevo Testamento, la palabra “eterna”tiene que ver mucho más con calidad que con duración de vida. Aionios “eterno” o “eterna”, que única y propiamente se puede aplicar a Dios; por tanto, “vida eterna” es la clase de vida que pertenece a Dios.

El cristiano es llamado para que salga de su agitada, manchada, frustrada y mortecina vida, y entre en la bendición de la vida de Dios.

Algunas veces esto se expone en otras formas.

El cristiano es llamado por Dios al “honor” (Hebreos. 9:15) y a alcanzar “la gloria de nuestro Señor Jesucristo” (2 Tesalonicenses. 2:14) y “la gloria eterna de Dios” (1 Pedro. 5:10).

El cristiano es el hombre llamado a la gloria. El llamamiento de Dios demanda mucho, pero, al mismo tiempo, promete más. “Gloria” es todo lo que ofrecen los cielos. El cristiano está invitado a participar nada menos que del esplendor de la vida de Dios.

El Nuevo Testamento no enfatiza tanto en el castigo que el hombre sufrirá como en la gloria que perderá si desoye el llamamiento.

Algunas veces, este llamamiento vendrá a los hombres a través de otros hombres. Pablo dice a los tesalonicenses que Dios les “llamó mediante nuestro evangelio” (2 Tesalonicense. 2:14).

La magna gloria del cristiano es que puede, si quiere, transmitir a otros el mismo llamamiento que él oyó.

El cristiano -y esto no quiere decir solamente el predicador- puede ser quien lleve a sus semejantes la gran invitación de Dios a la gloria.

Anotemos, finalmente, que la palabra kalein, se usa dos veces respecto de Jesús. Se usa con referencia a que Jesús “llamó” a los discípulos (Mateo 4:21), y también se utilizó con relación a que Jesús había venido a llamar al arrepentimiento (Lucas 5:32).

Jesús llama a los hombres a un compañerismo con él y a una nueva vida. El cristiano es llamado para ser amigo de Cristo, y, por implicación, es llamado a ser un nuevo hombre. Ambas cosas van juntas. La vida cristiana es, a la vez, una invitación al privilegio, a la responsabilidad y a la gloria. La tragedia de la vida es rechazar la invitación de Dios.
alianzacristiana777@gmail.com; Manuel A. Morejón

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