Sociedad

En el MININT también trapichean con la gasolina

El Cerro, La Habana, Emaro, (PD) Sentado al volante de mi taxi, a la espera de que aparezca un cliente, observo a través del espejo retrovisor a un señor que conozco del barrio y quien conduce un Moskvich destartalado, entregar a otro hombre un recipiente plástico con cinco litros de gasolina.

El litro de gasolina en el mercado negro está a un precio de 20 pesos. En este caso, el señor vende gasolina especial, la cual, cuando la hay, tiene un precio oficial en las gasolineras de 1.50 dólares el litro (unos 38 pesos).

Este señor, abastecedor ilegal de combustible, es chofer de varios autos Ladas con matrículas verde olivo del MININT. La numeración de las matrículas de esos autos que conduce comienza con H03, lo cual indica que pertenecen al Departamento de Seguridad del Estado (DSE).

¿Cómo puede vender combustible? Pues porque a su jefe (el oficial a quien él le maneja) se le entrega una tarjeta o varias con combustible pre-pagado por el Estado y a los del DSE no se le hacen muchas preguntas. Sus autos, sus teléfonos celulares y sus gastos de todo tipo, constituyen prioridad fundamental del gobierno.

El oficial a quien está asignado el vehículo, recibe la tarjeta y se la entrega a su chofer, el señor del Moskvich destartalado, para que este se traslade al servicentro (hay uno justo frente a Villa Maristas) para que llene el tanque del coche oficial mientras él está en la oficina.

El chofer llevará entonces el auto abastecido a una zona apartada –o puede que a su casa- y extraerá casi todo el combustible en manuables y cómodos recipientes de a cinco litros que venderá a cien pesos (4 dólares) cada uno como mínimo. El dinero es compartido posteriormente con el oficial. Este último, ya agotada la tarjeta, pedirá una nueva. Las vacías, sin averiguaciones, son recargadas de inmediato por el MININT.

Esta es una de las muchas formas que algunos miembros del MININT tienen de complementar, con moneda convertible, sus nada despreciables salarios.
eduardom57@nauta.cu; Eduardo Maro

Deje un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*