Cultura

Las Ferias del Libro siempre son más de lo mismo

 

El Cerro, La Habana, Emaro (PD) La pasada Feria del Libro fue de las peores. Asistí a las áreas dedicadas a la exhibición de la literatura en venta y les puedo asegurar que otra vez más fue más de lo mismo.

Dediqué un par de horas a revisar los textos en exhibición y escogí algunos para comprar. Lo primero que noté son los precios, que han aumentado. Libros que parecen para niños pero son para adultos, con un tamaño de apenas un poco más de un decímetro en rectángulo y unas cincuenta páginas en papel Bond que cuestan 5 pesos. Otros, un poco más contundentes, llegan a costar hasta veinte pesos. De los que son en la otra moneda, traídos del exterior, ni pregunté.

Busqué y rebusque por todas las mesas pero no pude encontrar obras de autores cubanos contemporáneos que hablaran sobre la Cuba de hoy, que desmenuzaran nuestra sociedad actual en términos críticos. Nada. La historia de Cuba parece detenerse en 1959. No hay autor que se interne en las turbulentas aguas de nuestra sociedad actual desde un punto de vista evaluativo y no apologético.

Encontré reediciones de libros de Ché Guevara, sobre Fidel Castro y de muchos autores de la vieja guardia, la mayoría ya desaparecidos.

En el Pabellón Cuba se relanzó un libro dedicado a la brillante y corta vida de Polo Montañés. Conocí a Polo personalmente cuando tocaba su guitarra para los turistas por unos dólares de propina, en el restaurante El Cafetal, en el complejo La Moka, en la actual provincia Artemisa. Me agrada su música, pero ¿no había otras obras más importantes que publicar en la Editorial Pablo de la Torriente Brau como para tener que reimprimir este libro a toda prisa? Solo lograron terminar a tiempo cinco mil ejemplares y al pueblo de donde era originario el cantante, Las Terrazas, llevaron tan solo 200 copias.

Cuando pagaba, conversé con la cajera sobre la ausencia de literatura que tratara sobre la actualidad nacional, en especial la economía, y me dijo que debían existir quienes aborden el tema, pero que no eran publicados en el país. Estoy de acuerdo: me consta.

Por lo pronto, los lectores quienes se interesen en libros que traten sobre la Cuba de hoy tendrán que adquirir lo poco que se imprime de ficción, los premiados y publicados en los diversos concursos nacionales, donde tal vez halle alusiones a los problemas nacionales, ideas que llegan en elipsis al lector despierto para que la censura no las elimine, obras de teatro donde se permite criticar un poquito, nada más.

Dio la impresión que este año la Feria estuvo falta de fondos y de organizadores.

En el Pabellón Cuba, el túnel que conecta a la entrada con las salas de ventas estaba vacío. Todo aparecía sucio y medio despintado. Se vendían muchos libros de uso en una de las salas inmediatas a la entrada, pero creo que los vendedores escondieron los mejores títulos para mejores lugares, como la Plaza de Armas, donde los turistas pagan más.

La política editorial y de derechos de autor en Cuba continúa muy limitada por aquellas Palabras a los Intelectuales que en 1961 Fidel Castro emitiera sin pensarlo mucho en la Biblioteca Nacional. Si hubiese previsto el daño que iba a causar a la cultura cubana en más de medio siglo, a lo mejor se hubiera callado.

Somos hoy muchos los escritores que nos quedamos con las obras terminadas en las gavetas digitales sin saber qué hacer con ellas, sin conocer que existen (porque no los hay) representantes que nos ayuden a publicar, con temor a que el CENDA nos rechace los trabajos y no los proteja por no ser lo suficientemente apologéticos del sistema. Muchos no participamos en los concursos nacionales y foráneos debido a las dificultades de la comunicación temprana, a la ausencia de conectividad y de una apropiada política informativa que nos nutra sobre cómo hacer, así como una muy pobremente definida política editorial que hace que uno se autocensure para no excederse y cruzar esa línea roja tan peligrosa en esta ultravigilada sociedad donde tememos perder en un instante lo poquito que hemos logrado durante una ardua existencia socialista.
eduardom57@nauta.cu

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