Sociedad

La calidad en los servicios es el respeto al pueblo

La Habana, Cuba, Agustín Figueroa, (PD) Las cafeterías, dulcerías y panaderías son establecimientos estatales que sirven para proporcionar alimentos a la población, desde aperitivos, dulces, pan hasta comidas.

Algunas cafeterías comparten características con bares y otras con restaurantes.

Es de suma importancia para estos comercios mantener las normas higiénicas sanitarias que regula la industria alimenticia, surgida como defensa contra las adulteraciones y fraudes alimentarios, que tienen un área de acción que va desde la producción hasta el consumo de los alimentos.

Pero el objetivo primordial de estas normativas es mantener, dentro de límites aceptables, la higiene y la seguridad, tanto de la producción como de la comercialización.

La calidad de los alimentos está vinculada con un conjunto de cualidades que los hacen aceptables a los consumidores, lo que incluye tanto las percibidas por el sabor, olor, color, textura, forma y apariencia higiénicos y químicos.

En La Habana muy pocos centros gastronómicos y de comercio cumplen con las normas y estándares establecidos internacionalmente en la elaboración y venta de alimentos. ¡Y eso que es la capital del país!

Un ejemplo de ello son las cafeterías ubicadas en el paradero de la extinta ruta 13, en la calle 100, en el Reparto La Fortuna, frente a la tienda La Trigueña, en el municipio Arroyo Naranjo.

En esta misma localidad se encuentra en idénticas condiciones la tienda que está frente al cuartel de la policía, en la barriada del Capri, conocida por La Guarapera.

La población aledaña a estos centros de elaboración y venta de alimentos se encuentra inconforme con el pésimo servicio que brindan estas entidades. Se quejan en primer lugar de las condiciones higiénico-sanitarias, de como manipulan la mercancía, sin cumplir con las normas, el traslado de los productos en cajas por el piso y la falta de refrigeración que tienen. Dicen que incluso, a menudo, puede verse a menudo animales comiendo en el piso, al lado de las existencias.

Para los lugareños ya casi se hace costumbre que los alimentos se encuentren en mal estado, hasta descompuestos, pero lo peor es que los dependientes, con toda impunidad, venden estos productos a la población.

No es un secreto para nadie que estos comestibles se pasan días en el lugar y no son reemplazados.

La mayoría de los dependientes que laboran en los centros no se encuentran calificados para ejercer este servicio. Maltratan a sus clientes, muy pocos usan el uniforme que los identificas como gastronómicos, su porte y aspecto es inadecuado para trabajar con alimentos, no usan guantes para despachar, lo mismo despachan una caja de cigarro que un pan con pasta sin lavarse las manos, y un mismo empleado manipula comida y dinero.

Con la apertura del trabajo por cuenta propia, ha nacido un sector de comercio y gastronomía privado que ha ridiculizado y expuesto a la luz pública la ineficiencia y desinterés de las autoridades que dirigen la gastronomía estatal. Estos trabajadores por cuenta propia, pese a las restricciones y trabas que tienen, han realizado un trabajo de calidad en sus cafeterías, restaurantes, dulcerías y panaderías que en poco tiempo se han ganado la aceptación popular.

Estos nuevos establecimientos del sector privado cumplen las normas establecidas sobre la manipulación de alimentos, y aseguran la higiene de sus productos. En su mayoría son acogedores, con ofertas variadas y de bastante buena calidad y sus empleados atienden a los clientes de manera afable y respetuosa, todos uniformados correctamente. Aquí funciona bastante bien, una consigna gastada y que no dio resultados: “Mi trabajo es usted”.
comuni.red.comunitaria@gmail.com; Agustín Figueroa; Móvil 54262837
*Red Cubana de Comunicadores Comunitarios

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