Sociedad

La Habana y las palmas son como novias que esperan

Miami, USA, Robert A. Solera, (PD) La Habana tiene , a la vez, el atractivo de algo hasta hace poco restringido a sus legítimos dueños, los cubanos exiliados, muchos de los cuales añoran volver a verla, aunque sólo sea como extranjeros adinerados que reviven sus años mozos donde habitan sus recuerdos empañados por la pátina del tiempo, que nunca vuelve atrás.

A la vez, es nuestra hermosa novia de antaño, que hoy el paso del tiempo nos muestra en su verdadera imagen, suavizada gentilmente por nuestra buena voluntad y deseos de que hoy la apreciemos como ayer la vimos, la amamos y como “un viejo amor que ni se olvida ni se deja pero nunca dice adiós” nos haga sentir acongojados por el maltrato sufrido de aquéllos que nunca la apreciaron y sí le declararon la guerra a muerte por –envidia, mal trazado plan secreto que siempre buscó su destrucción o como muestra de su odio inveterado por destruir lo que nunca pudieron aquilatar y disfrutar.

Los comunistas –¿queda alguno?—se han creído que el “campo” siempre ha sido un lugar más sano, puro y digno y que debemos imitar y convertir lo citadino, según ellos, en una réplica del concepto del impoluto “campo” en el cual todo lo bueno tiene su asiento. A la menor oportunidad envían a Guanahacabibes al primer transgresor de su moral “nueva” –Juan Iduate, funcionario del INRA inauguró el primero de los malditos campos de reeducación en los albores de 1959, donde siguiendo la costumbre de la época su condena fue publicada en la Gaceta Oficial.

Luego ya avanzado el proceso degenerativo del gobierno en oleadas masivas enviaba a los estudiantes –sus nuevos esclavos– al campo, con una u otra excusa, a transformarlos en los “nuevos” hombres.
Pero bueno la memoria sufre de amnesia al volver a ver a nuestra antigua “novia”. Sólo recordamos bosquejos de lo que fue –y hoy no es—La Habana. Cruzamos frente a nuestro “añorado” cine Gris por la calle E, antes conocida como Baños, sin recordar o traer a colación el porqué de su doble nombre “Baños=Calle E, ni recordar los Baños de Carneado en el litoral del futuro Malecón, ni los del Progreso en el mismo litoral, esta vez en la propia calle Baños, donde unas adecuadas guagüitas hacían su espera en el parque triangular en la calle Línea para trasladar a los bañistas hacia las pocetas cinceladas en las rocas.

Visitamos en nuestros recuerdos ocultos por el tiempo al Cine Gris sin recordar que en esos predios existió la Piquera Gris de autos de alquiler que se comunicaban con su central radial para ofrecer rápido y eficiente servicio a sus clientes. Y la memoria nos traiciona cuando atribuimos la ausencia casi total de cinematógrafos a tener en buen servicio los aires acondicionados. Olvidamos que a fines de la década del 40 y también del 50 sólo tenían ese confort el Cine Encanto en la calle Neptuno y Consulado, el Riviera en la calle 23 del Vedado, el América en Galiano. Los demás –más de 200- sólo podían disfrutar del fresco que le enviaban los ventiladores, unos de gran tamaño y otros más pequeños.

Seguimos en nuestro viaje al pasado por la Antigua Manzana de Gómez, rebautizada como Hotel Manzana Kempinski lo que nos hace recordar lo ocurrido con las calles de La Habana rebautizadas como Calzada de la Reina, o simplemente Reina, hoy oficialmente Avenida Simón Bolívar; Calzada de Belascoaín, inaugurada en 1878, comenzó como Calle del Cocal y también se conoció como Calle de la Beneficencia por el lugar donde se recogía a los niños sin parientes;, hoy se nombra oficialmente Padre Varela. Por eso le deseamos suerte al Hotel Manzana Kempinski…

No dejamos de asombrarnos que algún antiguo exiliado—como alguien que salió de Cuba en 1960– se atreva a afirmar que “aunque hay de todo prácticamente en Cuba, como pude ver en la esquina de 19 y B, un mercado agropecuario excelente,…”.

Sí, pero se le olvida mencionar que La Habana no es toda Cuba y hay que pagar con: ¿cuál de las monedas, pesos Cubanos o CUC?

“Los taxistas son los más instruidos de cualquier nación, ingenieros, contadores públicos, profesores, médicos”,… (no olvidarnos de lo dicho por Fidel Castro sobre las prostitutas, rameras o simplemente PUTAS conocidas hoy como jineteras) “personas cultas que tienen que aprender a ejercer un servicio que no les agrada…”.

Y le decimos hasta luego a nuestra querida y vieja novia, La Habana, que calladamente espera le llegue su turno de volver a ser una elegante señora de todos los cubanos, los exiliados y los que no lo han sido nunca.
nellsol@yahoo.com; Robert A. Solera
Tomado de: Cubaenelmundo.com
Vista de La Habana, donde se aprecian la iglesia de la calle Reina y el edificio Masónico.

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