Política

El mayor perdedor en las elecciones

Lawton, La Habana, Paulino Alfonso, (PD) En las últimas elecciones de los EE: UU el mayor perdedor, quizás no fue el Partido Demócrata. Para mí, fue el castrismo. Paso a explicarme.

Para ganar tiempo, en los últimos años el régimen ha tratado de vender una imagen de liberalidad que solo existe tímidamente en Cuba en lugares tales como cafeterías, vendutas de viandas, tiendas de yerberos, barberos, etc.

Para eso Raúl Castro inunda el país con decretos, normativas y planes que nunca se cumplen. En el orden externo -el que verdaderamente importa a los Castro- estos ya lanzaron una ofensiva contra el gobierno de Obama. El régimen sabe que se decide su existencia.

Le preocupa que la catástrofe venezolana acabe por reducir drásticamente el subsidio que reciben desde hace algunos años.

La situación es tal, que el Sr Maduro, ya informó a la Habana y a todos sus patrocinados sobre la situación real de Venezuela y las perspectivas de reducción o del fin de la ayuda que reciben del chavismo.

Raúl Castro no es más que un anciano abrumado. Sabe que sus reformas económicas ni funcionan ni funcionarán por muchos decretos que firme, ni por tantos más o menos ministros que quite o ponga.

Lo demuestra con creces el aumento exponencial de cubanos que lo mismo por aeropuertos o por balsas, abandonan el país. La idea predominante es escapar de la Isla.

Con frecuencia, las auditorías confirman que el estado está lleno de corrupción e incompetencia. Si a esto se suma la falta de divisas frescas para importar comida y otros bienes esenciales, es obvio que por este camino el régimen no tiene futuro.

Aunque la deuda con la URSS y otros gobiernos fue condonada por los rusos y otros gobiernos de Europa y América, el gobierno castrista aún adeuda a la Unión Europea, Japón y Holanda, cerca de 40.000 millones de dólares desde 1986.

El sistema empresarial es totalmente improductivo: los trabajadores hacen como que trabajan, ya que el gobierno, hace como que les paga.

Ninguna de las producciones interesa a nadie, excepto a Venezuela, que las compra por solidaridad. En realidad, el régimen sobrevive, principalmente por el subsidio financiero y petrolero venezolano. Además de los ingresos por servicios médicos en el extranjero, la reventa del 30% del petróleo venezolana recibido, las remesas de los exiliados, la venta de información secreta obtenida por su espionaje, el turismo, algunas ventas de níquel, de tabaco en sociedad con socios extranjeros y últimamente hasta de sangre humana para transfusiones.

Eso, amén de las bochornosas donaciones que reiteradamente recibió a partir de transacciones irregulares por parte de socialistas brasileños, la dictadura angolana, el populista Correa y hasta Bolivia.

No es ocioso decir que de los cerca de 12 mil millones anuales que el régimen recibió del chavismo solo se invirtieron en el pueblo cerca de mil millones. El destino del resto, casi 11 mil millones es un misterio.

El precio del petróleo cayó y el caos creado por la ineficiencia absoluta del chavismo tiene a Venezuela al punto de que hasta los chavista más furibundos hablan ya de reducir los subsidios.

Habida cuenta de que Maduro ha resultado un desastre absoluto y como dice el refrán, “dos ahogados no pueden salvarse mutuamente”, Raúl Castro desesperado, pone mucho en licitación abierta a inversionistas extranjeros. Ya hay muchos proyectos en perspectiva que hasta hace poco eran privativos del ALBA.

Además, esperan -como náufragos una playa- los turistas yanquis que no han podido viajar a Cuba por la Ley Helms Burton. Tampoco han llegado créditos para comprar insumos yanquis para la vetusta industria azucarera.

Los Castro no están dispuestos a cambiar su régimen, pero creen que pueden cambiar a los norteamericanos y así eliminar, al menos en parte, el embargo. Eso, por suerte para Cuba, tampoco se logró.

En su paroxismo, Raúl Castro ordenó a los servicios castristas montar numeritos contra sus adversarios de la otra orilla como sucedió en su momento con el senador Bob Menéndez, en aquellos momentos presidente del Comité de Relaciones Internacionales del Senado, a quien quisieron acusar de haber tenido sexo con menores de edad en República Dominicana.

No obstante la derrota sufrida, los castristas no cejarán. Sus hilos llegan al Congreso, a la prensa, al mundo académico, al artístico e incluso al Pentágono. No olvidar que Ana Belén Montes espió para los Castro por cerca de 15 años. Hoy por esa razón extingue una condena de 25 años.

The New York Times, estímulos mediante, ha promocionado la lucha de los Castro contra el establishment.

En su momento, tuvieron el apoyo de varios “asilados” cubano-americanos vergonzantes como el congresista Joe García y Carlos Saladrigas, quienes oficiaron como vendedores de ‘medicina castrista’ a módicos precios, pero a pesar de todos los esfuerzos castristas, los republicanos ganaron.

Todo sigue y seguirá igual, ya quitaron a Cuba de la lista de países que apoyan al terrorismo, pero necesitan más. Raúl Castro se retuerce al ver que no ha logrado que se autorice lo que aún falta para que los tan ansiados billetes verdes del enemigo lleguen a su bolsillo.

Lo que van a hacer el régimen se desconoce. Lo cierto es que la situación empeora por día. Esperemos que para esta vez, no haya para ellos milagros salvadores.
palfonso44es@gmail.com; Paulino Alfonso

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