Sociedad

Los 500 años de la reforma y la globalización

Lawton, La Habana, Oscar Elías Biscet, (PD) “Vas a asar un ganso, pero dentro de un siglo te encontrarás con un cisne que no podrás asar”. Estas palabras de John Hus (1370-1415), antes de morir en la hoguera, se cumplieron un siglo después, cuando Martín Lutero clavó las 95 tesis en la puerta de la Iglesia del Palacio de Wittenberg, Alemania, comenzando un intenso período de cambio en la Europa cristiana.

Lutero es uno de las más influyentes personalidades en la historia. Su apego a la verdad y a la justicia lo hicieron rebelarse ante el despotismo de las autoridades eclesiásticas. Valiente y perseverante, exaltó nuevos conceptos de libertad.

La libertad de pensamiento, de conciencia y religiosa, como proceso de desarrollo social, se abrieron paso a pesar de los crueles castigos, en especial, la hoguera.

Aunque John Wyclif (1320-1384) y Jan Huss, los predecesores de Lutero, tradujeron la Biblia al idioma de sus pueblos, inglés y checo, respectivamente, no hubo una proliferación inmediata de esos textos. Sin embargo, Lutero pudo concretar una revolución intelectual que se expandió por Europa, gracias a la imprenta, por lo que sus conciudadanos pudieron conocer la Biblia en la legua alemana.

Durante el Renacimiento, otros sacerdotes, eruditos y reformadores tradujeron la Biblia al lenguaje de sus naciones. Muchos sufrieron persecución, exilio y muerte. Nueve décimas partes del Nuevo Testamento Autorizado de la Versión de King James fueron obra de William Tyndale (1495-1536). Gáspár Károli (1529-1591) fue el autor de la primera traducción de la Sagrada Escritura al húngaro, la Biblia de Vizsoly. Jakub Wujek (1541-1597), entregó al pueblo polaco en su propia lengua los Sagrados Textos. Asimismo, destacan los españoles exiliados Casiodoro de Reina (1520-1594) y Cipriano de Valera (1532-1602): el primero creó la Biblia del Oso, y Varela, la revisó con una perspectiva calvinista, en 1602, nombrada Biblia del Cántaro o Reina-Varela.

En Suiza hubo dos ciudades, Ginebra y Zurich, que protegieron a pensadores y sacerdotes perseguidos por sus ideas en el Renacimiento.

Ulrico Zuinglio (1484-1531) fue el líder de la Reforma Protestante en Zúrich y el fundador de la Iglesia Reformada Suiza. Independientemente de Lutero y con características propias, entre su legado está la Biblia de Zürich, en alemán.

En Ginebra, el liderazgo recaía sobre Juan Calvino (1509-1564), francés y teólogo, fundador de la Universidad de Ginebra, donde se entrenaron miles de misioneros y se publicó la Biblia de Ginebra, inspirada en la visión de Calvino y en varios idiomas: inglés, francés, escocés, holandés.

Uno de esos misioneros fue John Knox (1514-1572), sacerdote escocés, padre de la Reforma Protestante en Escocia. También trabajó y llevó la Biblia ginebrina en inglés a Inglaterra que fue la transcripción prevaleciente entre los puritanos por cerca de 100 años, y la Biblia que los peregrinos del Mayflower llevaron consigo a Norteamérica.

Esta brillante reforma intelectual y moral enriqueció el bienestar de la humanidad con los valores más apreciados.

Aquellos reformadores, al llevar las letras divinas al lenguaje vernáculo de sus naciones, rompieron el enclaustramiento de las ideas cristianas, que fueron el fundamento principal de la civilización occidental y que progresivamente se extendió por todo el mundo.

El acceso directo a la verdad trascendental reveló los valores del altruismo, la igualdad de los seres humanos en dignidad y derecho, la dignificación de la vida humana y el trato igualitario para minorías, mujeres y pobres, el matrimonio y la familia natural, que todos puedan obtener educación e ilustración y puedan leer la Biblia por sí mismos, la separación de los dominios de Iglesia y Estado, el gobierno limitado y los derechos de las minorías, la libertad de pensamiento, de conciencia y religión. Del mismo modo, otros elevados conceptos de justicia: el derecho en contra de la tortura, la esclavitud, poner en tela de juicio la tiranía y la opresión, y la resistencia al mal con el bien.

El mundo contemporáneo comprendió que esos valores universales podrían hacer un mundo mejor y sus líderes decidieron recopilarlos en la Declaración Universal de Derechos Humanos y otros tratados de las Naciones Unidas, especialmente, la Carta Internacional de Derechos Humanos.

“El pensamiento está libre de impuestos”. Gracias a Lutero y demás reformadores se conoció esta prédica de justicia, amor ágape, verdad, moderación y libertad. Andar con esos valores y El Nazareno, es ser verdaderamente Cristo céntrico.

Los cubanos, en especial, los sacerdotes, deben promover intensamente esas ideas y dejar de mirar la paja que está en el ojo ajeno y no ver la viga que está en su propio ojo. De esta forma, habrá un gran despertar en nuestra nación y eso hará a Cuba libre.
Tomado de: La Nueva Nación; lanuevanacion@bellsouth.net; Dr. Oscar Elías Biscet
http://www.twitter.com/@oscarbiscet
alfredocepero@bellsouth.net
*Presidente de la Fundación Lawton de Derechos Humanos

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