Internacional

En Francia, la chusma perdió

Burdeos, Francia, Luis Tornés, (PD) Dicho así, sin rodeos, esta noche en Francia la chusma perdió la elección presidencial pero no habrá sido solamente el descalabro del neofascismo francés en las urnas ni tampoco la derrota de una horda ignorante y minoritaria, incapaz de admirar la sinergia exponencial del mundo. También y, fundamentalmente, esa derrota es la victoria del espíritu de la República, de una visión prospectiva y racional de la gente que entendió, como algo infamante, la instrumentalización política del estigma étnico y de la exclusión. ¡ Todos contra Le Pen ! fue la voz que recorrió la geografía gala este 7 de mayo para que, otra vez, venciera la República que, desde su nacimiento, es execrada por los neofascistas y sus ancestros políticos del siglo XIX.

Venció la República en la persona de un Emmanuel Macron al que aguardan grandes retos durante los próximos cinco años que, ni por asomo, será un lustro de mieles ya que Francia soporta seis millones de personas sin empleo a merced de la ayuda pública y porque mucha gente votó por Macron no porque él fuese santo de sus devociones sino sencillamente para hacer imposible la pesadilla de una Marine Le Pen en el poder.

Cabe escribir aquí que esa señora fue recibida por Vladimir Putin solamente unas semanas antes de la elección presidencial francesa y también cabe decir que los millonarios préstamos bancarios facilitados a su partido provienen de bancos rusos.
Macron es entonces, la criatura política del sentido común y de lo que, mayoritariamente, el pueblo no quiere para Francia, es un liberal de 39 años cuyo discurso huye de la fantasía y de las aproximaciones teóricas. Con Macron en el poder, quizá la Unión Europea acaba de escapar a su supuesto y anunciado fracaso y Francia saldrá al fin de sus ínfulas grandilocuentes de bonapartismo trasnochado o dicho de otro modo : ¿ La República ?, OK, ¡ Una e Indivisible ! pero, por Dios, que sea moderna y abierta al mundo.

Los obreros marginados y muchos simpatizantes comunistas de los años 90 pasaron progresivamente a las filas de la extrema derecha como el que toca fondo y encuentra de momento un regazo en medio del desastre. Primero habían perdido sus empleos y luego sus ilusiones, al descubrir la impostura ideológica del totalitarismo a raíz del derrumbe del Muro de Berlín.
Los ex camaradas, el individuo de mecha rubia que se las da de «galo genuino», el troglodita bufón de barrio, el confeso negacionista del Holocausto y el intelectual de pacotilla conforman el hatajo redomón de la sociedad francesa cuyo común denominador es creer a rajatabla que Francia es una isla. Ellos son la antítesis letal de lo que es Francia, suculenta diversidad de mujeres y de hombres libres. Esta noche, la chusma perdió.
lgta58@gmail.com; Luis Tornes

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