Internacional

La nueva salvajada de Maduro

Lawton, La Habana, Paulino Alfonso, (PD) La decisión de Nicolás Maduro de sacar de circulación el billete de 100 bolívares no fue otra cosa que un vodevil de mago local, otra vieja receta del difunto Fidel Castro.

¿A quién le puede interesar una moneda totalmente devaluada como el bolívar, que no supera los 0.002 centavos de dólar?

El bolívar solo es utilizable para venderlo al por mayor a los falsificadores internacionales de dólares.

La medida de Maduro desató protestas y saqueos en todo el país en diciembre y demostró una vez más el enorme fracaso del chavismo.

Maduro volvió a acusar al “imperio” de hacerle una guerra económica a su gobierno.

Todo comenzó cuando Maduro anunció el pasado 11 de diciembre que contrabandistas colombianos estaban acaparando los billetes de 100 bolívares, y creando escasez en Venezuela. Luego, operísticamente cerró la frontera, con el fin de evitar el ingreso de bolívares desde Colombia y Brasil. Con esto, Maduro creyó golpear a los operadores de divisas, pero solo golpeó al pueblo venezolano.

Los venezolanos, aterrorizados, depositaron el efectivo en bancos comerciales y recibieron crédito en sus cuentas, o si los llevaban a las oficinas del Banco Central, un pagaré.

Se estima que un tercio de los venezolanos no tiene cuenta bancaria.

Nadie quiere aceptar los billetes de 100 bolívares y los nuevos de 500 bolívares aún se están repartiendo lentamente, por ineficiencias chavistas, por nada más.

Tampoco ha llegado el prometido súper-billete de 20.000 bolívares, que se convertiría en el de mayor denominación jamás impreso en Venezuela.

La incompetencia monetaria chavista es total. Reemplazar un billete devaluado por uno de mayor denominación también devaluado, no pondrá fin a las casas de cambio en Colombia ni detendrá la caída del bolívar chavista.

Una semana antes de Navidad, los venezolanos estaban sin efectivos suficientes para realizar compras de alimentos ni papel sanitario.

Según un especialista norteamericano, la tasa de inflación anual de Venezuela se ubica alrededor del 289%.

El bolívar está cada vez más depreciado. Y hay dos tasas de cambio: la que el régimen chavista irrealmente mantiene, de 10 bolívares por dólar, y la del mercado negro, que hoy es de 2.900 bolívares por dólar.

El Banco Central ha impreso billetes tratando de cerrar la brecha fiscal que trajo la locura de Maduro, que gasta más que lo que ingresa.

Por otro lado, el manejo de la deuda de la petrolera estatal Petróleos de Venezuela S.A. ha sido particularmente desastrosa.

Para tratar de aguantar el explosivo costo de la vida, Maduro ha impuesto un control de precios que ha producido la escasez de todos los artículos más básicos de la población más pobre.

En un documental francés, una mujer de Caracas acaricia una botella de aceite de maíz como si fuera un recién nacido. La mujer dice que la consiguió en un trueque, ya que el dinero no sirve. “Hacía tiempo que no cocinaba con aceite”, dice mientras mueve delicadamente sus dedos sobre su tesoro. Y sentenciaba: “Para mí es algo grande”.

Desde hace 3 años miles de venezolanos hambreados cruzan la frontera para conseguir alimentos en Colombia. En las casas de cambio en Colombia recibieron los billetes de 100 bolívares para comprar comida.

Los intermediarios que llevan bienes al interior de Venezuela los venden en dólares o también pesos colombianos.

Esto alumbró a Maduro, quien raudo construyó en el estado Táchira una tienda con artículos que trae de Colombia, y así se convirtió en un traficante más de divisas.

Como en Internet publican el precio del bolívar en las casas de cambio, Maduro ordenó a su “vicepresidente” que los venezolanos llama el mayordomo, Aristóbulo Istúriz, declarar al portal, DolarToday.com, así como al corresponsal de The Wall Street Journal, Kurmanaev, como enemigos del pueblo y miembros de una conspiración de la CIA con el fin de derrocar al régimen chavista.

El cambiazo de billetes paraliza a la liquidez del país. El daño causado a los venezolanos es enorme. Algunos pocos pueden usar tarjetas de débito o crédito, pero la mayoría de los venezolanos, entre ellos el campesinado, que representa el casi 50% de la población, no usan tarjeta, ni saben de pagos electrónicos.

Un desesperado Maduro atribuyó la demora en recibir los nuevos billetes al ¡Departamento del Tesoro de los Estados Unidos!

Hace unos días Maduro anunció la cuarta renovación de su gobierno. Destituyó hasta al yerno de Chávez, quien ante las cámaras esbozó una sonrisa por esta tercera destitución.

El ejército aportó tres generales al nuevo gabinete. Ahora hay 10 ministros castrenses.

El régimen de Maduro ha empobrecido a una de las naciones más ricas en recursos naturales del mundo hasta llegar al colapso hiperinflacionario. Veamos qué tiempo dura. El hambre y la pobreza son malas consejeras, como dejaron claro las iracundas multitudes el pasado fin de año.

¡Pobre Venezuela!
palfonso44es@gmail.com; Paulino Alfonso

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