Sociedad

Los bien parados’ del Castro-Consorcio

Lawton, La Habana, Juan González, (PD) Las contradicciones sociales creadas por el castro-fascismo, desde la obligada convivencia de villas miseria con los empoderados nuevos ricos de las zonas congeladas en Miramar, Atabey, Nuevo Vedado, etc., marcan diferencias significativas.

Hoy se ven Mercedes-Benz, Samsung, Toyota, VW, Citroen y otros flamantes vehículos, muchos con aire acondicionado, por toda la ciudad. Muchos tienen chapas “P”. P es particular. No son del gobierno, ni de diplomáticos ni de técnicos extranjeros.

¿Desde cuándo en el infierno castro-fascista los cubanos comunes y corrientes se movilizan en lujosos autos de este corte? ¿Quiénes pueden adquirirlos legalmente? Solo los nuevos ricos, la nueva clase social de Cuba, los ricos emergentes, los empoderados del castro-fascismo. Se hicieron ricos desde la corrupción, todos y algunos, desde el cuentapropismo.

Ningún cuentapropista que no sea escogido desde la élite para ser rico, llegará a serlo. Los inspectores corruptos no lo posibilitan y así, solo son prósperos, quienes son escogidos por quienes escogen para todo en Cuba.

Con la legalización del trabajo por cuenta propia, la apertura económica (de mentiras y por lentas etapas) sumada a la esperanza que despertó el acercamiento desde Washington, se multiplicaron en Cuba los negocios particulares. Aparecieron cafeterías, talleres mecánicos o el negocio del futuro, el alquiler. Esto en las condiciones de un mercado inmobiliario absolutamente controlado, que se multiplica (siempre bajo control) ante la perspectiva cierta o no del arribo de una creciente marea de turistas desde Estados Unidos.

Luego de que el ex presidente estadounidense Barack Obama flexibilizara las restricciones a los viajes, muchos estadounidenses (más de 50 000) viajaron en 2015 a Cuba. Mucho más que el anterior 2014. Entre 2010 y 2014, miles de norteamericanos se alojaron en casas privadas habaneras, solo que tales casas fueron las escogidas por los censores servidores de la represión y beneficiarios directos de estas y otras cosas.

La clase verdaderamente alta en Cuba es la que conforma el entorno del clan Castro y los altos mandos de las fuerzas armadas. Estas controlan las empresas que manejan divisas. Tienen en sus manos las compañías estatales de turismo, las empresas mixtas con sociedades extranjeras para la administración de las grandes cadenas hoteleras y hasta las sociedades de importaciones.

Donde hay dinero en Cuba, hay a cargo un señor adiposo y ventrudo con muchas estrellas en algún uniforme guardado en un closet. Pero estos cerdos no dan vueltas por la ciudad en coches suntuarios con luces que parpadean. Los que al borde de la piscina del Hotel Nacional comen hamburguesas de dos pisos, gritan en sus iPhone 6, o se congelan por el aire acondicionado en las salas reservadas de los mejores paladares, son los chivatos y servidores escogidos por los cerdos para acceder a la cesta de fabricar dinero en la limitada apertura económica.

El fenómeno del resentimiento toma fuerza por acá. Se perciben los problemas sociales que esto creará al régimen. La realidad conocida de la prostituta que gana en una noche lo que un médico que trabaja para el estado gana en un semestre, es solo una parte de esta verdad.

Todo llega en momentos en que el funcionario estatal, que antes fue uno de los pocos autorizados a tener un coche particular, ve a quien vive de chivatear y contrabandear repuestos para cualquier cosa, coger taxis, mientras él no puede sacar su Lada del garaje porque no tiene plata para el combustible.

Estamos ante un nuevo escenario social y es nuestro deber encontrar el rostro de quienes lo detentan para su placer.

Sobre esto, hay una anécdota que compartiré con los lectores.

Un 24 de setiembre, hace unos pocos años, fui a cubrir una actividad que tendría lugar en la iglesia de la Virgen de Las Mercedes, en el municipio Habana Vieja. La Santísima Virgen de Las Mercedes, se sincretiza con el oricha Obbatalá, amo, señor, dueño de las cabezas y pacificador por esencia y naturaleza.

Acostumbrado a las respuestas de los vecinos del entorno de la iglesia Santa Rita de Casia, en la barriada Miramar en el municipio Playa, a las marchas pacíficas de las Damas de Blanco, la respuesta que percibí y viví, aportada por lo humildes pobladores de la Habana Vieja, me sobrecogió. El apoyo de los vecinos en el entorno de la iglesia de la Virgen de Las Mercedes a Damas de Blanco y activistas opositores fue casi unánime. Vi poca indiferencia y lo que no percibí fue apoyo alguno al régimen.

Las diferencias entre ambas barriadas son más que notorias. Casi ninguno entre los vecinos actuales de Miramar adquirió la vivienda que vive con su esfuerzo. Se trató del reparto de un botín, organizado por mandato del difunto ex dictador Fidel Castro, que repartió casas y propiedades, cuyos dueños legítimos abandonaron el país. De esta forma, se garantizó el servicio incondicional de los beneficiados por tal reparto. Esta es la razón que marca diferencias entre el resto de la capital y los vecinos de esta y otras zonas congeladas.

Hoy en Cuba, no queda alguien ilustrado, sensato y honesto en las filas del partido único gobernante y de nombre comunista, que sea tan solo honesto. Algunos viven de las prebendas recibidas a cambio de su incondicionalidad absoluta. A estos se les permite espacios mediáticos y poseer empresas que pueden ser estudios de grabación, como sucede con Silvio Rodríguez, el cantor de la ignominia y uno de los más destacados entre tales oportunistas.

Solo quedan funcionarios e intelectuales de muy bajo nivel cultural y político. Son estos ‘los bien parados’ por el Castro-Consorcio. Andan ansiosos por vivir en alguna zona congelada.

La postura de represor o chivato se utiliza contra el siempre reprimido pueblo. Esto demuestra el estado cavernícola del Castro-Consorcio, del PCC y de su militancia.
j.gonzalez.febles@gmail.com; Juan González

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