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La crisis del transporte y el miedo

Centro Habana, La Habana, Aimée Cabrera, (PD) Los transportistas privados llamados por el pueblo “boteros”, siguen en su lucha silenciosa, buscando estrategias, desafiando al estado.

Por la TV, la radio y la prensa oficial difunden las opiniones de personas que apoyan las medidas tomadas contra los choferes privados.

El estado llama a la población a delatar a los choferes que cobren por encima de las tarifas impuestas.

Algunos boteros no han tenido otra opción que continuar su labor. Otros se niegan y los más listos tratan de escapar de los inspectores y agentes del tránsito.

Hay inspectores que simulan ser simples pasajeros y que muestran sus credenciales en el momento de pagar.

A muchos de los choferes sancionados les retiran las licencias. Y amenazan con decomisarles los carros.

En más de 50 años el MITRANS nunca ha logrado solucionar el problema del transporte. Cada vez es peor. Las paradas están abarrotadas. Los ómnibus demoran en pasar. Maltrechos, muy sucios, con gran parte de los asientos rotos, ruedan por calles llenas de baches. Y cuando se rompen, no hay piezas de repuesto.

Los choferes de los ómnibus estatales tienen que hacer también de conductor. Y la estimulación que reciben no compensa su bajo salario.

De los choferes de los taxis amarillos estatales no se habla en los reportajes de los medios estatales. Y son los peores. Casi nunca van para donde tienen que trasladarse quienes los paran. A menos que la persona les pague una buena tarifa en CUC, prefieren ir vacíos.

Hay unos autobuses pequeños, pertenecientes a cooperativas que son conocidos como “los Ruteros”. Al precio de cinco pesos y, casi todos con aire acondicionado, hacen diversos recorridos pero la demanda es muy superior a la oferta. Esperar para ir sentado en uno de ellos ocasiona la pérdida de más de una hora, sin contar el tiempo del recorrido.

El estado no da facilidades a quienes pudieran brindar un mejor servicio a la población en estos minibuses ruteros.
Y ya apenas se ven los ómnibus llamados taxibuses, que no eran climatizados pero disponían de asientos confortables.

Estar entre las 7 y las 9 de la mañana en una parada como la de Calle 23 y P, en La Rampa, donde se bajan pocas personas, es crítico. Los choferes paran fuera de parada o sencillamente no paran.

Los directivos del MITRANS tienen transporte garantizado, lo mismo que el resto de los dirigentes estatales. Así es muy fácil acusar a los transportistas privados de querer enriquecerse a costa del pueblo.

Pasan las semanas, y la crisis del transporte público en La Habana se agrava.

La huelga en silencio de los transportistas privados deja entrever el miedo en que viven los cubanos: los pisotean y no se atreven a alzar la voz para defender sus derechos.
aimeecabrera825.@gmail.com; Aimée Cabrera

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