Sociedad

Estampas cubanas: Los discos de acetato

Plaza, La Habana. Jorge Luis González Suárez, (PD) Durante mi juventud logré tener una pequeña colección de discos Eran unos 70 LP y unos 200 singles. Está colección comprendía tanto mis intereses, como los de mi madre, también aficionada a la música como yo, pero en géneros diferentes.

Aquellos discos se clasificaban según el tamaño y el número de canciones que contenían. Los grandes, LP (Long Play), tenían por lo general seis canciones por cada lado, en total doce, excepto algunos como los 15 de Paul Anka y giraban a 33 revoluciones por minuto. Los pequeños con dos canciones y los Extended Play, con cuatro canciones, daban vueltas a 45 revoluciones por minuto. Todos tenían el color negro del acetato, aunque había excepciones en rojo.

La principal característica que poseían los discos grandes, era su carátula o portada ilustrada. Allí aparecía el nombre del cantante o el grupo. El calificativo específico que recibía ese disco y casi siempre en la esquina superior derecha, el sello de la marca de la compañía discográfica, la cual hacía esa producción y que representaba además al artista.

Los principales sellos discográficos que existieron fueron RCA Victor, Columbia (conocido después como CBS, Decca, ABC Paramount y otras más, casi todos norteamericanos. Entre los nacionales estaban Panart, Gema (propiedad de Guillermo Álvarez Guedes), Kubaney, Puchito (de Jesús Goris) y algunas empresas pequeñas, especializadas en los cantantes cubanos y la música cubana.

Llegué un poco tarde a este hobby, pues comencé mi afición en la década de los 60 cuando ya no entraban los discos del exterior y conseguir la música rock se hacía bien difícil, excepto para aquellos que tenían familia en el exterior y los enviaban por correo (si llegaban).

En aquella modesta colección reuní 5 LP de Paul Anka, mi favorito, algo que fue un verdadero logro en ese momento. Llegué a contar además con las grabaciones de Gene Vincent, Ricky Nelson y Los Platters entre otros. En español agrupé los discos de Luis Bravo, los dos LP de Manolo Muñoz, Los Camisas Negras y otras figuras populares en esos instantes.

Las principales casas de venta cerraron y se mantuvieron otras que comercializaban esta mercancía a través de la compra-venta como discos de uso. Estas discotecas también vendían los discos nuevos de producción nacional, pero que por lo general estaban fuera de mis intereses.

Mi tarea casi diaria en esa época consistía en visitar estos lugares para ver qué encontraba. El mayor placer era hurgar entre los cientos de discos colocados en cajones de madera dentro de la estantería general y tratar de descubrir “alguna joya escondida”. El día que lograba eso, con mis escasos recursos, me sentía más feliz que John Silver al descubrir el tesoro.

Cuando fue nacionalizada la firma Panart fue sustituida primero por la Imprenta Nacional, Unidad 1228, que después se convirtió en la EGREM (Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales), la cual en sus inicios reprodujo las grabaciones de cantantes hechas por las firmas extranjeras, lo cual trajo un proceso de demanda a Cuba que costó varios millones de dólares.

Recordar aquella etapa, muy difícil para los jóvenes que deseábamos escuchar aquella música rock de los años 50 e inicio de los 60, que hoy se puede obtener por Internet y la tecnología moderna, es también tener presente una parte de nuestra historia cotidiana de vicisitudes. Un pasado que tampoco podemos olvidar.
jorgelibrero2012@gmail.com; Jorge Luis González

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