Sociedad

Estampas Cubanas: Aquellos productos comerciales famosos

Plaza, La Habana. Jorge Luis González (PD) Hace unos días tuve entre mis manos una revista Bohemia de la época republicana. Me trajo cierta nostalgia al contemplar en sus páginas los anuncios de la gran variedad de artículos que se ofertaban por esos días.

Estas promociones aparecían en los distintos medios publicitarios, los periódicos, la radio, la televisión y las grandes vallas o carteles que se colocaban en sitios bien visibles, para estimular el consumo de los productos en la población.

La mayor cantidad de propaganda la encabezaban las compañías comercializadoras de jabones y detergentes. Basta un ejemplo para darnos cuenta de ello: aun en los años 90 del siglo anterior se calculaba que un minuto en TV costaba alrededor de 21 000 pesos.

Citaré algunos de las producciones más renombradas en su momento. Comenzaré por el detergente FAB, producido por Crusellas y compañía, pero que en realidad era una firma norteamericana que controlaba en mayor por ciento de sus acciones.

Los envases de diferentes tamaños eran cajas de cartón, excepto los más pequeños, que eran sobres de nylon. El color que identificaba la marca era azul y su lema rezaba: “Ropa limpia, blanca, fragante, solo con FAB súper remojante”.

Otras producciones de la misma empresa eran el jabón blanco y amarillo Candado, el jabón de tocador Palmolive y la pasta dental Colgate. Estos dos últimos artículos, muy reconocidos en el mundo, aún existen y poseen una amplia venta.

Su mayor competidor era el detergente ACE. Pertenecía a la compañía Sabatés. El color que tipificaba el envase era rojo. Los cubanos, que encuentran un chiste para todo, decían que era una competencia entre el Habana y el Almendares, en referencia a las dos ligas de la pelota nacional más populares de entonces.

Esta empresa también tenía entre sus productos básicos, el jabón de lavar blanco Oso y los jabones de tocador Camay y Suave. Añadieron con el tiempo otro detergente con la marca Tide, que contaba con un fuerte capital de otra firma de los Estados Unidos.

Entre los productos alimenticios no podían faltar los jamones y embutidos. Los que más se divulgaban eran los chorizos El Miño y el jamón Niágara. El comercial de esta última mercancía decía: “péguese al jamón, pero que sea Niágara”. La frase guardaba un doble sentido con respecto a la forma de actuar de muchos políticos en la República.

Nuestra tradición alimentaria con mucha influencia de la Madre Patria, nos enseñó a consumir el chocolate. Había dos industrias importantes en ese renglón, La Estrella y La Española. Una promoción de la segunda empresa rezaba: “Las cosas claras y el chocolate a la española”. Igual al caso anterior señalado, este mensaje tenía como base una frase popular para indicar que había que hablar con claridad, pero que el chocolate se tomaba espeso.

Había un sinfín más de productos que eran muy bien identificados por la población. Vienen a mi memoria el arroz Jonchí. Su slogan fue: “Chí que crece, Chí que desgrana, Chí que le va a gustar”.

La grasa que más se consumía era la manteca, que tenía mayor demanda que el aceite, La marca que más recuerdo era la manteca Conchita, que venía en cajitas y traía hasta algunos chicharroncitos de puerco dentro.

El aceite de mayor demanda era el importado, de oliva. Había muchas marcas. El nacional más identificado era El Cocinero, que se elaboraba a base de girasol. Este es tal vez uno de los pocos productos que aún subsiste de esos tiempos.

Confituras, refrescos y otros artículos industriales se encontraban por montones en el país, ya fueran de importación o cubanos. Recordemos las galletas de sal Gilda y El Gozo. La primera con el jingle parodia de un cuplé de Sarita Montiel, la segunda con su enunciado: “Como gozo con la galletas El Gozo”.

Estaban las galletas dulces Siré y María. Los refrescos Coca-Cola, más que popular con su breve mensaje de: “Tome Coca-Cola”. Pepsi-Cola y su comercial de: “Pida Pepsi” y una larga lista más de productos, que harían interminable esta sencilla estampa.

Un frase muy repetida es “Recordar es volver a vivir”. Hoy que encontramos nuestros mercados casi vacíos y unos precios exorbitantes, añoramos volver a vivir esos tiempos.
jorgelibrero2012@gmail.com; Jorge Luis González

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