Sociedad

El mercado de los pobres

La Habana, Cuba, Agustín Figueroa, (PD) Existe un mercado que se ha hecho popular en las calles habaneras que tiene –aunque parezca increíble- sus fuentes de suministro en los contenedores de basura.

Como todo negocio, se encuentra organizado en departamentos, tales como recogida, almacenaje, reparación y venta.

El departamento de recogida se encuentra dividido entre buzos y leones, apodos por los que gran parte de la población identifica a las personas que recogen basura por las calles.

La mayoría de los buzos son ancianos. Buscan dentro de los latones de basura todo tipo de objeto o piezas aprovechables.

Los leones son los empleados que trabajan directamente en los camiones que recogen la basura en la capital.

Buzos y leones acopian todo lo que se pueda reparar o reciclar para vender y obtener alguna ganancia.

También hay algunas personas que compran lo recogido y lo almacenan y con posterioridad, después de pasar el proceso de selección y limpieza, y si es necesario repararlo, una vez terminadas estas tareas, trasladan la mercancía para el departamento de venta, que está cubierto por personas de la tercera edad que se sientan en los portales, paradas de ómnibus o mercados agropecuarios a exponer al público los artículos reciclados con el objetivo de comercializarlos.

La población ha bautizado estos lugares, casi siempre al aire libre, como mercado de los pobres. Allí se puede encontrar: un tornillo, una pila de agua, piezas de lavadoras rusas, gafas, libros usados, bolígrafo, zapatos, radios, lo que se busca y no se puede hallar en otro sitio.

Es una actividad prohibida, pero a pesar de las multas impuestas por inspectores y agentes del orden público, el negocio continúa porque la miseria se ha apoderado de amplios sectores de la sociedad.

Muchas personas, cuyos salarios no les alcanzan ni para alimentarse adecuadamente, acuden a este mercado para poder resolver alguna reparación casera con las piezas viejas que allí encuentran.

Carmen Garrido, de 24 años, de edad, cuenta que siempre que tiene un tiempo pasa por el mercado de los pobres. En una ocasión resolvió allí el problema del calzado para sus hijos. Explica que unas chancletas en las tiendas cuestan 15 cuc y los tenis más baratos, 25 cuc y que no duran más de dos meses porque la mercancía que venden en las shoppings lleva mucho tiempo almacenada y se encuentra en mal estado.
Ella quisiera poder comprarles a sus hijos lo mejor, pero el salario no le alcanza ni para alimentarlos como Dios manda. Los tenis que ha comprado en estos lugares no son nuevos, pero resuelven la situación de sus hijos y le salen baratos, porque ella no puede pagar los precios abusivos que tienen las tiendas estatales.

Gabriel Santisteban es un anciano que tiene en su casa un taller donde repara lavadoras, batidoras, planchas, ventiladores, cualquier equipo viejo, la mayoría importados del extinto campo socialista. Visita el llamado mercado de los pobres, porque allí encuentra piezas para los equipos que repara. Muchas de esas piezas no las hay en las ferreterías del Estado y tampoco las venden los cuentapropistas.

“Gracias a este mercado muchas personas pueden reparar sus equipos”, asegura Gabriel, “porque la población posee equipos electrodomésticos obsoletos y no tiene forma de cambiarlos, porque los de última generación que venden en las tiendas del Estado, no están al alcance del cubano promedio.”

Gracias a estos mercados de los pobres, oficialmente considerados ilícitos, pueden sobrevivir a la crisis económica que atraviesa el país.
comuni.red.comunitaria@gmail.com; Agustín Figueroa; Móvil 54262837
*Red Cubana de Comunicadores Comunitarios

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