Política

El Trueno

El Cerro, La Habana, Emaro, (PD) La tarde del pasado 17 de junio, el presidente Donald Trump, en un discurso en Miami, finalmente dejó claro cuál va a ser su política con Cuba de ahora en adelante.

Tenía planificado ir a sentarme en la sala de una vecina, viuda reciente de un coronel del MININT, que tiene un cable ilegal para ver la TV de Miami en un pantalla plana de metro y medio de ancho. Me gusta ver bien y conocer de primera mano todo lo que sucede en este universo, y dónde mejor que en un super TV en HD. Pero una tormenta tropical medio comunistona ella tumbó la señal. ¡Qué cosa! Así, vi el discurso de Trump en la sala de mi casa, por Telesur, con un pésimo traductor que se comía frases enteras.

Me atrajo de inmediato, en cuanto apareció, la cara algo rara pero graciosa de Trump, su pelo intensamente dorado -o debía decir rubio- y su traje impecable (el tipo es un dandy). Política aparte, me cae súper-simpático.

Cuando volví la vista para ver a mis vecinos en la sala, mi hermano y mi madre, sonreían111111.

Trump es un tipo carismático, supo dominar la escena todo el tiempo y habló dejando grandes pausas para poder percibir los grandes aplausos que le regalaban con frecuencia. Debería ser un animador de un gran show, pues talento tiene. Bien por él. Otra cosa es la política. Mido el éxito de las palabras y los conceptos por la reacción que genera a quienes van dedicados, y en Cuba se formó tal alharaca que me sirve bien. Trump dio donde dolía. Dos semanas después, en nuestra prensa se escuchan los ecos rabiosos de expertos, estudiosos y demás políticos quienes están muy molestos. ¿Por qué si el hombre hizo exactamente lo que todos esperaban que hiciera?

Mi hermano llama El Trueno a Trump, pues cuando habla, aunque sea por Tweeter, todos tiemblan. Todos menos los disidentes cubanos. Por primera vez, un presidente de los Estados Unidos invita a su tribuna, saluda y llama por sus nombres a numerosos miembros del ya grande ejército de la resistencia contra el castrismo dentro y fuera de la isla. No dejaron salir a José Daniel Ferrer ni a Berta Soler, líderes de la UNPACU y las Damas de Blanco, respectivamente, pero allí estaba Antúnez, el durísimo negro de Placetas y otro montón de cubanos ex presos políticos, y otros ex, incluso un violinista. ¡Qué bien!

Aquí, y en otras naciones acólitas, no hacen más que lamentarse y reiterar el ya muy gastado discurso de que “no cederemos ante el enemigo”, que “no se cambiará ninguno de los principios revolucionarios”, etc., etc.

Dicen que este presidente ha destrozado lo poco que había logrado en anterior, pero la evaluación es muy simple: ¿Qué ha mejorado para el 99% de la población, los de a pie, con la mejoría de las relaciones Cuba-USA? Nada. Más bien hemos empeorado pues lo que más importa y estresa al cubano de a pie es la comida (tan mal estamos) y los abastecimientos se han hecho más erráticos y escasos, la economía decrece, todo empeora. Incluso se ha visto más represión.

¿De qué nos sirvió que Obama haya suavizado las tensiones del gobierno con esperanzas incumplibles de grandes créditos y abundantes envíos de mercancías baratas? Eso estaba claro que no iba a suceder. La situación solo ha hecho empeorar y el gobierno continúa ignorándolo, amenazándonos con más de lo mismo por lo menos hasta 2030, cuando uno de cada tres cubanos seremos muy ancianos y los demás estaremos en remojo, en la nación más envejecida del planeta.

Si algo tiene Trump es que habla claro y directo. Nada de frasecitas hechas, clichés y estupideces que nada dicen, como hacemos nosotros.

La dignidad y los principios no se pueden cocinar, no se comen.

Me pareció bien que Trump le dijera a los gobernantes cubanos las cuatro verdades que no querían escuchar y que nadie les había dicho en una tribuna de aquel nivel.

Podemos estar de acuerdo o no con lo que ha dicho Trump. Eso depende del bando en que estemos o dónde nos sentemos en los estamentos de esta sociedad socialista, donde algunos somos un poquito más iguales que otros.
eduardom57@nauta.cu; Eduardo Maro

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