Sociedad

La pesadilla de ser jubilado en Cuba

Párraga, Arroyo Naranjo, Steve Maikel, (PD) Un sector importante de la sociedad cubana vive en la indignidad, la miseria y la marginalidad, una realidad totalmente ajena a la imagen idílica que se le vende al mundo y convence a muchos ingenuos, y a otros no tanto, que ceden ante los intereses, las prerrogativas y las dádivas castristas.

Mientras la maquinaria mediática gubernamental no hace más que ensalzar la figura de Fidel Castro y los logros alcanzados, mientras se le da crédito a las palabras del general-presidente, se desea silenciar la voz de la disidencia y la prensa independiente, algunos piden desde otras tierras que sea levantado el Embargo y totalmente normalizadas las relaciones Cuba – Estados Unidos, pocos son los que abogan por el respeto de los derechos humanos o para que se pongan en práctica verdaderos cambios democráticos que mucho beneficiarían a mediano y largo plazo al pueblo de Cuba.

Esencialmente, son los ancianos, y también los niños, los que más sufren el descalabro económico del régimen, al no poder pagar los altos precios que tantos años de política económica errónea, dirigida a golpes de consigna y alejada de toda lógica económica y del mercado, han impuesto como consecuencia.

La situación cada día se torna más grave e irreversible, teniendo en cuenta además los altos niveles de envejecimiento poblacional, así como el éxodo del sector más joven y productivo de nuestra sociedad.

Se precisa de una voluntad política que posibilite la creación de estructuras funcionales, de nuevas visiones para encarar un problema cuya solución futura se dibuja incierta.

Las tristes historias de los jubilados, de tanto tenerlas ante los ojos, comienzan a parecernos cotidianas, irremediables, nos acostumbramos a ellas.

Resulta necesario hablar de ello, ponerlo en conocimiento de la gente, sacarlo a relucir como asignatura pendendiente del gobierno, aunque pueda resultar molesto.

Hay que hacerles visibles como seres humanos, que fueron y siguen siendo útiles a la sociedad y no simples números de estadística, a los que se les da la espalda, y de los que sí mucho se habla en los logros de fábula del NTV, siempre ajeno a la vida real del cubano de a pie.

Hay que hablar de los hombres y mujeres que entre luces y oscuridades arribaron a la vejez que también habrá de llegarnos algún día.

La mayoría de nuestros ancianos recibe la chequera de pensionado, como resultado de los años que trabajaron para el estado. Una fórmula maravillosa utiliza el Instituto Nacional de Asistencia y Seguridad Social (INASS) para determinar el monto que cobrarán mensualmente y que por lo general, exceptuando a militares y contados profesionales, resulta casi burlesco.

Eso obliga a los jubilados realizar otros trabajos y a hacer malabares para a duras penas poder llegar fin de mes. Unos revenden periódicos, cucuruchos de maní, javas a la entrada de los agro mercados o turnos en las colas de las agencias de pasaje y notarias. Otros trabajan como vigilantes en las áreas de estacionamiento en los nuevos negocios que surgen por doquier.

Más penoso aún son los que venden sus pertenencias o incluso artículos que encuentran tirados en la basura.

Como diría un amigo, para comprender la realidad y el mundo espiritual de los jubilados, hay que llegarse hasta un parque público, un mercado o algún comedor comunitario del Servicio de Atención a la Familia (SAF, ya conocemos la predilección del régimen por las siglas), y verles reunidos allí, en una curiosa mezcla de esperanza y desolación, increíble capacidad de resistencia y resignación.

Si bien es cierto que existe un programa conjunto de protección para personas de la tercera edad, implementado y presupuestado por el gobierno y llevado a a cabo por las direcciones de Salud Pública, el Poder Popular y el Ministerio del Trabajo, resulta verdaderamente deficiente y muy básico, mas tratándose de un sector tan vulnerable y tan utilizado y esgrimido como estandarte de la revolución.

Pero, qué podemos esperar de un sistema que aun en plena vida laboral paga a sus trabajadores salarios míseros que no permiten una vida próspera ni decorosa, y que les obliga a utilizar vías alternativas de dudosa legalidad para lograr llevar a la mesa el sustento de la familia.

¿Qué se puede esperar de un sistema que ha instituido la ineficiencia, la mediocridad, la deslealtad, la burocracia y la corrupción como forma de vida?

El poder adquisitivo está determinado por la cantidad de bienes y servicios que dados sus precios, pueden ser comprados con una suma específica de dinero. Así, cuanto mayor sea la cantidad de bienes y servicios que pueden ser adquiridos con determinada suma de dinero, mayor será el poder adquisitivo de la moneda. Por ello, la medición del poder adquisitivo está directamente relacionada con el Índice de Precios al Consumidor (IPC) y puede ser usada para comparar la riqueza de un individuo promedio para un período anterior al presente o en diferentes países en una misma época.

Si el ingreso monetario se mantiene igual, pero aumenta el nivel de precios, el poder adquisitivo baja.

El IPC es un índice en el que se cotejan los precios de un conjunto de productos (conocido como “canasta familiar”) determinado sobre la base de la encuesta continua de presupuestos familiares (gastos de los hogares), que una cantidad de consumidores adquiere de manera regular, y la variación con respecto del precio de cada uno, respecto de una muestra anterior.

Todo IPC debe ser representativo, debe cubrir la mayor población posible, comparable, tanto temporalmente como espacial mente, o sea con otros IPC de otros países o períodos en un mismo país, y ha de estar estandarizado.

Este de los jubilados es un fenómeno extremadamente complejo, que no solo lo encontramos en Cuba. Jubilados hay en todo el mundo. Pero acá, donde los dirigentes y sus planes utópicos hacen caso omiso a la Lógica Económica y a las normas del mercado, donde la estructura demográfica ha cambiado reflejándose en una población cada vez más envejecida, combinada con una cada vez más baja tasa de natalidad, el resultado puede ser aún más desastroso en un futuro cercano, cuando habrá muchos más jubilados.

Si como proclaman, la salud pública y el bienestar social son los pilares sacrosantos de la revolución cubana, ¿cómo es posible tanto descuido e indolencia?

¿Cómo tienen los máximos dirigentes del país la desvergüenza de hablar de eliminar gratuidades y de exceso de paternalismo, cuando fueron esas las razones de mayor peso por las que se impuso el sistema castro-comunista?

Me comentaba un señor mayor, amigo de la familia, que en su natal Jobabo, en la oriental provincia de Las Tunas, muchos de los ancianos pensionados ganan su abasto cuidando los cultivos y los animales de vecinos o parientes más jóvenes, los que en su gran mayoría se han desplazado a centros urbanos o han emigrado a la capital. El problema es que tienen que dormir con los animales, con los cerdos y las gallinas, o en cabañas de paja entre los sembrados, pues el nivel de delincuencia en estos poblados rurales abandonados de la mano de Dios, y de la Revolución, es tan alto que de no ser así los robarían. Me dijo que eso no se veía antes, ese nivel de miseria humana, de violencia, cuando según la historia oficialista, éramos más pobres!

¿Qué futuro nos aguarda, qué le estamos legando a las nuevas generaciones que algún día deberán cuidar de nosotros?

Aun mas dramática es la carga de la mujer, que quien por lo general ha llevado las tareas domésticas, muchas veces aparejadas a sus deberes laborales, ya sea por cuestión de idiosincrasia o por machismo. Ahora, ya como abuela, es quien cuida de los nietos, quien hace los mandados, y además debe encontrar tiempo para continuar siendo mujer, para presumir y vestir lo mejor que le permita su poder adquisitivo. En muchos casos ya a esta edad han perdido a su pareja de toda la vida, y otros enfrentan esta difícil situación sin familia, ya sea por abandono, porque se fueron del país o simplemente porque la vida no les permitió formar una.

Lo ideal sería que con el supuesto advenimiento de las nuevas condiciones económicas de Cuba derivadas del restablecimiento de relaciones con los Estados Unidos y la derogación de la Posición Común, la cúpula gubernamental posea la voluntad política de plantearse un mejoramiento real y palpable en el estándar de vida de los jubilados y pensionados.

Todo en este mundo tiene sus reglas. ¿Cómo se distribuye lo que aún no se ha creado? ¿Y cómo lo creas si careces del relevo poblacional, de recursos, del capital humano que ha huido del país tras años de autoritarismo y privaciones?

Los ideólogos del gobierno lo saben, y como un remanente de la política de los tiempos de la Guerra Fría lo utilizan como herramienta coercitiva, ya que una población que no tiene más tiempo que el necesario para tratar de sobrevivir e intentar proveer a su familia de los elementos básicos para la daría subsistencia, no posee voluntad ni medios para salir de tanta mediocridad y servilismo, para andar con la frente bien alta el camino hacia la independencia ideológica, hacia la democratización de la sociedad, hacia la liberación del totalitarismo que padecen desde hace más de 5 décadas y varias generaciones de cubanos.
maparo2012@gmail.com , Steve Michael Pardo Valdés
Foto: Steve Maykel Pardo

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