La consulta, Sociedad

La Libertad de Expresión en la Constitución cubana

Los Pinos, Arroyo Naranjo, Nelson Rodríguez Chartrand, (PD) El mayor enemigo de las dictaduras, sin lugar a dudas, es la libertad, y dentro de ella, la libertad de expresión. Es a la que más le temen, al punto de que no se cuidan en ocultarlo.

“…Hay que tener presente que antes del periódico están los intereses de la Revolución. Primero la Revolución y después el periódico. Los intereses del periódico deben estar subordinados a los intereses de la Revolución…” Estas fueron palabras dichas por el artífice de la dictadura cubana, Fidel Castro, en el acto de homenaje al periódico “Revolución”, el 25 de marzo de 1961.
Un descarado ataque a la libertad de expresión. “Primero la Revolución y después el periódico”, ¡qué barbaridad!

Como es de suponer, la Constitución cubana fue diseñada bajo estos conceptos anti-libertarios.

El artículo 9 de la Constitución expresa que el Estado, ” encausa los esfuerzo de la nación en la construcción del socialismo”. Éste postulado legitima la imposición por parte del estado de una forma de pensamiento excluyente, lo cual se patentiza en la letra del artículo 53, en virtud del cual, ” se reconoce a los ciudadanos libertad de palabra y prensa conforme a los fines de la sociedad socialista…”

De ello podemos apreciar, en primer lugar, que la única libertad de expresión admitida para los cubanos es aquella coherente con las ideas del socialismo, por lo que contradice la propia esencia de la libertad en general y de la libertad de expresión en particular, lo que contrasta con los principios de libertad que garantizan los pactos internacionales, y en segundo lugar, que el monopolio por parte del Estado de los medios de comunicación sólo garantiza el control de la información y la comunicación por parte de una élite gobernante.

Para garantizar los postulados constitucionales que atentan contra la libertad de expresión, el Código Penal cubano sanciona con penas de tres meses a un año de privación de libertad o multa a aquella persona que confeccione, difunda, haga circular, reproduzca, almacene o trasporte publicaciones sin indicar la imprenta o el lugar de impresión o sin cumplir las reglas establecidas para la identificación de su autor o de su procedencia, lo que demuestra las claras intenciones de los dictadores cubanos de controlar al máximo la libre emisión del pensamiento.

El artículo 144 del tenebroso Código Penal cubano también reprime la crítica a las gestiones y procederes de los gobernantes, al reprimir con penas de privación de libertad de tres meses a un año o multa a quien, amenace, calumnie difame, insulte o de cualquier modo ultraje u ofenda, de palabra o por escrito, en su dignidad o decoro, a una autoridad, funcionario público o a sus agentes o auxiliares en ejercicio de sus funciones. Cuando se trate del presidente o miembros del Consejo de Estado, de la Asamblea Nacional del Poder Popular, o del Consejo de Ministros, la pena de prisión se eleva de uno a tres años.

Esto sólo es concebible en mentes de quienes andan en el camino de la maldad y la injusticia.
nelsonchartrand@gmail.com; Nelson Rodríguez Chartrand
Una página del periódico Revolución.

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