Internacional

Lo que no pudo se

Marianao, La Habana, Rogelio Fabio Hurtado, (PD) Tanto en las vidas de las personas como en las de los países, lo que no pudo ser ocupa una dimensión irreal, pero muy seductora.  Por eso, en vísperas de la toma de posesión de un nuevo presidente en Washington, vale la pena remontar hasta las páginas finales de la voluminosa biografía escrita por Robert Dallek (J.F.KENNEDY. Una vida inacabada) para conocer  los últimos esfuerzos de este para volver sobre el tema de Cuba.

Después de haber resuelto favorablemente la Crisis de Octubre, permanecieron latentes otros planes para derrocar al gobierno de Fidel Castro, que fueron ignorados por Kennedy, cada vez más atraído por buscar un diálogo con el dirigente cubano.

Creía posible aprovechar la ira de Castro ante la solución aceptada por Nikita Khrushev para iniciar un acercamiento. Si bien los cinco puntos propuestos por Castro eran más de lo que podían conceder los Estados Unidos, en febrero de 1963 JFK entendía que la principal amenaza comunista para el continente americano no emanaba de Cuba, sino de las condiciones de pobreza prevalecientes en el hemisferio.

Por aquellos días, se produjo un incidente en el área, cuando un Mig cubano disparó contra un camaronero norteamericano. Esto dio lugar a una comedida protesta norteamericana, que mereció una suave réplica cubana, interpretada por Kennedy como un signo favorable a sus intenciones.

Aunque Bobby Kennedy seguía abogando por las acciónes anticastristas, el presidente pasó por alto las recomendaciones de este, quien estaba promoviendo en abril del 63 una nueva invasión, a cargo de 500 cubanos.

Por aquellos días, el abogado neoyorquino James B.Donovan, quien había negociado en nombre de Kennedy la liberación de los prisioneros de Bahía de Cochinos por 53 millones en medicinas y alimentos, estaba gestionando en Cuba la liberación de 22 norteamericanos agentes de la CIA.

Fidel Castro le pidió a Donovan sugerencias acerca de cómo podrían restablecerse las relaciones con los Estados Unidos. Según el abogado, Castro llegó a decirle que “un futuro gobierno ideal de Cuba no estaría orientado por los soviéticos” y que “no había absolutamente ninguna posibilidad de que Cuba se convirtiese en un satélite soviético”.

Por si esto fuera poco, Castro creía que las relaciones oficiales con los Estados Unidos eran una necesidad, pero explicó que ciertos funcionarios comunistas del gobierno cubano ponían trabas en aquel momento a lo que él podía hacer o no hacer.

Es verdaderamente una lástima habernos enterado de todo esto demasiado tarde. El libro de Dallek fue publicado en el 2003, y probablemente fue conocido por Fidel Castro, que era un  ávido lector, pero nunca se refirió a él para desmentirlo.

Por supuesto, el informe de Donovan le interesó muchísimo a Kennedy.

En mayo de 1963, se produjo la primera visita de Fidel Castro a la URSS, donde fue recibido como un héroe por las multitudes soviéticas, como lo recogió el cineasta Andrei Tarcovski en su película El Espejo.

 El Departamento de Estado  advirtió a Kennedy que un acuerdo con Castro sería destructivo para el desarrollo de la democracia en América Latina y levantaría una enorme oposición política en el país.

JFK pensó que realizar esfuerzos demasiado abiertos para un acercamiento con Cuba le acarrearía un costo político excesivo, de modo que permitió que continuasen las incursiones de lanchas piratas.

Aquí vale recordar la apreciación de Nikita Khrushev de que Kennedy se pasaba de inteligente.

En secreto, Kennedy analizaba la posibilidad de mejorar las relaciones con Cuba. El principal promotor de estas relaciones era William Atwood, un experiodista de la Revista Look, quien se desempeñaba como consejero en la delegación norteamericana en la ONU, quien consideraba posible resolver el problema con Cuba mediante un acuerdo que sacase a las tropas soviéticas de la Isla,  garantizara el cese de las actividades subversivas en el Continente y el compromiso de La Habana de no alinearse con la URSS.

Con ese fin, Atwood se acercó al embajador cubano en la ONU, Carlos Lechuga. Este le pidió que  “alguien de los Estados Unidos” fuese a La Habana a conversar con Fidel Castro.

 Atwood, después de consultar con Bobby Kennedy, propuso iniciar conversaciones secretas en la sede de las Naciones Unidas. “La pelota está en manos cubanas y la puerta está entreabierta”, le comunicó personalmente a George Bundy, en octubre de 1963.

Así, llegó JFK a reunirse con el periodista francés Jean Daniel, quien posteriormente viajaría a Cuba. Reconoció la responsabilidad de los Estados en los sufrimientos provocados en Cuba por el gobierno de Fulgencio Batista, a quien calificó de “la encarnación de un gran número de pecados de los E.E: U.U.” A continuación, expuso que el cese de las actividades subversivas promovidas por Cuba como agente de la URSS  en el continente americano, facilitaría el cese del embargo aplicado por los norteamericanos.

Kennedy le pidió a Daniel que se reuniese nuevamente con él a su regreso de Cuba. “Me interesa mucho la reacción de Castro”, le enfatizó al periodista.

En principio, Fidel Castro propuso enviar un avión cubano a Key West o a México, para que recogiese allí a un funcionario norteamericano y lo trasladase a La Habana para conversar  personalmente con él.

Los hermanos Kennedy querían que Fidel Castro dijese primero si existía alguna perspectiva de independencia cubana con respecto a Moscú. Sin esa señal, no veían lo que se podría conseguir con una visita a Cuba.

   El  18 de octubre de 1963, Fidel Castro le mandó a decir a Atwood que la invitación a visitar Cuba seguía en pie.

 La última intervención pública de JFK acerca del tema Cuba tuvo lugar a mediados de noviembre de 1963, en la reunión de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) en la ciudad de Miami. Incluyó veladas alusiones a  una relación diferente con Cuba. “Lo que ahora separa a Cuba de mi país y de otros países del Hemisferio es el hecho de que una pequeña banda de conspiradores ha despojado al pueblo cubano de su libertad y ha entregado la independencia y la soberanía de la Isla a unas fuerzas que están lejos del Hemisferio”, dijo. Nótese que no identificaba directamente a Fidel Castro como culpable de esa situación.

Así estaban las negociaciones, cuando el 23 de noviembre de 1963 el magnicidio de Dallas las cortó abruptamente.

El autor de la biografía, Robert Dallek, opina en sus Conclusiones: “En realidad, un segundo mandato de Kennedy habría llevado seguramente a su resolución las improductivas tensiones con Castro y habría impedido más de cuarenta años de antagonismo entre Cuba y Estados Unidos.”

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