Política

La protesta de Llorente fue realmente la noticia

El Cerro, La Habana, Emaro, (PD) Las primeras noticias de “el loco que salió corriendo delante del desfile del primero de mayo” me las trajo mi madre al día siguiente. De visita en casa de una vecina, pudo ver varios de los noticieros de Univisión desde Miami. En todos los demás noticieros, la primera noticia era esa. Supongo que en el resto del mundo donde interese Cuba sería lo mismo.

Por supuesto que me quedé con los deseos de ver las imágenes del hecho. En nuestros medios nunca las mostraron. Las cámaras, manipuladas por bien entrenados camarógrafos, no recogieron el hecho como hicieron las del resto del planeta.

La marcha, de tanto repetirse idéntica, no es noticia para nada. Fíjense si no es noticia que en días anteriores al primero de mayo publiqué en Primavera Digital, con toda intención, un artículo de mi cosecha confeccionado hace tres años, en 2014. Es tan lo mismo todos los años que una narración de lo que sucede en estos primeros de mayo, sin quitarle ni agregarle absolutamente nada, puede publicarse cada año, idéntica, y a nadie le parecería raro o fuera de fecha pues nada cambia. Eso no es noticia.

No obstante, en el Granma del día 2 de mayo salió en la segunda página un artículo llamado “Monólogo anexionista y reafirmación de millones” que analizó el suceso. En él, la joven periodista Lisi Rodríguez Guerrero criticó lo que hicieron sus colegas de otros países: seguir la noticia de un cubano que se jugó la vida delante de una enorme multitud. Lisi Rodríguez se mostró molesta porque en todos los noticiarios la noticia fue la protesta y no la gran marcha.
Por supuesto, el Granma no puso la foto ni el nombre del señor que protestó.

Cuando pude ir a una sala de navegación, todavía la protesta del hombre era noticia de primera plana. Por eso, entre otras muchas razones, el gobierno retrasa la llegada de Internet lo más que puede.

Ingresé en la página del Nuevo Herald y ahí estaba el video. Lo vi hasta el cansancio. Quería que se me grabara bien, pues no iba a poder bajarlo a mi pendrive por la lentitud de la conexión (solo me quedaban diez minutos).
El cubano aquel, quien debe de estar bien encerrado, golpeado, estrujado e incomunicado en Villa Maristas, se llama Daniel Llorente, es un mulato fuerte, y como de costumbre en estos casos, está acusado por varios cargos en los tribunales cubanos

Todos los disidentes en Cuba tienen causas civiles, nunca políticas. ¡Qué raro!

Por cierto, Villa Maristas lleva años ampliándose, haciéndose un segundo y un tercer piso en la parte posterior de la casona original. ¿Para qué?

Pude ver en el video cómo alrededor de veinte agentes de la Seguridad del Estado, sin uniformes, comienzan a correrle detrás a Llorente hasta que dos lo alcanzan y lo lanzan al suelo, inmovilizándolo. Entonces todos le caen encima y comienzan a golpearlo. Hay uno que le da un par de veces en el rostro con algo que parece una jaba plástica ¿Qué tenía dentro de la jaba? Me han dicho que a estas concentraciones no se puede llevar armas.

Al final, hasta una señora que se salió del grupo de marchistas también valientemente aportó un buen par de golpes al rostro de Llorente cuando éste estaba inmovilizado por más de diez personas. Tal era su patriótica rabia…

No obstante la larga escena que se sucedía en medio de la más amplia y conocida avenida de la ciudad, lo que más me impresionó fue constatar cómo la marcha se detenía completamente por unos instantes. Nadie sabía qué era aquello. Algunas cámaras lo captaron, alrededor de 200 000 personas detenidas, vacilantes y asustadas por un solo hombre que decidió hacer valer su derecho a expresarse donde lo vieran e hiciera la diferencia. Estaban detenidos, vacilantes en medio de la Plaza por un solo disidente.

Segundos después, ya cuando un pelotón de segurosos retiraba a Llorente de la escena estilo puerco asado, la marcha comenzó de nuevo a moverse ante los insistentes llamados de los guías agitadores políticos que traen las consignas a gritar y otras cosas. Y todo continuó como sobre ruedas…

A Llorente no lo van a dejar ver hasta cuando se le baje la hinchazón del rostro y le desaparezcan los moretones, para que nadie pueda hacer acusaciones al gobierno. Eso, si es que lo sueltan.

Dice la periodista Lisi Rodríguez que aquello es un monólogo anexionista. Pero, ¿y si hubiera llevado una bandera de Groenlandia, o de Haití? ¿También lo calificaría así?

La bandera tenía que ser esa, la norteamericana, pues es la única, no otra, que causaría el revuelo.

Este suceso me recordó al que ocurrió en Santiago de Cuba, cuando vino el Papa Ratzinguer, el que fue de las SS, el que renunció hace unos años. Allí salió otro loco también harto ya, y en medio de la multitud comenzó a gritar barbaridades como ¡abajo Fidel! y otros horrores y también los segurosos le cayeron a golpes. Ojo, no el pueblo, nunca es el pueblo. Un mulatón muy bizarro le dio una fuerte galletada al hombre ya esposado y lo sacaron de la zona dentro de una ambulancia, pero no porque estuviera herido, sino porque era también de la Seguridad (la ambulancia).

Ni el alemán, ni el argentino después, cuando protestó Zaqueo Báez, se interesaron por la suerte de quienes les interrumpieron.

¿Alguien se ha interesado por este hombre que detuvo al menos unos segundos a varios centenares de miles de marchistas que supuestamente reafirmaban su vocación revolucionaria, y quien conmocionó a los medios de prensa mundiales por su valentía?
eduardom57@nauta.cu; Eduardo Maro

Deje un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*