Editoriales, Opinión

Lo que nos guarda 2018 electoralmente, editorial 490

La Habana, Cuba, Redacción Habana, (PD) Es probable que todavía quede algún ingenuo en el mundo capaz de creer que con un solo partido, como sucede en Cuba, pueden haber elecciones libres y democráticas. Las elecciones en Cuba que pasaron y las que vendrán bajo este régimen, son una falacia absoluta.

El próximo año 2018 se dice que harán elecciones. Lo cierto es que el pueblo no tiene derecho a elegir a candidatos provinciales y mucho menos nacionales. Y lo mejor de todo es la ausencia de observadores internacionales.

Aquí tenemos el famoso artículo 5 de la constitución de 1976, aquella calcada de modelos estalinistas tomados del felizmente fenecido imperio soviético: “ARTICULO 5.-El Partido Comunista de Cuba, martiano y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista.”

Primero se impone aclarar que si el partido es comunista, marxista o ambas cosas, no puede ser martiano, ya que José Martí, el apóstol de nuestras libertades, nunca fue comunista y alertó contra esta perversa filosofía foránea en trabajos realizados en su momento.

El marxismo-leninismo impuesto por el castrismo, degrada la democracia y la justicia desde la Constitución de 1976, ya que esta solo reconoce y aprueba lo dictado y ordenado por el único partido posible, el mismo que elaboró tal engendro para su sostén y beneficio.

Cuando Fulgencio Batista tomó el poder el 10 de marzo de 1952, después de dar un golpe de Estado, lo primero que suspendió fue la Constitución de 1940. Pero no llegó a los extremos de su coterráneo Fidel Castro: no privó a los cubanos del derecho a realizar huelgas, de expresarse en medios de prensa, de reunirse libremente y no estableció la pena de muerte. La pregunta de rigor sería: ¿Quién fue peor?

La modalidad impuesta desde el pasado siglo XX por marxistas y fascistas está basada en que todo el que alcanza el poder por la vía armada, como primer punto debe eliminar las elecciones. Al parecer, consideran que los pueblos deben servirles por toda la eternidad. Y Fidel Castro no quiso ser una excepción de esta regla.

Las Constituciones se conciben y formulan para beneficio de los pueblos, no para legitimar partidos ni clanes familiares en el poder.

Hay que pensar que en estas condiciones, en Cuba es imposible realizar elecciones libres, debido a la constitución, el clan y el estamento militar que la rige hoy día.

Las seudo-elecciones serán para elegir solo a delegados por circunscripción. El pueblo no tiene el derecho de ni tan siquiera elegir a candidatos municipales, provinciales y mucho menos nacionales.

Es poco probable que los candidatos independientes, que piensan nominarse, aunque no estén afiliados a grupos o proyectos de la oposición, consigan algún modesto resultado. Ya la policía Seguridad del Estado (DSE) ejerce coacción y presiona a estas personas, a quienes la Comisión Electoral y las Comisiones de Candidatura impedirán obtener resultado alguno.

Por suerte para el castrismo y para desgracia del pueblo y la nación cubana, solo en Europa quedan crédulos capaces de creer que con un solo partido, como sucede en Cuba, pueden haber elecciones libres y democráticas. Las elecciones de este corte son una verdadera falacia, ya sea en otro 2018 o con dos mil millones nuevos de 18.
primaveradigital2011@gmail.com; Redacción Habana

 

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