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La más digna efeméride de octubre, editorial 502

La Habana, Cuba, Redacción Hab, (PD) El 10 de octubre de 1868, Carlos Manuel de Céspedes acompañado de los principales gestores de aquel movimiento, ordenó el redoble de la campana del ingenio para reunir a los poblanos y a los esclavos en el batey. Allí enarboló la bandera de La Demajagua y después de una encendida arenga, leyó un manifiesto dirigido a todos los cubanos y al resto del mundo en que expuso las causas del pronunciamiento.

Entre estas, se contaron un despotismo de los gobernantes españoles, muy semejante al que sufre Cuba en la actualidad.

Como hoy en día, existió un abusivo y constante aumento de impuestos fiscales, acentuadas desigualdades sociales y la privación de todo tipo de derechos y libertades al pueblo.

La única tragedia de aquellos días, ausente en nuestro momento, es la felizmente abolida esclavitud.

La Demajagua fue el lugar donde por vez primera se declaró la independencia de Cuba, se leyeron las bases doctrinales de los patriotas independentistas, se dio la libertad a los esclavos, se formó el primer ejército cubano y se lanzó el grito de “Independencia o Muerte”.

Se luchó por la independencia de Cuba, por el establecimiento de un gobierno republicano y democrático, electo por sufragio universal y directo, no hubo unipartidismo y se abolió la esclavitud. Se dio la libertad a los esclavos y se les invitó a unirse al Ejército Libertador para conquistar la independencia de Cuba. La mayoría de aquellos hombres se unieron y no hubo recriminación alguna para los que se fueron, no se obligó a nadie. Todos fueron libres para hacerlo o no.

El gobierno español, en su momento, se enfrascó en aventuras bélicas con el objetivo de reconquistar territorios latinoamericanos, y para ello hizo que el costo, recayera, en gran medida, sobre el pueblo de Cuba. El régimen militar castrista reeditó aquella pesadilla. La historia se repitió. Al igual que en aquellos tiempos idos, el régimen militar castrista se consagró a la subversión y desestabilización de los gobiernos latinoamericanos o a enviar tropas a África y echó sobre el pueblo cubano el costo de aquellas empresas.

La corona española usó el presupuesto de la Isla en asuntos de su interés, completamente ajenos a las necesidades de los cubanos. Fue este uno de los males creados por la dominación española que el régimen militar totalitario castrista reeditó y repitió cuando se afirmó en la subversión, la desestabilización de gobiernos y las aventuras militares en África.

España no permitió a los cubanos ocupar cargos públicos y negó a los cubanos el derecho de reunión como no fuera bajo la supervisión de jefes militares. España ilegalizó la formación de partidos políticos. Así hace en la actualidad el régimen castrista, que con sus exclusiones, reedita las peores pesadillas de la época colonial.

La efeméride más digna de octubre pone sobre el tapete que si aquella noche oscura de la colonia tuvo su amanecer, la actual noche oscura totalitaria también lo tendrá. Será en la forma en que esto sea posible. Así como los voluntarios de entonces no consiguieron impedir un 20 de mayo de 1902, los adiposos entorchados de Gaesa, los represores asalariados del nominado Ministerio del Interior, sus delatores y sus marginales de servicio, no conseguirán impedir que el día feliz que vendrá, el pueblo y la nación cubana se yergan libres y felices.
primaveradigital2011@gmail.com; Redacción Habana

 

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