Periodismo, Sociedad

El primer artículo en la prensa cubana sobre las jineteras

Plaza, La Habana (PD) La Revista juvenil Somos Jóvenes publicó hace cerca de 30 años, en septiembre de 1987, en el número 93-94, un reportaje titulado: El Caso Sandra. El tema central de aquel trabajo fue dirigido hacia las mujeres de “vida fácil”, que en el argot popular denominan jineteras.

Aquel artículo, el primero que apareció en la prensa cubana sobre el jineterismo, constituyó un escándalo en su época.

La primera curiosidad que encontramos en aquel artículo es que el redactor firmaba Luis Manuel, solo puso su nombre sin apellidos, por tanto deja con cierto anonimato al autor real del escrito. Lo mismo pasó con el ilustrador, que firmó como Fran y que nunca plasmó fotografías que mostraran el ambiente al que se refería.

Una especie de introducción nos brindaba un primer elemento sobre el lenguaje en clave usado por estas féminas. Por ejemplo, “hacer el pan”. Y no era precisamente porque las jineteras hicieran su trabajo en el mismo horario que los panaderos: durante la noche.

La larga crónica, que abarcaba 14 páginas, detallaba la vida de una mujer con el supuesto nombre de Sandra. Nos contaba de las vicisitudes de su niñez. Fue la mayor de cinco hermanos, no conoció a su padre hasta la edad de 11 años y se crió, de forma solitaria, una parte de este tiempo, con una tía que le inculcó como filosofía la autodefensa agresiva.

Su infancia y adolescencia, mientras se encontraba bajo la protección de la madre, fue mantenerse encerrada en la casa, donde era obligada a realizar las labores domésticas desde los 7 años y cuidar a sus hermanos menores. Tenía prohibido salir a la playa, a la casa de las amigas y otros paseos para su distracción. Durante esos primeros 11 años cambió de escuela nueve veces.

Comenzó el calvario de su existencia cuando ya algo mayor, recibió palizas de su padre por llegar tarde al domicilio, pedir dinero a las personas en la calle, salir a fiestas sin permiso, y hasta llegó a ser detenida por la policía al robar en una tienda.

El padre la botó del hogar a los 15 años al sorprenderla con su segundo novio cuando al parecer hacía el amor en la escalera de un edificio. A partir de entonces empieza un peregrinar por distintos trabajos y sitios donde pernoctar, además de llevar una serie de relaciones con hombres por tiempos cortos y de manera irregular.

Su iniciación en el oficio de la prostitución se produjo cuando conoció a una señora de este ambiente llamada Teté en la funeraria La Nacional, sita Infanta y Benjumeda, en Centro Habana. Esta mujer le enseñó cómo ejercer la prostitución al llevarla a lugares en la Habana Vieja y hoteles de lujo, donde podría conocer extranjeros para obtener las divisas o ir a comprar artículos con ellos en las llamadas shoppings.

Era una descripción minuciosa de todos los incidentes de esta joven. Según se nos informaba al final, este personaje era una suma de muchas mujeres dedicadas a ejercer el meretricio y explicaba los diferentes factores sociales y económicos que conllevaban a estas personas a una existencia tan vil.

Podemos entonces cuestionar hoy, ¿Por qué surgieron estos problemas en un sistema señalado como perfecto por el gobierno? ¿Cómo se mantienen aún hoy los mismos problemas?

Otras interrogantes más se pueden formular. Su respuesta: son parte de la gran decadencia social y económica en la cual nos encontramos dentro del actual sistema que se insiste en mantener por la cúpula gobernante, que ya admite su bancarrota.

Lo más triste de esta historia es que las Sandras, lejos de desaparecer, se multiplican. El futuro luminoso que nos anunciaron sigue yéndose a pique. ¡Qué pena! ¡Pobre juventud!
jorgelibrero2012@gmail.com

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