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Falta la enseñanza cívica

Plaza, La Habana, Jorge Luis González, (PD) Tengo en mi biblioteca un texto escolar publicado por Cultural S.A. en 1928, titulado “Enseñanza Cívica”, del Dr. Gustavo A. de Aragón, quien fue catedrático de esa asignatura en el Instituto de la Habana.

Más de 90 años después, los conceptos explicados en dicho libro mantienen su vigencia.
En Cuba, luego del triunfo de la Revolución dejó de impartirse la Enseñanza Cívica, o Moral y Cívica, como también se le llamaba.

El desconocimiento de los asuntos cívicos afecta el comportamiento de los ciudadanos en la sociedad cubana actual.

Comentaré algunos de los conceptos explicados en el libro del doctor Aragón para demostrarlo.

Las primeras líneas del libro definen el objetivo de la enseñanza cívica como: “Una ciencia práctica que tiene por objeto preparar al ciudadano para las funciones que tiene dentro del Estado, mediante la enseñanza de los derechos y deberes que en él tiene todo hombre, como individuo y como ciudadano”.

Analicemos ciertas palabras claves (estado, derechos, deberes, ciudadano) para comprender la importancia de conocer estos principios cívicos.

El autor nos dice: “Un Estado es toda parte de la humanidad que está organizada en unidad política y que habita una parte de la tierra; el término unidad política implica independencia, personalidad, poder para imponer su voluntad, en una palabra, soberanía”.

En la práctica, en la Cuba socialista, el concepto de “estado” ha sido tergiversado. Se interpreta el término Estado como un gobierno integrado por una elite que se abroga la facultad de mandar a su antojo, sin consultar ni dar participación en las decisiones básicas al pueblo.

La idea de unidad política, según la conciben los jerarcas castristas, borra la voluntad individual.

¿De cuál soberanía hablan los gobernantes cubanos? ¿Son los ciudadanos cubanos soberanos?
El profesor Aragón nos dice que el término “derecho”, ya sea público o privado, está formado por “el conjunto de leyes, usos y costumbres que hacen posible la vida social, armonizando los intereses de los individuos entre sí o de los individuos y el Estado”.

Queda claro aquí que la existencia de un acuerdo es la base del derecho. ¿Se respeta este principio en nuestro Estado socialista? ¿Se tiene en cuenta la diversidad de ideas? ¿Llega el gobierno a convenio con el pensamiento de todos los cubanos? La respuesta es obvia: no.

Aragón añade al concepto derecho lo siguiente: “…desde un punto de vista subjetivo, de cada individuo, es la facultad de hacer o no hacer, reconocida por la ley. Se está en posesión de un derecho cuando se puede optar entre hacer o no una cosa, respaldado por la ley, sin lo cual la facultad de hacer o no hacer sería una facultad material y no un derecho”.

¿Gozan los cubanos de esta facultad de hacer o no hacer?

Todos los que vivimos en Cuba conocemos la carencia de la libertad necesaria para siquiera opinar sobre la forma de dirección del gobierno. Las personas que se atreven a protestar en la calle contra el gobierno, como por ejemplo, las Damas de Blanco, son golpeadas salvajemente por turbas organizadas por los órganos represivos.

El número de personas que han ido a la cárcel por discrepar del gobierno demuestra la absoluta falta de derechos en Cuba.

La correlación entre derecho y deber es intrínseca. El texto del profesor Aragón subraya: “No hay derecho sin deber, ni deber sin derecho”. Y añade después: “…El deber es la obligación de hacer o no hacer determinada por la ley”. O sea, cuando uno puede hacer o no hacer, de forma legal, está ante un deber.
No realizar determinados deberes en Cuba trae aparejado que te cuestionen oficialmente. Por ejemplo, si usted no participa en los trabajos voluntarios, se encuentra en la mirilla de los dirigentes de su trabajo o su escuela, lo cual conlleva a recibir futuras represalias.

El Dr. Aragón, al referirse a la importancia de la Enseñanza Cívica, aseguraba: “El éxito de una democracia depende, en primer término, de la preparación de los ciudadanos”.

¿Estamos preparados los cubanos en la actualidad para vivir en un régimen democrático? La respuesta es también negativa. La mayoría de la población, nacida después del triunfo de la revolución castrista, no conoce siquiera el significado de los términos democracia o derechos humanos.

Una de las mayores preocupaciones para el gobierno de una futura Cuba libre debe ser como educar al pueblo en civismo. Será tarea ardua, pero con voluntad se logrará, para formar una patria, como quería Martí, “con todos y para el bien de todos”.
librero70@nauta.cu; Jorge Luis González Suárez

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