Cultura

Kaputt, la cruda historia de una guerra

El Vedado, La Habana, Aleaga Pesant, (PD) En mi memoria, la Dra. María Cáceres se representa de dos maneras. Primero, como Kathleen Turner, en el film noir, Body Heat (1981). Luego, con la posibilidad de decir las palabras más duras, esas que no imaginas, con la fresca elegancia de la inteligencia. Y esta última cualidad fue la que me hizo recordarla cuando termine de leer uno de los libros de Curzio Malaparte. Kaputt.

Curzio, nacido Kurt Erich Suckert, fue un periodista, dramaturgo, escritor de relatos cortos, novelista y diplomático italiano (1898-1957). El apellido elegido para firmar sus obras, lo utilizó desde 1925 y significa literalmente ‘de mal lugar’, en un juego de palabras, referencia a Napoleón Bonaparte. Su obra literaria es una de las más representativas de la Italia del siglo XX, donde sobresalen Técnica del Golpe de Estado (1931, en francés en el original), y La Piel (1949).

La primera edición de Kaputt (1944) fue tirada en Nápoles por la editorial Casella. La que llega a mis manos gracias al erudito y librero Jorge Luis González Suarez, fue editada en Cuba por Imprenta Económica en General, S.A, con oficina y taller editorial en Luz y Compostela, lo que es hoy Habana Vieja. Según Jorge Luis y otros amigos a los que consulte sobre la impresión, esta debió producirse entre 1959 y 1960, antes de la unificación de las imprentas y el desarrollo de la Imprenta Nacional de Cuba, por Alejo Carpentier.

Decía, que es Kaputt una obra dura. En 311 páginas, seis partes y 19 relatos, narra episodios vividos por él, en los primeros años de la segunda guerra mundial. Relatos que van desde la extrema y cruel belleza de las cabezas de los caballos congelados en el Lago Ladoga en el crudo invierno de 1941, al refinado horror de las conversaciones con Hans Frank Generalgouvernement für die besetzten polnischen Gebiete (Gobernador de la Polonia ocupada por los alemanes), sobre su visita a los guetos (ciudades prohibidas) de Cracovia, Lublin y Czestochowa, donde la muerte se enseñoreaba sobre la nación judía. De ahí este párrafo:
“Levantaban a los muertos con todo cuidado, como si fueran delicadas estatuas y las ponían sobre carros tirados por muchachos andrajosos y consumidos. En la nieve quedaban las huellas de los cuerpos, esas manchas amarillentas, horribles y esotéricas, que dejan los muertos sobre todo lo que tocan. Grupos de perros huesudos iban detrás de los fúnebres convoyes, husmeando el aire, y turbas de desdichados rapaces, llevando en la cara el signo del hambre, del insomnio y del miedo, recogían en la nieve los andrajos, los trozos de papel, las latas vacías, las cortezas de las patatas, es decir, todos los preciosos desperdicios que la miseria y la muerte dejan siempre a sus espaldas”.

Muchas y horribles son las historias que cuenta Malaparte sobre esa cruenta guerra, narradas de manera meticulosa que la puedes reconstruir paso a paso en tu mente. El bombardeo alemán sobre Sarajevo, o el británico sobre Italia, el canibalismo entre los prisioneros ruso-soviéticos, el uso de animales con fines bélicos, o la decadencia de la aristocracia alemana durante el periodo nacional-socialista.

Rumania, Finlandia, Italia, Ucrania, Polonia, son los escenarios de estos feroces relatos. Impactante descripción que recuerda filmes ya vistos como el soviético Ven y Mira (1985, Elem Klímov), o el italiano La Vida es Bella (1997, Roberto Benigni), y nos trae la pregunta hasta donde la ficción de estas historias cinematográficas no tuvieron su génesis en Kaputt. O hasta donde escribir sobre Kaputt, es la evasión que justifica recordar a Kathleen Turner en Body Heat.
aleagapesant@nauta.cu; Aleaga Pesant

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