Sociedad

La educación que Cuba necesita

El Cerro, La Habana, Emaro, (PD) Estamos en las vacaciones de verano, las cuales marcan el término y el inicio de un nuevo año lectivo. Los muchachos están en sus viviendas, sin mucho más que hacer que intentar desplazarse a las lejanas pero excelentes Playas del Este, o a la rocosa costa de Miramar, o más al oeste de la ciudad. Para las noches la casi única alternativa real y costeable es irse a la Avenida G, en el Vedado, con una botella de ron, para descargar con las amistades y amanecer tirados en cualquier rincón, estragados, extenuados y hambrientos.

Es así aquí, en La Habana. En el interior sucede algo similar, pero con muchas más dificultades.
Los más afortunados cuentan con sus computadoras, o las de sus padres, y permanecen todo el día jugando, algunos en redes locales.

En una producción del juego Call of Duty se gana cuando se mata a Fidel Castro. Casi todos estos juegos interactivos son violentos, con derramamiento de sangre. No existe ni una versión donde el jugador, o varios de ellos en red, se internen en la Sierra Maestra a eliminar casquitos, a reproducir a su forma la gesta libertaria de los Castro. Hasta esa oportunidad de llegar a la juventud y los adolescentes se está perdiendo el gobierno, entre otras muchas que se podrían pensar.

Es intrínseca en el ser humano la inclinación a la violencia, el morbo por presenciar la destrucción y la muerte, el verse envuelto en situaciones estresantes donde la vida no peligra realmente y uno se reinicia de nuevo con un simple clic cada vez con las mismas posibilidades.

Es mucho más fácil ser un soldado extremo y capaz que un científico dedicado, humilde y eficaz. Solo el científico sabe que es mucho más edificante y retribuyente el sentimiento de éxito cuando se trata de hacer algo bueno en beneficio de muchos.

Es fácil, demasiado sencillo, y le llena a uno un sentimiento extraño, disparar una larga e impaciente ráfaga de una AKM pegado a nuestro rostro, sentir como recula potente contra nuestro hombro cada vez cuando vemos saltar más allá del colimador pedazos de ladrillos, de cristales, y de seres humanos que nos importan un bledo. Nos torna sicológicamente poderosos.

Hay que acudir por todos los medios y recursos a esa parte del ser humano, que cada vez se esconde más, donde realizar una acción buena hacia otro ser humano, e incluso un animal u objeto inanimado, sea algo común y nos llene de esa emoción buena; dispararle veinte años de alegría a una señora en pleno rostro, con un misil despiadado, devolverle un cuerpo y un alma de veinte años a una anciana, con un disparo en plena sien entregarle un buen trabajo con el que pueda mantener a su familia a un hombre desesperado; con una violenta bofetada en pleno rostro eliminar la depresión y la desesperanza de un desahuciado intelectual. Esto es lo difícil.

Ya está visto que las crisis acarrean esas miserias. Se traslucen en la música que se crea (timba, reguetón, etc.), en los pésimos resultados deportivos, incluso en la propia televisión nacional y la radio.

Algunos locutores apenas hablan bien el español. Muchos presentan problemas de dicción, y no conocen otro idioma, cuando esto era requisito indispensable para la contratación del personal que estaría ante los micrófonos o las cámaras.

Acabo de escuchar a un lector de noticias en una transmisión en inglés de Radio Habana Cuba y apenas machucaba la lengua de Shakespeare. Esto es una falta de respeto a los escuchas y una flagrante falta de calidad que deja mucho para decir de ellos y sobre la seriedad de su trabajo.

Nuestros periódicos presentan deficiencias en cuanto a su formato, la elección de los temas, la cantidad y calidad de sus páginas. Muestran un muy pobre reflejo de la realidad nacional que a todos nos afecta.

Los muchachos están de vacaciones. Habría que hacer una encuesta seria para determinar cuántos conocen qué es el amor de verdad hacia una pareja. Las nuevas generaciones llegan a gastar apresuradamente los preciosos años de la adolescencia y para cuando arriban a los veinte, ya son veteranos del sexo sin conocer cuánto vale una compañía incondicional que se crea con décadas de amor recíproco y de vida común. Queman etapas rápidamente y entonces tienen que acudir a lo no explorado, a la homosexualidad, al sexo en grupo, a las drogas y otros alienantes.

Ahora, encontrase con una chiquilla y terminar rápidamente en una cama se denomina “descargar”. Después, tú por tu lado y yo por el mío, y si te he visto no me acuerdo.

¡Nos vamos a extinguir! Ya Cuba es un ejemplo práctico de esto.

Este entorno, en gran parte, es el producto de la muy mala educación gratuita que reciben nuestros jóvenes.

Las escuelas, casi todas se encuentran en muy mal estado, y los recursos de todo tipo para repararlas escasean.

En nuestras escuelas primarias y secundarias los niños se encierran de ocho a cuatro PM en lugares calurosos y casi siempre en pobre estado de confort. Se les impide a los padres incluso llevar un ventilador propio a las aulas bajo criterios tan malos como el ahorro (aumentaría el consumo eléctrico de la escuela), que no puede haber artículos sin estar inventariados, etc.

La alimentación es pésima en todos los niveles, en especial en la secundaria: un pan redondo con jamonada mohosa que les toca por almuerzo y única comida en ocho horas. El llamado yogur de soya (para bajar el pan) viene con basura y hormiguitas incorporadas. Al final de la jornada los maestros se llevan las bolsitas en cajas para venderlas a cinco pesos o regalarlas a los vecinos.
Los salarios de los maestros y empleados son desastrosos y el soborno abunda sin muchos escrúpulos.
La asistencia y permanencia de los maestros es pobre y fluctúa en exceso ante las exigencias, el difícil trato con los adolescentes y la alta carencia de recursos.

Los planes de enseñanza son malos, muy politizados y cargantes, con una historia conformada para ensalzar unos valores patrios exagerados y obnubilantes. Hay que honrar a nuestros héroes por encima de todo cuando a los estudiantes les importa poco o nada.

Y no se estimula en los estudiantes la necesidad de leer libros.

Nuestras escuelas, desde las primarias hasta las universidades, tienen que asumir planes de estudio modernos, donde se impartan clases que le interesen a la juventud. Hacer encuestas y ver sus inclinaciones reales.

La inmensa mayoría de quienes han llegado a graduarse de una carrera no recuerdan la mayor parte de lo que les enseñaron en la secundaria y el Pre. No les es necesario para su desempeño diario. ¿Si voy a ser periodista para qué necesito la trigonometría?

En primaria y secundaria deberían dedicarse muchísimas más horas al aprendizaje de los modales y de cuanto les va a hacer falta en la vida diaria, cómo comportarse en un restaurante, en cuál orden van los cubiertos, cómo conducir un coche y las leyes del tránsito.

Se debe enseñar sin timidez o remilgos cómo se conducen las relaciones humanas, cómo y cuándo se hace el amor, cómo controlar a las hormonas, los impulsos, etc.

Se debe enseñar insistentemente que el ser humano y sus necesidades están por encima de todo, sin maltratar a lo demás y al medio ambiente.

Se debe insistir en que las personas viajen, como mejor forma de ver, apreciar y aprender. Se debe utilizar en mucho mayor escala las nuevas tecnologías como la Realidad Virtual para llevar a los educandos por maravillosos viajes didácticos por las Pirámides de Egipto, las antiguas ruinas de Grecia, ir diariamente a reconstruir estas sin moverse de las aulas, a sembrar un arbolito en el Sahara, a diseñar ciudades virtuales según su libertad interna y talento personal, a visitar museos y teatros, a jugar con una pelota real en un terreno apropiado con un instructor apropiado y motivado, etc.

Se deben dedicar horas enteras a la lectura supervisada de los textos que les interesen (previa encuesta personal) a los estudiantes y orientarlos con síntesis de obras literarias de todo tipo, así como incentivarlos y enseñarlos a producirlas. Observar dedicadamente cuál es el talento de cada quien y estimularlo, entrenarlo en lo que mejor sea.

Hay que suministrar los ejemplos apropiados de mesura, modales, bondad, humildad, inteligencia creativa, etc., que haga de los maestros personajes inolvidables y amados para que perduren en nuestras memorias toda la vida.

Pero esto hay que buscarlo, cazarlo, contratarlo y retribuirlo bien, pues es el futuro de nuestra sociedad, es lo que vamos a ver después revertido públicamente por décadas.

No se trata de reprimir, de hacer cumplir impopulares reglamentos, vestir tiesos e inalterables uniformes, castigar, ordenar, maltratar.

Solo entonces nos libraremos de las descargas, del reguetón, de la violencia, el descaro, de la incultura, de esa intrínseca urgencia de mostrar al hombre de las cavernas que llevamos por dentro, de salir a cazar al mamut de todos los días, pase lo que pase, interpóngase quien se interponga.
eduardom57@nauta.cu; Eduardo Maro

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