Economía

El timo del salario en Cuba (IV)

Miami, USA, Miguel A. García, (PD) En la parte III de esta serie de artículos de Economía Política  basados en el ensayo “Las retenciones y los impuestos al salario en Cuba. 1959-2016 Análisis crítico”  abordamos entre otros un grupo de términos lingüísticos medulares, estableciendo la relación entre los conceptos “salario real”, -es decir el poder adquisitivo del salario analizado longitudinalmente- y el concepto “Nivel de vida de la población”, aunque aclaramos que este último concepto no se limita a la capacidad adquisitiva del salario, pero sí tiene como base esta categoría económica.

Analizamos en el mencionado artículo una selección de tablas y gráficas, -entre cientos disponibles-, porque procediendo de fuentes políticamente opuestas COINCIDEN en el análisis de los datos.

La primera fuente (Tabla número 1) “Cálculo del Salario Real. Cuba 1989-2006”, se corresponde con una publicación del Centro de Estudios de la Economía Cubana. Universidad de La Habana, 2007.

La segunda fuente (Tablas y gráficas número 2 Cuba: “Tasa de Inflación y precios del consumidor en porcientos”) fue tomada de una publicación de CIA World Factbook es decir la página pública de la Agencia Central de Inteligencia de los EE.UU.

La primera cita recorre datos de entre 1989 y hasta 2006 (fecha de publicación 2007), la segunda analiza los datos entre 1999 y 2013, es decir con un solapamiento analítico de siete años (1999 al 2006).

Hago esta salvedad analítica de coincidencia entre fuentes políticamente contrarias para referirme a un viejo concepto no abordado hasta ahora en los detalles de esta serie de artículos: La objetividad del analista.

Precisamente la ausencia de objetividad en la información pública sobre asuntos cubanos,  es junto a la archiconocida falta de transparencia informativa una de las prácticas recurrentes del aparato estatal cubano y por ende de sus entidades especializadas. En este caso voy a referirme a los informes de la ONEI (Oficina Nacional de Estadísticas e Información).

Como es lógico en unidades tan especializadas como la antes mencionada ONEI, no es de esperar errores de bulto  que calcen la subjetividad política del momento, sino OMISIONES estructuradas en sistema. Me explico:

De la misma forma que el gobierno cubano se empeña en convencer al mundo que subvenciona la alimentación de su población – cuando en realidad lo que subvenciona es el hambre con los propios recursos del hambriento – de ahí la manipulación del concepto CANASTA BÁSICA ya abordado en las partes anteriores de esta serie y cito:

“En el caso cubano la existencia de una cartilla de racionamiento (denominada eufemísticamente “de abastecimientos”) con anterioridad a la generalización del indicador “Canasta Familiar” en los organismos internacionales, ha permitido al aparato de propaganda cubano, confundir conceptualmente los términos tanto de cara al exterior como al interior del país.

Es una confusión bochornosa y mal intencionado. La cartilla de racionamiento cubana, aún en sus mejores tiempos -muy lejanos ya- solo garantiza dos semanas de alimentación no muy balanceada, que debían extenderse a cuatro semanas en precario. Es por así decirlo, la única fuente de alimentos a precios acordes con los salarios y por ende NUNCA ha estado subvencionada.

Lo sería si no existieran dos condicionantes que desmienten la teoría de la subvención del hambre por parte del estado explotador, a saber;

Primero: Los precios de la cartilla de racionamiento se mantuvieron inalterables -congelados- hasta 1980. Ese año en medio de la “Reforma General de Salarios y Precios”, junto al ligero incremento de los salarios, también “congelados” en su mayoría desde 1962 y en su totalidad desde 1967; se procedió al incremento de los precios de los productos racionados en una proporción similar al incremento salarial.

Segundo: Desde que el estado expropió a su favor todas las empresas del país, comenzó a ingresar en su estado de cuentas la totalidad de la plusvalía derivada de toda actividad económica y sin embargo el Índice de Precios al Consumidor de los artículos no normados por la cartilla de racionamiento (que mantuvo durante años, una versión aún más raquítica para los productos industriales) inició un incremento escalonado y en determinadas épocas explosivo. No podemos olvidar que estamos analizando un proceso socio-económico de más de cinco décadas”.

De esa misma forma instrumenta el análisis estadístico sobre los ingresos de la población a través de herramientas de cálculo improcedentes; la más utilizada es el llamado SALARIO MEDIO.

Quisiera referirme a una anécdota ilustrativa, referente a la costumbre popularizada de utilizar el estadígrafo de tendencia central conocido como MEDIA. La narro como recurso didáctico basado en una experiencia personal.

En 1991 (ya iniciado el periodo especial con posterioridad a la caída del muro de Berlín en mayo de 1989) fue publicado en la Revista Bohemia un artículo-entrevista a un médico especializado en atención geriátrica del municipio Plaza de la Revolución en La Habana.

El artículo fue redactado por la periodista Ada Oramas -ya fallecida- de la Redacción Central de la mencionada revista.

En ella el galeno, con un franco discurso propagandista de la salud pública cubana, comete un error de bulto, evidentemente relacionado a su ignorancia estadística en el propio sector donde laboraba: CONFUNDE, RELACIONA Y ARGUMENTA la MEDIA DE VIDA ABSOLUTA con la ESPERANZA DE VIDA.

Desde el Departamento de Desarrollo y Metodologías del Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas  (CNICM), escribimos a la periodista aclarando la confusión de términos, pues el galeno de referencia argumentaba una edad media de mortalidad de la población, coincidente con el indicador Esperanza  de Vida. Ello motivó una visita de la reportera, acompañada de un fotógrafo para una entrevista con el que redacta este artículo en las antiguas dependencias del Departamento de Desarrollo sito en Calle E y 19 del Vedado habanero.

La entrevista se transformó desde su inicio en  una reunión de presión administrativa  donde se intentaba que nos retractáramos de la carta enviada para la aclaración del error. Finalmente y ante nuestra negativa de comulgar con el disparate, solo publicaron un fragmento de la carta de marras en la sección “Cartas  de los lectores” de Bohemia.

Es totalmente imposible que la Esperanza de Vida y la Media aritmética de edad de fallecimiento en la población de toda una nación coincidan -que es como popularmente se interpreta el término-, si bien la propagación del error sigue su curso. Las propias metodologías publicadas por la ONEI así lo explican.

Lo mismo ocurre, pero esta vez de manera oficial cuando las referencias al salario de la población solo se limitan al llamado SALARIO MEDIO.

En un país donde durante decenios se ha ignorado la relación entre Salario Nominal y el Índice de Precios al Consumidor -ignorancia ex profeso que se mantiene en la práctica- utilizar la media aritmética en cualesquiera de sus variantes (datos no agrupados, datos en tabla de frecuencia, datos agrupados en intervalos etc. etc.) crea una falsa imagen de mejora salarial cuando los incrementos salariales siguen muy por debajo del incremento de los precios y generan adicionalmente la falsa expectativa de que los salarios crecen de forma generalizada.

Si se quiere saber la realidad sobre el comportamiento del incremento o no de los salarios se debe partir de la relación entre el Salario y el IPC , así como del Salario Frecuente ; resultado de calcular la Moda Salarial, complementando la información con la publicación de los diferentes tramos salariales y la cantidad de población comprendida en cada tramo o estrato; igual da que estemos hablando de las fuentes de trabajo estatales o privadas (incluyo en esta bolsa las grandes empresas de capital extranjero, los pequeños propietarios y el sector “cuentapropista”) separadas en la actual legislación impositiva y por ende en los registros de operaciones.

Existe otro problema subyacente derivado de la política oficial para la desinformación programada a la población; de lo cual es tributaria incluso hasta la prensa independiente y es – creo que es la cuarta vez que lo expreso en esta serie de artículos- la distorsión de la subjetividad en la formación de conceptos.

Son raros los artículos que se refieran  al salario sin que obvien el concepto “salario medio” como meta deseable de mejora. Sin embargo, en la práctica económica bajo las circunstancias antes descritas, el gobierno podrá hacer incrementos salariales de forma tal que el llamado salario medio suba nominalmente, sin que nada cambie, o incluso aunque todo empeore.

Sin embargo, artículos de reciente actualización en la prensa oficialista cubana, comienzan a mencionar preocupaciones derivadas de la larga práctica secretista; sobre todo cuando dicha práctica choca con las exigencias metodológicas para los intentos de inserción de Cuba en los organismos que rigen la economía mundial.

Por ejemplo, en su artículo  “¿En qué actividad y en qué provincia se gana más?” el periodista del Diario “Juventud Rebelde”  René Tamayo León recorre la información de los reportes de la ONEI. Al margen de la descripción y aporte fragmentado de algunos datos el reportero oficialista sigue la metodología de siempre, como en el deporte; mirar las señas del umpire y seguirlas al pie de la letra.

No obstante es un signo; no de apertura, por supuesto. Sino de la urgente necesidad de actualización en la metodología del timo, que a no dudarlo ya viene en camino.

Sigamos con los conceptos: Salario Mínimo Interprofesional

Algunasdefiniciones sobre Salario Mínimo, definen esta categoría económica como base para el cálculo de las diferentes escalas salariales y hasta del salario máximo como una barrera para evitar que se disparen los costos de producción y con ello el incremento de lPC. El asunto está en debate teórico, por supuesto no en Cuba, donde el gobierno regula los precios a voluntad y a despecho de las leyes del mercado.

Cita: “La remuneración mínima, salario mínimo o sueldo mínimo, es la cantidad mínima de dinero que se le paga a un trabajador en un determinado país y a través de una ley establecida oficialmente, para un determinado periodo laboral (hora, día o mes), que los empleadores deben pagar a sus trabajadores por sus labores. Esta reglamentación fue establecida por primera vez en Australia y Nueva Zelanda en el siglo XIX. Los costos y beneficios de los salarios mínimos legales son aún objeto de debate. La cuantía del salario mínimo se utiliza para establecer el salario máximo” «Por un salario máximo sectorial, interprofesional y más», en Cultura para la Esperanza: Instrumento de Análisis de la Realidad, n. º 85, págs. 24-27, 2011/ fin de cita y referencia.

Por otra parte, luego de algunas correcciones salariales a inicios de los años sesenta, el Salario Mínimo se mantuvo en 80 pesos cubanos -salario mensual-, hasta la Reforma General de Salarios de 1980 en que subió a 100 pesos mensuales. Por esa época, por ejemplo; la carne de cerdo en mercado paralelo estatal -mercado de precios acordes a la inflación que comenzó sus primeras gestiones comerciales en 1978 – se mantuvo sostenidamente a un precio de $4,50 CUP la libra hasta la llegada del llamado Período Especial a mediados de 1991. Sin embargo el Salario Mínimo Interprofesional se mantuvo inalterable hasta el año 2006 que se subió a $225.00 ($9 USD al cambio oficial) cuando la libra de carne de cerdo supera en los mercados de la capital el límite de los $30.00 ($1,33 USD al cambio oficial).

Para el lector que no es oriundo de Cuba, ha de significarse que la carne de cerdo constituye la principal fuente proteica al alcance de la población.

Para establecer un estado comparativo objetivo, visualicemos una tabla de 2011 referida a los Salarios Mínimos Ínter-profesionales de algunos países centroamericanos:

(Continuará) Parte V: Evolución cronológica de la depauperación salarial y complicidad de organismos internacionales en el proceso de raqueterismo extraterritorial a los trabajadores cubanos.

director.centroinformacion@gmail.com; Miguel A. García

 

 

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