Economía

¿El nuevo gran salto?

Lawton, La Habana, Paulino Alfonso, (PD) En los últimos tiempos los economistas han ascendido en la escala en la corte milagrera en la que se ha convertido mi país en los últimos 58 años.

Ahora que se les tiene en cuenta, se habla de crecimiento del PIB, de inversión extranjera, de tasas de interés, sin saber en muchos casos de qué se habla, pero como es lo chic, lo dicen, y lo que es más aberrante, lo convierten en artículos periodísticos.

Había un chiste, de cuando creíamos en Marx y Lenin y reíamos con el payaso Oleg Popov, que trataba de un ruso, un norteamericano y un cubano que discutían cuál era el país que tenía el arma más poderosa, y el cubano amenazó con que a Cuba le bastaba con enviar dos de sus economistas en paracaídas para acabar con las dos potencias.

Por entonces, los economistas cubanos éramos profesionales inútiles, opacados por el voluntarismo político. Fidel Castro había proclamado la inutilidad de los economistas al inicio de aquel rapto de locura suyo que fue la zafra de los 10 millones.

Fidel Castro dijo que la Unión Soviética comenzó el comunismo en bicicleta, pero los cubanos lo estábamos haciendo montados en un cohete.

Eran los tiempos de la Ofensiva Revolucionaria, el Cordón de La Habana, la vaca Ubre Blanca, el toro Rosafé, el SURE (un sistema presupuestario inventado por Che Guevara), el cálculo económico, el sistema de dirección y planificación y un grandísimo etcétera. La “ayuda desinteresada” de la URSS, su generosidad y solidaridad indestructible parecían verdades imperecederas. Nos decían que el futuro pertenecía al socialismo. Parecía que estábamos a las puertas del paraíso…

Varias décadas después, nos arrullan con los cuentapropistas, los Lineamientos, la Conceptualización del Modelo Económico-Social del gordo Marino Murillo, la Zona Especial de Desarrollo de Mariel, las inversiones extranjeras, para alcanzar, sin prisa, pero sin pausa, el socialismo próspero y sostenible.

Palabras y frases bonitas, pero que no aclaran cómo y cuándo se harán al fin las cosas que es preciso hacer. Son como una hoja de ruta, bastante difusa, que señala la salida del subdesarrollo para el año 2030. Traducido en palabras simples, significaría mejor alimentación, más viviendas, mejor nivel de vida para los que por entonces habiten en la isla.

¿Será este, ahora sí, el gran salto hacia delante?

Por estos días, varios economistas cubanos -no de los que como yo se alegran de los fracasos económicos del régimen, sino de los gurús económicos de Raúl Castro- expresan dudas sobre este nuevo gran salto.

Faltan 13 años para que llegue el 2030, pero, todavía el embargo norteamericano está tan duro como El Morro, la economía cubana no crece, las inversiones extranjeras no alcanzan los 2 mil millones de dólares anuales que el gordo Marino Murillo profetizó, ni ha terminado la dualidad monetaria…

El problema radica entre los derechos del régimen y los del pueblo, entre lo falsamente colectivo y/o lo personal, y la tremenda corrupción existente, que es lo que hay detrás de las pausas, y por qué no, también detrás de las prisas.

Es muy difícil, casi imposible, lograr progreso económico sin libertad, eficiencia económica sin creatividad individual, responsabilidad individual sin libre empresa. Si Trump atrasa el reloj hasta el 17 de diciembre de 2014 ¿qué va a hacer el régimen castrista? Nada puede hacer, excepto seguir la conga del anti-imperialismo, inventar nuevos héroes y buscar en América Latina otro iluminado a quien venderle, como al difunto Hugo Chávez, el socialismo del siglo XXI, para como dice Pánfilo, el bufón de televisión raulista, poder vivir del cuento otros cincuenta y ocho años más.

Es difícil que lo consiga. Afortunadamente para los cubanos, al régimen castrista ya se le están terminando los cuentos.
palfonso44es@gmail.com; Paulino Alfonso

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