Sociedad

Escenas cubanas: Las lanchitas de Regla

Un homenaje a Rogelio Fabio Hurtado

Salir a dar un paseo cotidiano significaba, para mis modestos padres, dos cosas: la primera, visitar a la familia que vivía como nosotros en la capital, la otra consistía en “dar una vuelta”. Esto tenía como objetivo, “salir de la casa” e ir a lugar abierto “a coger fresco”.

Siempre que me preguntaban a dónde quería ir, contestaba de forma invariable: “a la lanchita de Regla”. Mi madre no le gustaba mucho esta idea, pues tenía temor a cruzar la bahía, pero prevalecía mi gusto de niño por este viaje al lado de mis progenitores, que siempre me complacían.

Tomábamos la ruta 18 en la esquina de San Joaquín y Zequeira, a media cuadra de donde vivíamos. Este ómnibus de la Cooperativa de Ómnibus Aliados (COA), nos conducía directamente al Muelle de Luz, para coger allí la embarcación. Pedíamos la transferencia de 2 centavos por encima de los 8, que costaba el pasaje y todo resuelto.

Esas lanchas de entonces tenían bastantes asientos, no como las actuales, que se diseñaron para transportar prioritariamente bicicletas.

Mi deleite era ser colocado en una ventanilla para mirar el agua y los barcos anclados en el puerto.

El viaje duraba 5 minutos y funcionaban tres o cuatro barcos para realizar el breve trayecto.

En cada muelle, de ambos lados, estaba una lancha que cargaba pasajeros y las otras dos en el proceso de tránsito se cruzaban por el camino. Cuando una llegaba, la otra salía, nunca había demora.

La estancia en la orilla de Regla, donde había un amplio desembarcadero, hoy casi destruido, consistía en bajarnos, caminar por las cercanías un breve rato, tomar una Coca-cola y montarnos en otra embarcación de vuelta.

El regreso seguía el mismo trayecto, pero a la inversa.

Este paseo se hacía con menos de un peso de gasto en general, algo que estaba al alcance de cualquier persona.

Aún se mantiene este servicio, que data del siglo XIX. Hoy con el nuevo espigón de cristales, carece del encanto que entonces tenía.

Valgan estos recuerdos para preservar la memoria de un lugar acogedor para los capitalinos y darlo a conocer a las generaciones del futuro.
jorgelibrero2012@gmail.com; Jorge Luis González Suárez

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