Cultura

La interpretación de una frase

Plaza, La Habana, Jorge Luis González, (PD) La desaparecida amiga Naty Revuelta me dijo en cierta ocasión, cuando conversábamos, las siguientes palabras: “Toda frase extraída de cualquier texto, cambia su significado y puede decir lo que se quiera interpretar”.

Esta idea ha permanecido en mi mente y la considero certera. Pero también hay momentos en que el autor necesita expresar algo indirecto.

La interpretación personal de un lector puede tener una significación distinta al conjunto de oraciones entre las que se encuentra independiente de la intención inicial del escritor.

Me gusta leer entre líneas. Discernir de otra manera un concepto, ver una nueva imagen de lo expresado, enriquece nuestra mente y amplía las posibles acepciones de la idea inicial.

Es por ello que intentaré hacer este ejercicio con un libro muy demandado por estos tiempos; La novela de mi vida, del muy popular escritor cubano Leonardo Padura.

Esta obra de ficción, basada en hechos históricos reales. La vida del poeta José María Heredia, mezclada con un argumento paralelo de la actualidad, son los elementos básicos en el desarrollo de la trama.

Mi propósito es comparar algunas expresiones del libro con situaciones diferentes al contexto donde se hallan y demostrar la posibilidad de lo expresado por la querida amiga.

Una primera frase entresacada de la narración dice: “…la historia se escribía de ese modo: con omisiones, mentiras, evidencias armadas a posteriori, con protagonismos fabricados y manipulados…” Y agrega después: “…los dueños del poder lo hacían constantemente y la verdad histórica era la puta más complaciente y mejor pagada de cuantas existieran…”.

Esta locución que podemos insertarla dentro de cualquier tiempo y lugar, tiene una vigencia absoluta. Hoy, si analizamos nuestros anales, veremos como la interpretación de hechos tiene un matiz distinto al conocido en otra época. ¿Cuál de las versiones es la verdadera? Imposible saberlo en estos instantes.

El novelista pone en boca de Heredia esta expresión: “…Tal era mi ingenuidad como para pensar que un tirano es capaz de hacer cambios que socaven su poder y aflojen las ataduras con las cuales mantienen amordazados a los pueblos…”

Concluye pocas palabras más adelante el pensamiento así: “…Como lo hicieron todos los déspotas de la historia y como estoy seguro que lo harán todos los sátrapas por venir, apenas realizó oportunistas cambios políticos para ganar tiempo y reparar los barrotes de su estado opresivo y volver a segar los leves espacios de libertad concedidos”.

¿Existe algún parecido entre este pensamiento y la situación actual? No hay que ser un analista para comprender que la similitud de la idea se ajusta a los tiempos actuales.

Otra frase para analizar es la siguiente: “…comprendí la crueldad de un castigo tan repetidamente practicado por los que funcionan como dueños de la patria y los destinos y se arrogan el derecho de decidir la vida de quienes disienten de ellos.”

Tomaré un último ejemplo para este análisis y reproduciré el siguiente fragmento del texto: “…Fui un iluso al creer que este país era capaz de revertir su destino. Pero no tiene remedio, y no lo tendrá en mucho tiempo, quizá no lo tenga nunca. Un país que prefiere una tiranía a enfrentar los riesgos que sean, se merece todas las tiranías.”

Comentarios al margen, huelgan.

Se pueden señalar otros argumentos expuestos en la obra como los antes citados y llenar algunas páginas más con este tema. ¿Cuánto de verdad puede tener unas palabras fuera del lugar en que se plasmaron? Extraer sentencias de cualquier contenido escrito cambia el significado, pero también aumenta la posibilidad de interpretación que bien su autor no quiso dar o la brindó de manera oculta.

Sin contradecir la teoría de que toda frase fuera de su historia, modifica el sentido original, es saludable también buscarle otra interpretación que la haga más amplia. Así leeremos mejor.
jorgelibrero2012@gmail.com; Jorge Luis González

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